Carlos Olivares Baró

Funk: olor fuerte como consecuencia del humo del tabaco. Lu-fuki (mal olor corporal proveniente de los órganos genitales). El baterista de Nueva Orleans, Earl Palmer, fue quizás el primer músico que apela al término funk para referirse a una música más acompasada y bailable. / Se aplica desde los años cincuenta a una variante del jazz (Funky Jazz) de ritmo fuertemente acentuado en las líneas del bajo con riffs de la sección brass (sax, trompeta, trombón) muy sincopados. / En los espacios del hard bop se hace funky cuando se ejecuta con fuerza rítmica y tintes de blues, soul, R & B y gospel desde acentuaciones de la tradición africana (orígenes del soul jazz). / El funky genera un groove/swing (ritmo expansivo) complejo a partir de instrumentos como guitarra eléctrica, bajo eléctrico, órgano Hammond, teclados, piano, percusión afrocubana y batería. / El funky limita el papel de la melodía/armonía a favor de un peso mayor a la percusión y la línea de bajo eléctrico. Vamp (variantes en la improvisación de un instrumento solista) desarrollado sobre un solo acorde, poca oscilación armónica, logro de una sonoridad compleja y muy proporcionada. / El bajista apela a la técnica de Slap (bofetada, golpear las cuerdas contra el mástil) y logra un efecto similar al de la batería. / Pionero del Funky: James Brown. Grandes cultivadores: Maceo Parker, Fred Wesley, Prince, Earth, Wind & Fire, Tower o Power, George Clinton… Álbumes emblemáticos: Head Hunters (Hancock), On The Corner (Miles Davis). Renaissance (Concord Music, 2012), del bajista neoyorkino Marcus Miller, álbum que retoma la tradición funky jazz ejecutada en formato de sax alto, clarinete bajo, trompeta, batería, órgano, piano, guitarras (eléctrica, acústica), Fender Rodhes, percusión afrocubana, djembé, bajo eléctrico y voces (invitado especial Rubén Blades). Trabajo reciente de uno de los grandes exponentes del jazz rock, R & B, rock, jazz, funky jazz, funk y soul jazz. Responsable directo de los mejores discos de la “etapa eléctrica” de Miles Davis: Tutu (1986) y Amandla (1989); colaborador, entre otros, de Aretha Franklin, Luther Vandross, Bob James, Grover Washington Jr. y David Sanborn. Trece composiciones que hacen un viaje por las pulsaciones del funky desde groove pujante e íntegro virtuosismo instrumental. La fiesta comienza con “Detroit” (Miller): prólogo de Slap y sinuosos riffs de sax alto y trompeta. Batería, guitarra y piano en groove incitante de ineludible invitación bailable. Bajo eléctrico articulado con la batería en un diálogo de entreveros lúdicos de tentadoras “escurridas” euritmias. “Setembro (Brazilian Wedding Song)”, de Ivan Lins, es trasladada a los recodos afrocubanos con Blades improvisando sobre las concordias del clarinete bajo en grata conversación coral con Gretchen Parlato: “salsa carioca” de sabrosas conjunciones bossas y bolero/son (oídos a la coda en scat de Parlato y el insinuante solo del sax alto). Si “Redemption”, “February” y “Revelation”, rubricadas por Miller, apelan al jazz rock/funk, “Slippin ‘Into Darkness” (Allen/Brown) se regodea en la sonoridad funky jazz con un solo de piano soulero que hace referencia a Winton Kelly. Placa de recuentos que rinde deferencia a la usanza funkera y a James Brown. “Interlude: Nocturnal Mist” (Luther “Mano” Hanes) subraya las preocupaciones del bajista neoyorkino por las conformidades afro beat. Sin embargo, en una pieza como “Gorée (Go-ray)”, Miller prefiere aventurarse por senderos puramente jazzísticos en improvisaciones de acusadas puntuaciones bop. En “Cee-Tee-Eye” apela al bamboleo mambo/funk y en “Tightrope” (Irvin) hilvana figuras de rap/hip hop/pop/rock. El agasajo remata con “I’ll Be There” (Gordy/Wexler): composición para bajo eléctrico en la que el autor de “Amandla” pone de manifiesto su incuestionable virtuosismo. Renaissance, obra maestra del funky jazz contemporáneo.