Arranques afortunados

Carlos E. Urdiales Villaseñor

Andrés Manuel López Obrador dijo, durante la campaña, que si Enrique Peña Nieto ganaba la presidencia entregaría Educación a Elba Esther Gordillo. El candidato de las izquierdas enarbola desde hace mucho la bandera de la austeridad, de reducir salarios de altos mandos burocráticos y contener el gasto corriente. También es ya un genérico del discurso progresista, acusar del desvío del gasto social con fines partidistas electorales.

sDesde el otro lado de la geometría política, se acusaba por adelantado al PRI de su vocación represora, poco vigilante de los derechos elementales de todo ser humano. En el aspecto macroeconómico y financiero, los panistas esgrimieron durante la campaña la irresponsabilidad tricolor en la Hacienda Pública. De ser sectarios y tener arraigada la mala costumbre de la camarilla como entorno de gobierno.

Ante las pasiones que desata la desinformación por omisión en combinación con la pasión que raya en devoción, vale la pena puntualizar que los anuncios y reformas hasta ahora emprendidas por el gobierno federal representan arranques afortunados sujetos al más riguroso escrutinio público. No anima la simpleza de aplaudir o repudiar per se. Es registrar que en este arranque de administración parece haber adelantamientos por izquierda y por derecha.

El anuncio de la reforma educativa en el marco del Pacto por México, la designación del secretario Emilio Chuayffet para encabezar tal empresa, la ratificación como subsecretario de Educación Media de Rodolfo Tuirán, la llegada de Fernando Serrano Migallón como el de Educación Superior, subrayadamente la de Alba Martínez Olivier, hija de Arnoldo Martínez Verdugo, en Educación Básica y la de Enrique del Val ex de todo en la UNAM, como encargado de la nueva Subsecretaría de Planeación y Evaluación Educativa dicen, entre otras cosas, que Educación no se le endosó ni a Elba Esther Gordillo, ni a sus hijas, yerno, testaferro o partido.

Se ha firmado un decreto de austeridad que implica la reducción del 5 % en el gasto corriente de la administración pública; dicho de mejor modo, se plantea una economía en ese rubro de cerca de 2 mil millones de pesos. No se aumentan impuestos en este primer año. Se anuncia la firme intención del gobierno entrante para licitar dos cadenas de televisión abierta.

Nombrar secretaria de Desarrollo Social a Rosario Robles, a quien se le imputan pecados mayores a los cometidos y que nunca ha negado su vocación social y progresista, no es precisamente la garantía del uso electorero del gasto público. No pusieron ahí a una expresidenta priista sino a una experredista. Llevar al exjefe policiaco de la ciudad de México al mando de la Federal, como cuando Vicente Fox incorporó a Alejandro Gertz con exactamente el mismo prefacio, es todo un mensaje en sí.

Y por la derecha también. Se manda un presupuesto a debate con déficit cero. Se nombra subsecretario de Ingresos a Miguel Messmacher, que fue parte de la Hacienda panista.

En cuanto a derechos humanos, la expanista Lía Limón llega a la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de Gobernación, y el blanquiazul Ricardo García Cervantes a la Subprocuraduría de Derechos Humanos de la Procuraduría General de la República. Y próximamente la designación de Eduardo Medina Mora como número dos de la diplomacia mexicana al frente de la embajada en Estados Unidos, el que fuera director del Cisen, titular del la Secretaría de Seguridad Pública y procurador general de la República en la docena panista.

Presupuesto, reforma educativa, Pacto por México, abrazo al padre Alejandro Solalinde, inclusiones desde otras ideologías en el gabinete, acuerdos y política operativa han sido el sello.

No habrá ausencia de crítica. Hay pendientes acotados, no desbordados sobre lo ocurrido con las policías federal y del Distrito Federal el 1 de diciembre. Habremos de ver con qué dinero público se implementan las medidas necesarias para alcanzar los objetivos planteados.

Es apenas el inicio y sin embargo no se puede sólo regatear ni regatear todo el tiempo. No faltan, y qué sano que así sea, quienes deducen que todo lo ocurrido hasta ahora es un complot, un teatro, una simulación orquestada con Elba, con la CNTE, con Televisa, con Slim, con los Chuchos, con Carlos Salinas, con el PAN, con Josefina Vázquez Mota, con las transnacionales, con los bancos, con Washington.

Sea una cosa o la otra, habrá de reconocerse incluso mayor mérito operativo a la segunda idea.

En el arranque ha tomado delantera por izquierda y por derecha también. ¿Qué hacer si algo de esto sale bien? Por lo pronto, el registro puntual de los hechos.

 

 

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