Fabiola Hernández
Tiempo bífido de Leda Rendón, Premio Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos 2011, hace su primera revelación en el sendero de las letras mexicanas al evocar múltiples posibilidades narrativas, las cuales interactúan en el espacio-tiempo de universos paralelos para dar lugar a cinco historias: “Detrás del espejo”, “Tiempo bífido”, “Línea de sangre”, “Ácido” y “La última”. En el detalle de cinco relatos se vislumbran las líneas proyectivas sobre el estilo personal de Rendón, quien a través de imágenes narrativas construye escenarios que trastocan tanto la fantasía de Kafka o Felisberto Hernández, el erotismo encubierto por el dolor y la melancolía de Arredondo hasta los paraísos artificiales de Baudelaire. Un toque de perversidad femenina delinea el sufrimiento extremo de las protagonistas a través de voces desgarradas, las cuales flotan sigilosamente en el tiempo para confrontar al lector. La identidad de cada personaje permanece oculta en su propia imagen deformada, como consecuencia de las pesadillas o sueños inducidos durante el tránsito efímero entre la vida y la muerte. Frases como “Hoy desperté y un cuerpo igual al mío me sonríe”, “Mi cuerpo se incorpora al espejo” o “Soy tú, duplicada en el tiempo”, son los hilos conductores y palabras de pase entre las historias paralelas que manifiestan el proceso de desprendimiento de los personajes entre una dimensión y otra. El primer relato titulado Detrás del espejo refleja el dolor, los sonidos, el olvido, el amor-desamor, la mentira y la infelicidad que habitan la casa-montaña, la cual permite el acceso al lector a través del cráter, al estilo de Kôbô Abe en La mujer de arena, hacia un juego dimensional con animales parlantes. En el segundo relato, “Tiempo bífido”, aparecen pigmentos de nostalgia, desesperanza, monotonía y el desprecio por la vida, los cuales resuenan, a través de rituales de salvación, en el eco desdoblado de su protagonista Elena. Cada página es la entrada o salida hacia un encuentro íntimo con la imaginación, tal como lo revela el tercer cuento “Línea de sangre”, donde una maldición lúcida y fresca se hereda en vida para descubrir que la realidad familiar no es como se le imagina. A través de “Ácido”, el cuarto relato, se presenta una historia que desvela el llamado a la realidad, cuyas líneas proyectivas tienen puntos de fuga en las voces de Juan García Ponce e Inés Arredondo, las cuales se bifurcan para recrear en un ambiente citadino la perversidad de su protagonista (Adriana), quien confiesa los arreglos de su cita con el destino. La quinta historia presenta a “La última” que, como producto del creador y “milagro de la ciencia”, danza en un festín de incubadora para dar vida a la fusión genética, donde el deseo de poseer se atesora como una muñeca de colección en un aparador. Con Tiempo bífido la magia de la escritura selló su pacto con Rendón al ser una revelación capaz de cincelar entramados psicológicos, que emergen como conjuros entre sus personajes, conducir los celos, el deseo, el romance fugaz, así como el sueño eterno en el espacio/tiempo de universos extendidos. Sus protagonistas, maestras en el arte del desdoblamiento, viajan como péndulo entre dimensiones teñidas de violencia y sensualidad, taladran esquemas y penetran los lugares recónditos del erotismo a través de los rituales más sutiles de la imaginación femenina contemporánea.
