Los trabajos de Hércules

Raúl Cremoux

Cuando escuchábamos a Felipe Calderón desgañitarse en su lucha, casi particular, contra el narco, era imposible evitar un sentimiento de admiración por ese empeño que aderezaba con cifras supuestamente alentadoras.

La radio y la televisión ofrecían datos que indicaban avances considerables. Uno de estos anuncios decía que de 37 capos identificados, 25 ya estaban arrestados o eliminados. Las cuentas eran elocuentes, sólo quedaban 12.

Las recientes declaraciones del procurador Jesús Murillo Karam dicen otra cosa: sólo se descabezó a las bandas pero nunca a las bases, por ello se propagaron y actualmente los cárteles son entre 60 y 80. Menuda tarea le espera. Añade el procurador Murillo Karam: se ordenó el arraigo a 3 mil 800 personas y sólo 129 fueron consignadas. Una enorme ineficacia.

Las cárceles están abarrotadas. En celdas para cuatro personas llegan a instalarse cerca de cuarenta. ¿Nos podemos imaginar lo que ahí ocurre?

Y siguen más datos y pruebas de que los empeños de Calderón no solamente fueron ineficientes, sino, lo que es peor, aceleraron, desfasaron el combate contra la delincuencia y propiciaron la descomposición interna de la Procuraduría General de la República y los cuerpos policiacos.

No hubo estrategia, mera improvisación a costos elevadísimos. Costos en sufrimiento, muertes, desplazados, desaparecidos y elevadas sumas de dinero público.

Ahora el presidente Enrique Peña Nieto ante el Consejo Nacional de Seguridad Pública se propone que dicho Consejo realmente lo sea y que todas las autoridades, por pequeñas o grandes que sean, cumplan con su deber. Para ello dictamina seis grandes ejes de tratamiento que van desde la planeación, protocolos de actuación, prevención, evaluación, hasta el ordenamiento del sistema penal, todo este proceso con el absoluto respeto a los derechos de las personas.

De hecho se da una reforma integral en la tarea de devolvernos la tranquilidad perdida y con ello pavimentar el camino hacia nuevos derroteros. La tarea se antoja para Hércules pues hay que volver a comenzar. Primero demoler y sacar el escombro, segundo edificar y tercero instrumentar; todo bajo el imperativo de la inteligencia.

Suerte a Peña, Murillo y todos nosotros.

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@RaulCremoux