Por una nueva cultura en la materia

René Anaya

Habrá que reconocer que después de varios años, en este 2013 se ha incrementado el presupuesto para ciencia y tecnología, gracias a la iniciativa de presupuesto que el Poder Ejecutivo envió a la Cámara de Diputados, por lo que por primera vez en este siglo se ven acciones, más que buenas intenciones, como en los dos sexenios pasados.

La inversión federal en ciencia y tecnología para este año asciende a 70 mil 395 millones de pesos, lo que representa un incremento de 14.63 por ciento en relación con el de 2012 y equivale a 0.43 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), todavía lejos del uno por ciento del PIB que por ley se debe asignar anualmente. Pero por algo se comienza.

 

Las cinco acciones gubernamentales

Por supuesto que no está nada mal que se aumente la inversión en ciencia y tecnología, ni que el presidente exprese su interés por incrementarlo en los próximos años, como lo manifestó durante la toma de protesta del doctor Enrique Cabrero Mendoza como director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

En ese acto señaló que “el objetivo es llegar a uno por ciento al término de esta administración y triplicarlo para llegar a 1.2; creo que esto es posible lograrlo en los próximos ocho o diez años, si tenemos una ruta crítica que debamos seguir y observar puntualmente”.

Esa ruta crítica, que elaborarán las secretarías de Hacienda y de Economía, formará parte de los cinco ejes o acciones que planteó se deberán realizar en ciencia y tecnología. El segundo eje será el diseño de políticas públicas diferenciadas para impulsar el progreso científico y tecnológico en regiones y estados.

El tercer eje consistirá en el fortalecimiento del Sistema Nacional de Investigadores, que actualmente tiene 17 mil miembros, los cuales son muy pocos si se toma en cuenta el total de la población.

La cuarta acción establece la creación de un sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación, que permita el intercambio de información y la vinculación de los sectores académicos con los productivos para incrementar el valor agregado de la producción nacional.

Y por último, se plantea el fortalecimiento de los mecanismos de vinculación entre el sector productivo y la academia, para lo cual podrá contribuir una fundación para la innovación, la ciencia y la tecnología, que se propone crear con participación de fondos públicos y privados.

Estos cinco ejes rectores, afirmó Enrique Peña Nieto, “forman parte de un compromiso indeclinable de mi gobierno: construir junto con ustedes una política transexenal para establecer una nueva cultura científica, basada en el conocimiento académico, la fortaleza empresarial y la responsabilidad gubernamental”.

¿Hacia una política de Estado?

El proyecto de trabajo de la nueva administración, al parecer, se enfoca a invertir más recursos económicos en ciencia y tecnología para incrementar las ganancias o aumentar el valor agregado, es decir que se ven la ciencia y la tecnología como un medio para aumentar los recursos de la Federación, ya que se destaca la intención de aumentar el valor agregado.

Efectivamente, la inversión en ciencia y tecnología permite el desarrollo económico de los países, como se ha demostrado en Corea del Sur y Brasil, pero no se deben centrar los esfuerzos en generar ganancias, sino en lograr un armónico crecimiento económico, social y cultural, ya que la sociedad del conocimiento no es únicamente tecnología y productos innovadores, lo cual deberán comprender nuestros empresarios para que participen responsablemente en la investigación científica y tecnológica.

Se debe tomar en consideración que la ciencia y la tecnología debe también de contribuir de manera importante en la solución de los problemas nacionales, que no necesariamente producen ganancias directas e inmediatas, como la escasez de agua, la contaminación de aire, agua y suelo, una real reforma educativa enfocada al desarrollo integral del ser humano y no únicamente a la productividad, el mejor aprovechamiento del petróleo y el gas y de energías limpias, un sistema de salud integral de excelente calidad y combate a la desnutrición crónica.

En la medida en que las acciones propuestas se lleven a cabo con un programa articulado en que no se privilegie el beneficio económico inmediato o la consecución de metas numéricas (aumento del número de integrantes del Sistema Nacional de Investigadores, incremento de patentes registradas, apertura de nuevos centros de investigación, por ejemplo), se podrá empezar a gestar una verdadera política de Estado en ciencia y tecnología.

Así que los cinco ejes rectores de la política gubernamental se podrán convertir en los cimientos de la política científica de Estado, siempre que se vean la ciencia y la tecnología como uno de los pilares del desarrollo económico, social, cultural e inclusive político, y no solamente como productora de bienes materiales.

reneanaya2000@gmail.com