Y, para colmo, gozan de cabal desprestigio

René Avilés Fabila

El PAN nació para varias tareas divinas. La primera era urgente: impedir que avanzara el comunismo que auspiciaba desde la presidencia el general Lázaro Cárdenas, las otras se desprendían de ese mandato divino: eliminar la corrupción, reestablecer buenas relaciones con la Iglesia católica, garantizar la propiedad privada, tener un sistema educativo donde cupiera cómodamente el catolicismo y los valores más rancios del mundo occidental. Curiosamente todos sus objetivos los consiguió el propio PRI. A partir del gobierno de Manuel Avila Camacho todo se enderezó o, mejor dicho, el sistema político resultado de una magna revolución comenzó a cargarse a la derecha hasta que hoy tenemos todo lo que el PAN acariciaba.

Le faltaba al PAN obtener la presidencia de la república. Todos sus intentos por tenerla habían fracasado ante una maquinaria poderosa, bien aceitada. Pero ante el desgaste del PRI, sus muchos y graves errores, los procesos internacionales de democratización y los deseos nacionales de alternancia política y no más la presencia de un partido todopoderoso, casi único, pudo conquistarla con un caudillo dicharachero y burlón: Vicente Fox. Todo parecía ir bien con la alternancia, sólo que al mes de ocurrida, los mexicanos estaban inquietos por el no rumbo tomado por el PAN. Nadie en ese partido tenía la menor idea de qué se hace con el poder además de vivir placenteramente en Los Pinos.

Fox fue un fracaso y el PRI no conseguía recuperarse del golpazo propinado por la derecha. De nueva cuenta el PAN triunfó con Felipe Calderón, alguien que parecía sensato y experimentado político. Al menos no era un empresario disfrazado de estadista. Tampoco. Su declaración de guerra al crimen organizado mostró que el único no organizado era el gobierno y sus fuerzas armadas. El PAN dio tumbos, saltó de fracaso en fracaso, mostró que no está diseñado para gobernar y finalmente asistimos asombrados al mayor descubrimiento: los panistas también son corruptos. Los priistas y los perredistas no estaban solos, ahora los acompañaban algunos que le habían jurado mil veces a Dios que no robarían y no mentirían.

No pasa una semana, mientras Felipe Calderón trata de ponerse a salvo de las críticas a su gestión yendo a dar clases de “algo” a Harvard, el nuevo gobierno descubre fraudes, robos, negocios, todo hecho al amparo del poder. Mueven a risa los panistas. Fox dijo en plena campaña presidencial: “A mí se me podrá quitar lo ignorante, pero a los priistas nunca se les quitará lo ladrones”. Total, Fox y Madero, por ejemplo, siguen siendo ignorantes, pero además los vemos solapando ladrones y funcionarios que se llevaron a sus cuentas personales asombrosas cantidades de dinero.

De estar vivos, ¿qué pensarían los fundadores del PAN de su actual criatura? No creo que mucho, aparte de todo se redujo, se hizo pequeñita. Y, para colmo, goza de cabal desprestigio.

 

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