Seguridad: la nueva estrategia

Raúl Rodríguez Cortés

El lunes pasado, en la presentación de la estrategia de seguridad y justicia del presidente Enrique Peña Nieto, tocó al secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, y al procurador general Jesús Murillo Karam presentar una diagnóstico demoledor de la situación de inseguridad y de debilidad institucional en que recibieron el país. O dicho de otro modo: de cómo lo dejó Felipe Calderón con su guerra torpe y fallida.

Entre 2006 y 2011 se cometieron 10.6 millones de delitos. En ese periodo, los homicidios dolosos pasaron de diez mil 253 a 22 mil 480, una de las mayores tasas de crecimiento en el mundo.

Las “ejecuciones” se convirtieron en la segunda causa nacional de defunciones. El secuestro aumentó 83%, el robo con violencia 65%, la extorsión 40%, los delitos sexuales 16% y el robo en carretera y el robo de vehículos 100%, respectivamente.

El panorama empeora cuando se sabe que siete de cada diez mexicanos se sienten inseguros y que uno de cada tres hogares tiene al menos una víctima de la violencia o los delitos. De éstos, sólo ocho de cada cien son denunciados y nada más 15% resueltos, lo que lleva a la escalofriante conclusión de que apenas uno de cada cien se castiga.

A esa debilidad institucional hay que sumar la aceptación que hace la propia Segob de que hay miles desaparecidos, que la Comisión Nacional de Derechos Humanos registra, entre 2005 y 2011, ocho mil 902 quejas por tortura y tratos crueles o degradantes, y que la capacidad instalada de los 419 centros penitenciarios del país está rebasada en 49 mil espacios.

Por si algo faltara, el procurador Murillo Karam dijo que recibió una institución dislocada en la que se perdió el propósito central de la investigación para procurar justicia, lo que ha derivado en que medidas cautelares extraordinarias hoy sujetas a revisión (el arraigo y los testigos protegidos) se conviertieron en el mecanismo casi único de consignación que normalmente violenta derechos fundamentales.

Al diagnóstico siguió la presentación de la estrategia. ¿Cambia radicalmente? ¿Puede considerarsele nueva? Sí, por lo menos en el procedimiento y por la garantía, al menos en el discuso, de que no habrá más improvisación, como la hubo con Calderón. También en cuanto a los objetivos prioritarios: reducir la violencia y recuperar la paz, esto es, se privilegia la paz sobre la guerra.

Seis líneas o ejes, según informó el presidente Enrique Peña Nieto: planeación, prevención, protección y respeto a los derechos humanos, coordinación, transformación institucional y evaluación. Como parte de ellas destacan la división del país en cinco regiones operativas (regionalización) y la creación de una gendarmería nacional.

Hay cambio, pues, en los procedimientos, en la forma. Falta saber del fondo, lo que nos remite, inevitablemente, al crecimiento económico, la creación de empleo, el aumento de oportunidades y la disminución de la pobreza.

Sólo así podrá revertirse el reguero de sangre que dejó Calderón quien sin remordimiento aparente está listo para disfrutar de su refugio dorado en Cambridge, un suburbio bostoniano donde sólo se han registrado tres homicidios de 2007 a la fecha, número que contrasta, como una bofetada, con los casi cien mil que se cometieron en el sexenio trágico del panista.

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@RaulRodriguezC