Carlos López
Cuanto más miro, más veo. Quien ve
mi pintura, ve mis ojos.
Esteban Vicente
La obra reunida de gráfica, collage y dibujo de Eduardo Chillida, Josep Guinovart, Albert Ràfols-Casamada, Antoni Tàpies y Rafael Canogar, artistas plásticos imprescindibles del siglo xx español, presenta varios registros y una sola poética: expresar con elementos mínimos el mundo fragmentado que habitamos y darle unidad por medio de la luz, de la composición, de la imaginación sin fronteras, la que vuelve eterno al arte. El rigor del esfuerzo, la búsqueda de la revelación, la sensibilidad reflejada en el ritmo, la materia, el color son la corteza de las obras de estos cinco grandes de la plástica que encierran mundos, laberintos, interrogantes. La abstracción, vértice de los artistas mencionados, los une, pero la singularidad de cada uno de ellos se siente en la mirada y la forma de enfrentar el mundo. Esta generación catalana (excepto el toledano Canogar y el vascuence Chillida, los demás son de esta región luminosa para la cultura) cumplió un papel contestatario durante los regímenes fascistas que padeció España y el continente europeo. Ràfols-Casamada tenía claro el sendero del arte desde entonces: “Siga los caminos que siga el arte de hoy, ha de seguir mostrando una actitud ética delante del mundo vulgarizado, violento, materializado. El arte ha de cumplir una función de reflexión, ha de abrir nuevos horizontes”. La libertad que devino después de la muerte del genocida Francisco Franco en 1978, y luego con la caída de los distintos regímenes franquistas, se manifestó en el arte de manera notable. El iniciador del arte povera, Josep Guinovart, siempre tuvo una actitud rebelde; fue un artista comprometido con su tiempo. Desde el uso de los materiales hasta la concepción de sus cuadros, el más barroco de los pintores aquí mencionados generaba simpatías por su sencillez y cálida mirada sobre los objetos que transformaba en arte, por su misericordia hacia el mundo. La música y la poesía son sus constantes; el jazz y Federico García Lorca marcaron su etapa de despegue luminoso en los años cincuenta del siglo pasado. Las series con estas temáticas son parte fundamental de su acervo. Antoni Tàpies, fundador de una técnica, de una escuela, maduró su obra con este pensamiento: “El arte es una fuente de conocimiento, como la ciencia, la filosofía. Si las formas no son capaces de herir a la sociedad que las recibe, de irritarla, de inclinarla a la meditación, si no son un revulsivo, no son una obra de arte”. El artista, que procedía de una familia de políticos libreros catalanes, reinvidicó hasta sus últimas consecuencias el derecho a la creación libre. A pesar de su grandeza, la humildad fue uno los rasgos que marcaron su personalidad. Tàpies siempre estaba en la búsqueda; profesaba que el artista que se estanca se repite y esto es el principio de la decadencia. Eduardo Chillida creía que “el arte está ligado a lo que no está hecho, a lo que todavía no creas. Es algo que está fuera de ti, que está más adelante y tú tienes que buscarlo. De otra manera, uno estaría todo el tiempo repitiéndose”. Así fijaba su posición política: “Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo. Un hombre, cualquier hombre, vale más que una bandera, cualquier bandera”. Este imprescindible pintor y escultor defendió el arte público para que el pueblo tuviera acceso a él. Las colecciones privadas o públicas son elitistas; Chillida tiene expuesto lo mejor de su obra en plazas, calles, jardines; sus esculturas son referentes urbanos populares. La propuesta formal de este artista es una de las más inquietantes y apreciadas por sus pares. Rafael Canogar, de una ética inquebrantable, se preocupa por expresar lo complejo de la realidad y la conciencia social y política que mueve al mundo. Su obra tiene raíces en el misterio, en el constructivismo, en el arte vital más que en el aprendido en la academia, en su desvelo por transformar mediante la innovación. En sus palabras, el arte debe proponer algo “nuevo, distinto, radical”, con conocimiento, para que el artista pueda ser la conciencia de la sociedad. Sin embargo, el conocimiento si no es transformador, si no se pone al servicio de las mejores causas, no trasciende, no es revelador, no rebela. El artista es un trabajador incansable. Canogar puso su corazón en la pintura matérica para dar testimonio de su paso por el mundo, para plasmar el dolor humano, para denunciar sus orígenes. Hacer arte conceptual implica una probada capacidad de abstracción filósofica, conceptual, política, de experimentación de técnicas y estudio de todos los elementos que confluyen en su realización. Es difícil llegar a este estadio de la creación sin la adquisición del conocimiento profundo, simiente del arte junto con la dignidad, la moral, el compromiso social. Chillida, Guinovart, Ràfols-Casamada, Tàpies y Canogar representan un parteaguas en el arte español. Su lenguaje es universal.
