2012 no es 1968

René Avilés Fabila

De un lado, Enrique Peña Nieto se comporta como un gentil político. Recupera Palacio Nacional como símbolo del poder histórico, está abierto al diálogo con todas las fuerzas políticas, da correctos primeros pasos y se reúne con Miguel Angel Mancera, otro político digno y caballeroso. Por allí están, en la misma tesitura, Graco Ramírez, Arturo Núñez y más de un dirigente perredista. Es un buen inicio.

La violencia la mantienen jóvenes que buscan en las calles lo que no consiguen en las aulas: aprender. Su inspiración es Andrés Manuel López Obrador y un círculo siniestro de seguidores que en rigor jamás han sido izquierdistas sino charlatanes. Expriistas como Ricardo Monreal que llega al colmo de mentir para provocar más barbarie y obtener adeptos a su causa que mal nace: desechando con majadería el partido que los acogió: el PRD, todavía secuestrado por personajes inauditos como Dolores Padierna, René Bejarano y otras figuras que deberían estar en alguna prisión.

La barbarie está a la baja, con lentitud, pero ha disminuido. Unos cuantos destrozan en las calles y amenazan con usar más violencia si no se va Peña Nieto. López Obrador y los suyos fomentan el odio y la mentira. Lo grave es que muchos todavía les creen.

La política mexicana parece recuperar la cordura. Los modelos internacionales, digamos la joven comunista chilena Camila Vallejo renuncia abierta y públicamente a las luchas callejeras y se introduce en el campo electoral. Sus argumentos son agudos y por completo sensatos. Hay que hacer los cambios clave para frenar el neoliberalismo a través de acciones inteligentes de índole parlamentaria. No existen las condiciones para instrumentar reformas a través de una ruta violenta.

El Yo Soy 132, nacido en una universidad privada y religiosa, para jóvenes ricos, ha dejado las calles para seguir en la carrera para trabajar en los negocios de sus padres. El movimiento apenas se mantiene en las universidades públicas, donde estudian los que quizás encuentren trabajo en las empresas de los papás de los chicos iberos. Fueron utilizados simplemente. Pero suponiendo que no, a uno y a otros hay que preguntarles qué sigue en el remoto caso de que Peña Nieto renunciara a causa de la presión recibida por unos cuantos cientos de jóvenes y de sindicatos donde no hay más que farsa, demagogia y mucha corrupción, deseos de líderes valetudinarios de seguir jineteando el dinero de sus agremiados.

En seis años de diario golpeteo, jamás movieron a Felipe Calderón, ¿qué les hace pensar que a Peña Nieto van a doblarlo si ganó sin grandes problemas y su popularidad crece nacional e internacionalmente?

Peña Nieto tiene una virtud: sabe escuchar y es sensible. Del lado de sus rivales y enemigos hay odio, rencor y deseos de sumir al país en una situación bélica. Pero tanto el PRD como el PAN han preferido modificar sus conductas y utilizar posturas más razonables, de diálogo.

Los diversos encuentros entre Mancera y Peña Nieto dan un grato ejemplo de que es posible pensar diferente y trabajar juntos. Lo que debe estar en primer lugar es la sociedad. No los intereses de los partidos, mucho menos de los de grupos vandálicos y charlatanes que no muestran más que amor por el poder y odio por la mesa de diálogo.

El año 2012 no es 1968. Las condiciones políticas nacionales e internacionales son totalmente distintas.

 

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