Las alcaldías están terriblemente endeudadas
Jorge Carrillo Olea
Ernesto Zedillo nos endilgó vía su Fobaproa un endeudamiento muy próximo a que cada mexicano, de cualquier edad, condición económica o social, implícitamente debamos mil dólares. Ese fue el costo del llamado rescate bancario, acción obligada por el presunto quiebre de la banca ante el error de diciembre que si bien se gestó en el periodo de Carlos Salinas se desató en el suyo. Tan fue así que su secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, hubo de renunciar antes de un mes.
Hoy estamos ante una disyuntiva dramática. Los municipios están terriblemente endeudados. Se han dilapidado fondos que nadie controló durante doce años. Vicente Fox, en su ignorancia e irresponsabilidad, con una visión bastante bizca de municipalismo les abrió las arcas y sin ningún control, ni siquiera contable, se les permitieron gastos desaforados. Ya encarrilados los presidentes municipales acudieron a otro recurso también descontrolado, el libre acceso a créditos bancarios comerciales. Son de ahí los despilfarros y endeudamientos verdaderamente asombrosos por su magnitud y generalización que estamos conociendo años después. Fox y Felipe Calderón taparon tales irregularidades.
El gobierno de Enrique Peña por la voz de su secretario de Hacienda ha dicho enfáticamente que dichos adeudos no serán absorbidos por el tesoro federal, lo que plantea una disyuntiva: o se deja tronar a los ayuntamientos con las terribles consecuencias previsibles, o se inventa alguna modalidad para resolverles el problema que lamentablemente no puede esperar a modalidades técnicas como podría ser el promover una ley que constituyera a la Secretaría de Hacienda en un fondo de financiamiento semejante a la banca comercial con iguales exigencias.
En países avanzados las responsabilidades municipales, estatales o provinciales son totalmente exigidas y llegan hasta el caso de entrar en verdaderas quiebras con concursos mercantiles, que alcanzan extremos como la pignoración de activos fijos. Se venden predios, edificios de oficinas, vehículos, etc. Tienen leyes eficaces de las que nuestro dogmatismo político nos ha privado.
Independientemente de lo agudo del problema, ya que no hay fondos para cubrir ni siquiera las quincenas del mes de enero, debe reflexionarse sobre hechos que permitieron esta situación que no son sólo atribuibles a Fox y Calderón sino también a los retrasos políticos, jurídicos, institucionales y administrativos de los municipios. Muchos de ellos en el fondo ni saben, ni quieren, ni pueden, ni les importa ser razonablemente autofinanciables por la vía saludable del control del gasto y de una eficiente recaudación.
El impuesto predial y el pago por consumo de agua, la exigencia del pago por derechos, son fuentes clásicas de financiamiento municipal que están pesimamente administradas. O se deja de cobrar a un número importante de causantes o, lo que es más frecuente, se cobra a tasas tan bajas que el resultado es el mismo.
Estamos ante un caso en el que la impunidad, la corrupción, la impericia y la ignorancia a veces por sí solas, otras, las más, en un coctel mortífero han causado este desastre. Como se puede ver no bastaría el indeseado rescate. La solución es mucho más compleja, profunda y demandante, hay que renovar la vetusta concepción municipal. Aquella larga avenida del sur de la ciudad de México llamada Municipio Libre expresa en su dedicación litúrgica a dónde lleva una liberación retrógrada, dogmática, arcaica.
Un caso ejemplar sería el municipio de Cuernavaca. Su ayuntamiento contrató empréstitos por mil 200 millones de pesos. Contrató el adeudo con la autorización de su cabildo, con el visto bueno de su Congreso y con la supervisión de nadie en su manejo. El presidente municipal originador del desastre, Manuel Martínez Garrigós, goza de cabal salud. Es presidente del PRI local y diputado plurinominal, posiciones concedidas cuando ya era pública la magnitud y malversación de los fondos contratados. Esta situación se hizo oportunamente y por escrito del conocimiento del CEN de su partido y nada, absolutamente nada pasó. ¿Dónde estará el espíritu renovador y la filosofía punitiva de la Comisión Anticorrupción? ¿Y Arturo Montiel y Humberto Moreira?
Hay muchas lecciones que derivar de estos vergonzosos hechos: abandono de esa vital organización social que es el municipio en todo lo que trasciende, negligencia. Y otra vez ese veneno nacional que es la simulación. Sustituimos la eficacia requerida con evocaciones históricas románticas hasta Hernán Cortés y su municipio veracruzano, muy de la aplicación de la vieja subcultura del México que no dejamos ir. ¿Y ahora?
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