Devolver la dignidad a los indígenas

René Avilés Fabila

Cuando la pesadilla panista terminó, al menos por ahora, el EZLN reapareció, marchando en silencio por sus propios territorios. El escenario pareciera otro, un nuevo gobierno federal y un nuevo gobierno estatal le sirvieron de marco histórico. Si el charlatán llamado Vicente Fox prometió resolver el problema indígena en 15 minutos, Felipe Calderón lo ignoró concentrado como estuvo en una costosa guerra. Ahora el presidente es Enrique Peña Nieto, hasta hoy no ha tocado el tema directamente. Pero le acaban de hacer notar que sigue vivo y que es tiempo de buscar una solución. No se puede gobernar un país como el nuestro ignorando a los indígenas, menos al EZLN, al que de muchas y evidentes formas el PRD, Andrés Manuel López Obrador y otros dirigentes de una imaginaria izquierda dejaron de lado en su afanosa búsqueda del poder político y económico. Sólo Javier Sicilia los mantuvo presentes.

Muchos medios abandonaron en los archivos el caso chiapaneco, no más EZLN, no más discursos extravagantes de Marcos, no más inquietud en el sureste del país. Trataron inútilmente de que los mexicanos dejáramos de preocuparnos por las comunidades nativas. Su lucha había terminado. Lo ocurrido hace una semana muestra que el problema está vigente y que tanto las autoridades locales como las nacionales deben solucionarlo de la mejor manera posible.

Sabemos que Peña Nieto hereda multitud de problemas. México quiere cambios. Si sus intenciones son realmente honestas y limpias, deberá tratar de inmediato ese problema que ya vimos todos que no está finiquitado. Simplemente, con agudeza y talento natural, los zapatistas han esperado mejores momentos y de nuevo dejan las selvas para mostrarse ahora sin armas, haciéndonos saber que no están dispuestos a ser marginales y jodidos en su propia tierra.

El EZLN ya dio el primer paso y lo hizo pacíficamente, falta saber qué hará el gobierno de Peña Nieto. Si realmente es sensible a los grandes problemas nacionales, o es, como los más recientes mandatarios, ajeno a ellos.

No son pocos los medios de comunicación que dieron por muerto al subcomandante Marcos, con su hermana en el gabinete del priista, con una connotada experredista supuestamente muy preocupada por los índices de pobreza, Rosario Robles; Peña Nieto deberá hacer dos cosas de inmediato: reconocer el problema y la justeza de su lucha, y buscarle la solución. México es plural por naturaleza, lo que no significa que los marginados, los que no tienen acceso a la riqueza y a veces ni siquiera al trabajo, deban permanecer así. Las contradicciones deben ser limadas. De inmediato. Los indígenas llevan siglos en espera de justicia, no quieren dádivas como las que antes ofrecía el PRD y ahora se han generalizado, quieren ser reivindicados y que sus culturas sean respetadas y valoradas en un absurdo sistema globalizado que deja de lado los valores de cada comunidad en aras de una supuesta modernidad. Esto es, que su dignidad les sea devuelta.

 

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