Una lista muy grande
Raúl Cremoux
Si de entrada aceptamos que el nuevo gabinete es el adecuado para llevar a cabo los cinco ejes temáticos y las primeras 13 decisiones del presidente Enrique Peña Nieto, podríamos estar equivocados si pensamos que las cualidades personales de todos y cada uno de sus colaboradores serán suficientes para mejorar la vida del Estado. La mengua que muestran las instituciones parece abarcarlas a todas: la que no está rasgada, carece de credibilidad o francamente está paralizada.
El Pacto por México es un avance significativo. Justo en el sentido de transformar orgánicamente al gobierno federal. No se trata únicamente de llevar a otro estadio las funciones de las secretarías que están en vías de extinción: Seguridad Pública, Reforma Agraria, Función Pública. No es suficiente. La Procuraduría General de la República, a manera de ejemplo, es un rubro desprestigiado, anquilosado y corrupto; la Secretaría de Educación no está liberada del enorme fardo que pesa sobre sus funciones y resultados.
La lista es muy grande; más vale concentrarse sobre hechos que se perfilan como definitivos. Veamos, el modelo económico financiero requiere aumentar y distribuir equitativamente la riqueza y junto con ello disminuir, ya que es imposible erradicar, la corrupción; promover un nuevo sistema de justicia es urgente y elevar las condiciones de bienestar para más de 50 millones de connacionales —como lo dijo el mismo presidente Peña— es urgente.
Aunque la opinión pública no le preste mucha atención, la democracia en sí misma no se propone la eficacia del gobierno; tan sólo quién gobierna. Falta, en consecuencia, eliminar la disfuncional del pluralismo para darle piso de avance a las propuestas reformistas ya anunciadas el primero de este mes.
¿Cómo hacer eficiente el gobierno encapsulado en instituciones que desde hace decenios estuvieron conformadas para un sistema político hoy desaparecido?
Las reformas requeridas pueden asentarse en el pacto recién firmado por los principales partidos políticos, pero lo que no puede pasarse por alto es la necesidad de considerar en forma permanente a todos los actores. Veamos un ejemplo definitorio, hasta hoy, el Plan Nacional de Desarrollo es elaborado por tres o cuatro secretarías y los diputados y senadores reciben el documento para hacerle modificaciones menores ya que sólo emiten opiniones sobre las decisiones gubernamentales. Esto funcionaba cuando el gobierno tenía mayoría, ahora es muy distinto. Cada iniciativa ante el Congreso debe ser negociada cuando debiera hacerse la negociación en paquete tal y como se pretende con la firma del Pacto por México. De su cabal cumplimiento dependerá el éxito reformador o reinará la mediocridad.
El segundo plano corresponderá a la adecuación que pueda darse por parte del gobierno a las cambiantes y nuevas realidades de todos los sectores de la población. Estas son muy diferentes a las que prevalecían al inicio de los gobiernos panistas. No se podrá gobernar adecuadamente si no se da un cambio mental principalmente entre el cuerpo dirigente. En consecuencia, la transformación del país que promueve en todos los órdenes y con meridiana precisión el presidente Peña se basa en un cambio cultural y de valores.
Nada fácil.
Este es el reto mayor.
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