Carlos Guevara Meza
Como se había pronosticado, el pasado 22 de diciembre la segunda fase del referéndum para aprobar el borrador de la nueva Constitución egipcia dio la victoria al “Sí” con el 71 por ciento de los sufragios emitidos. Combinando las dos fases, el texto constitucional obtiene una aprobación del 64 por ciento, lo que puede considerarse una victoria de la Hermandad Islámica, el partido que controla la presidencia y el legislativo. Sólo en tres de las 28 provincias o gobernaciones en que está dividido el país, ganó el “No” y en dos de ellas por pequeño margen. El dato importante es que en la capital, El Cairo, el “No” triunfó con un significativo 57 por ciento.
La oposición y las ONG’s observadoras han denunciado múltiples irregularidades y han pedido la anulación del proceso, cosa que se ve bastante difícil. El gobierno considera la victoria como definitiva y actuará en consecuencia, aunque ha mostrado su disposición a poner sobre la mesa de negociación los alrededor de 15 artículos constitucionales que la oposición ha impugnado. Pese a lo dicho por la mayoría de la prensa internacional, la nueva Constitución dista mucho de ser un texto islamista, y por eso son sólo unos cuantos artículos los que están en cuestión. Lo que sí podría pasar es que en los próximos años las leyes que se irán haciendo con base en la nueva carta magna impliquen interpretaciones fundamentalistas, pero eso dependerá en mucho del juego político.
Por lo pronto, la aprobación del nuevo texto deja sin efecto muchos de los poderes de excepción que se le habían concedido al presidente Morsi para conducir la transición. El poder legislativo pasará a la cámara alta en lo que se realizan nuevas elecciones para integrar un parlamento con base en las nuevas reglas. El presidente ya presentó la propuesta de integración del Senado de 90 miembros, incluyendo 12 cristianos coptos que representarían a ese grupo social que constituye el 10 por ciento de la población, lo que es una buena señal.
El proceso, sin embargo, no será fácil para el presidente y su partido. Los datos de aprobación arrojados por el referéndum deben matizarse con la baja participación: sólo 30 por ciento del electorado participó. Y aunque eso no equivale a una victoria de la coalición opositora (que, de hecho, no llamó al boicot del referéndum sino a votar por el “No”), muestra que la nueva ley fundamental no tiene todo el apoyo que el partido gobernante esperaba, con todo y las concesiones que hicieron en su redacción y los evidentes avances que contiene (sobre todo en seguridad social y mayores garantías constitucionales que contrastan con la arbitrariedad política y policíaca del régimen anterior). Por otro lado, todo el proceso implicó un fuerte desgaste para el presidente Morsi, que tuvo que aceptar las renuncias de muchos altos funcionarios, incluyendo su vicepresidente, debido a la forma en que condujo el proceso.
La coalición opositora ya ha anunciado su objetivo de derribar tanto al gobierno como a la nueva constitución por la vía pacífica, lo que significa en principio que no se sentará a negociar con el presidente hasta que éste acepte sus condiciones, lo que no puede hacer sin echarse en contra a su propia coalición, que sí obtuvo una mayoría incuestionable. Por tanto, el proceso seguirá de manera conflictiva pero dentro del marco fijado por la Hermandad Musulmana, hasta el próximo enfrentamiento que se llevará a cabo cuando se realicen las elecciones legislativas para establecer una nueva cámara baja del Parlamento. Entonces se verá si a la oposición le funciona su estrategia de choque.
