Conocer el pensar, decir y hacer de la población
Marco Antonio Aguilar Cortés
Quien ejerce el poder en un país debe, entre otras cosas, conocer los sentimientos y las opiniones de todos los estratos populares, sabiendo también qué portan como impresiones y sentires las clases medias, al igual que las 20 familias más ricas y poderosas que habitan el territorio.
En otras palabras, el estar al tanto del pensar, del decir y del hacer de los miembros de toda la población gobernada, le da la clave, al gobernante, de cómo decidir las cuestiones correspondientes a su encargo público.
Por eso la astucia de Odiseo o Ulises al retornar a Itaca disfrazado de mendigo, en vez de arribar como un dios, o como todo un señor y héroe victorioso.
Para retomar el poder, el conquistador de Troya debía conocer la realidad de los seres humanos, habitantes en su propia tierra, abandonada por él durante tantos lustros, al igual que a su esposa Penélope.
Varios cuentos de la Edad Media dan noticia del rey que se disfraza de gente del pueblo para conocer, y gobernar mejor, a sus súbditos.
Algo parecido hizo el actual rey de Jordania, Abdalá II, al acceder al trono el 7 de febrero de 1999, ya que salía a la calle, sin séquito y con vestimenta islámica común, para visitar oficinas, mercados, centros de trabajo, y así captar la opinión de la gente; siendo ésta la forma en que se ganó la confianza de su pueblo, ya que su sucesión fue problemática.
Obvio, jamás sugeriré que el presidente de México, ahora Enrique Peña Nieto, se disfrace de pordiosero, aseador de calzado, agente de tránsito o de policía. No hay necesidad de esos disimules, hoy por hoy, para que él sepa cuáles son los sentimientos de la nación en este 2013, año en que se cumplirá el bicentenario de los Sentimientos de la Nación presentados por José María Morelos y Pavón ante el Congreso de Anáhuac.
Algunos de esos veintitrés sentimientos externados en Chilpancingo por Morelos el 14 de septiembre de 1813 siguen, tercos pero razonados y con fundamento, formando parte esencial de nuestros reconcomios nacionales en esta segunda década del siglo XXI.
Es fácil, supongo, para la persona que debe ser la mejor informada de México, familiarizarse con todo lo que está sintiendo la sociedad mexicana y los individuos que la formamos.
Resultaría una situación anómala si no existiera la suficiente sensibilidad del poder público para establecer, o restablecer, según sea el caso, vasos comunicantes eficaces entre la población mandante, o sea, el pueblo que manda, con las autoridades mandatarias, o sea, quienes obedecen.
En la inteligencia de que esos canales de comunicación entre mandantes y mandatarios, retroalimentadores, deben siempre estar constante y debidamente desazolvados.
Quede claro y preciso: deseamos seguir siendo libres de cualquier otra nación o gobierno; seguimos afirmando que la soberanía dimana del pueblo; la buena ley es superior a todo hombre, y patrióticamente debe moderar la opulencia y la indigencia; debe aumentarse el salario del pobre; que no haya ignorancia ni rapiña ni hurto; toda casa es un asilo sagrado; las contribuciones e impuestos deben ser razonables para ser legales; sólo es aceptada una buena administración del erario.
De estos sentimiento nacionales es garante el presidente.
