Edgar Díaz Yáñez

 César Vallejo nació en Santiago de Chuco, Perú, el 17 de marzo de 1892 y murió el 15 de abril de 1938. Abarcó prácticamente todos los géneros literarios: poesía, narrativa, teatro y ensayo. Publicó en Lima, en vida, sus dos primeros poemarios: Los heraldos negros y Trilce. Este último cumple 90 años y Samuel Gordon, Carmen Galindo, Magdalena Galindo e Irene Vegas se reunieron el 25 de noviembre, convocados por la embajadora de Perú en México, Elizabeth Astete Rodríguez, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes para rendir homenaje y hablar del poeta y su obra.

La embajadora Astete, a manera de prólogo, mencionó que «Vallejo fue uno de los símbolos culturales que enriqueció la producción poética y literaria no sólo en su país sino en toda Latinoamérica», para agregar que en Perú existen diversos escritores que han realizado aportes fundamentales en este campo: «No es casualidad que esta misma semana, hayamos celebrado la entrega del premio Carlos Fuentes a nuestro novelista más distinguido como es Mario Vargas Llosa, premio Nobel de literatura 2011 […] tampoco es casualidad que la FIL de Guadalajara haya premiado a un escritor como Bryce Echenique»

Por su parte, la maestra Carmen Galindo, quien leyó su ponencia en complicidad con la también maestra Magdalena Galindo, su hermana, destacó que aun cuando la obra de Vallejo pudiera considerarse vanguardista, el mismo autor de Trilce no se consideraba como tal: «Pensaba [Vallejo], con sobrada razón, que la nueva poesía se transforma de abajo hacia arriba; que primero cambia el mundo y luego la literatura. Un movimiento que iba de los cimientos a la fachada» Y aclara «Para él, la vanguardia viene desde adentro; no es, pues, como pretenden algunos, una corriente formalista de modelos literarios que se fabricaron»

La también investigadora recordó una anécdota que tuvo con Julio Ortega, especialista en la obra de Vallejo: «En una clase, en la que él nos explicaba un poema, de pronto se volteó hacia nosotros y nos dijo: “No se qué quiso decir Vallejo con esto, si alguien me ayuda, sería muy bueno” […] Ninguno de nosotros, todos profesores de la Facultad de Filosofía y letras de la UNAM, pudimos ayudar al maestro Ortega, pero nos hicimos conscientes del hermetismo de Vallejo»

«Su obra está marcada, agregó, por la transgresión gramatical constante, lo cual es casi una rúbrica de su labor» Por ejemplo, frases como ‘a flor de piel’ en Vallejo se convierte en ‘a flor de músculo’, tampoco la ortografía ni los tiempos verbales se amparan bajo las normas, los sustantivos se convierten en verbos, todo es transgresión en él, se trata de un poeta absoluto: «el encuentro con su obra significa ir a la búsqueda de imágenes y referencias con multiplicidad de significados, algo que seguramente lo mantendrá vigente por muchos años más».

En su intervención, Samuel Gordon complementó lo dicho acerca del estilo hermético y complejo de Vallejo: «[su] artificio poético, y a veces hasta incomprensible, ha alcanzado también a muchas de sus traducciones. Quizá la más famosa sea la traducción inglesa de Jean Franco; donde se apresura la traductora a leer “albañil” por “albañal” […] desnaturalizando totalmente el significado de los versos de Vallejo»

Al respecto de la particular forma de escribir del peruano, Gordon señala que «En su búsqueda por un lenguaje […] Vallejo llega a adoptar posiciones ultrarradicales, hasta el extremo de separar los sustantivos de los adjetivos, los participios de las preposiciones, y, en otras ocasiones, llega a inventar su propio lenguaje alegórico» Y remata «Lo que para muchos fue desaliño editorial, constituye hoy, para los estudiosos, con el paso del tiempo, uno de los aportes fundamentales de la obra vallejiana»

En la tercera intervención, Irene Vegas ofreció un análisis lingüístico y, al parecer, psicoanalítico titulado Trilce LXV o el retorno al origen: del poema “Trilce LXV”:

Madre, me voy mañana a Santiago,/a mojarme en tu bendición y en tu llanto […] Me esperará tu arco de asombro,/las tonsuradas columnas de tus ansias/que se acaban la vida. Me esperará el patio,/el corredor de abajo con sus tondos y repulgos/de fiesta. Me esperará mi sillón ayo […]

 

  donde «establece una relación familiar entre el hablante lírico y su referente, señalado con el apelativo madre, y otro con el pronombre reflexivo me» mencionó Vegas

Los tres especialistas concordaron en definir a Vallejo como un autor que transgredió el lenguaje en sus versos al apropiarse de la gramática y la sintaxis.

El acto, realizado con apoyo del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) yel Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), finalizó con una conclusión: que la poesía vallejiana se caracteriza por presentar un lenguaje poético auténtico que poco a poco consiguió diferenciarse tanto que no tiene punto de comparación; siendo hoy en día uno de los más leídos y respetados poetas de todo el mundo.