Patricia Gutiérrez-Otero
El escritor José Sánchez Carbó escribe cuentos dentro de una poética que él mismo ha nombrado “patética”. En ese “estilo” ha publicado los siguientes títulos: El maldito amor de mi abuelita, En realidad no es una historia de amor, La reunión de los patéticos y, ahora, recién salido de imprenta, Con las costillas intactas (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, impreso en octubre de 2012). Un hilo conductor une a casi todos los cuentos del último libro: el desencuentro erótico, amoroso. Dudo al definirlo porque en los cuentos prima la atracción sexual sobre la entrega amorosa. En todo caso, aun cuando haya consumación de un acto sexual real, soñado, prohibido, quizá fantasmagórico, la relación no perdura; en general a causa de la mujer que tras entregarse un segundo, se va, desaparece. El peculiar humor patético está presente a todo lo largo de las desdichadas historias. Quizás el cuento que mejor retrata esto es el brevísimo titulado “La mujer de tus sueños”: “[En construcción. No se ha encontrado la costilla adecuada. Disculpe los trastornos provocados]”. Cabe señalar que Sánchez Carbó publicó también en el 2012 un libro teórico sobre el estudio de los “relatos integrados”: La unidad y la diversidad. Teoría e historia de las colecciones de relatos integrados (UIA, 2012), tema en el que ha indagado a lo largo de varios años, y que cuenta aún con poco examen académico al que el escritor, en cuanto investigador, contribuye. Los relatos integrados se caracterizan por estar ligados por un tema, un personaje, una circunstancia, un lugar, un espacio… Pueden ser cuentos o ampliarse a otros textos. En cualquier caso deben poseer uno o varios denominadores comunes, a veces sumamente sutiles. Aunque Sánchez Carbó, en sus estudios prefiere limitarlos a un solo libro, realmente puede haber relatos integrados que incluyan novelas aparentemente independientes. En este caso, los cuentos del libro Con las costillas intactas se unen por un denominador común, como apuntamos al inicio: los amores fragmentados, inconclusos, fallidos. El título indica la ausencia de la mujer como aquello que el hombre añora. Los dos últimos textos, sin embargo, parecen romper la temática unificadora de los cuentos mostrando la postura del autor ante su obra: “¿Quién es el autor del plagio? Una enorme gallina decrépita”, historia también patética, y “Notas sobre el humor patético” (donde Sánchez Carbó hace referencia a obras cercanas: el Lazarillo de Tormes, “La historia de Jimmy Crispin, de Bukowsky, y “Un señor muy viejo con unas alas enormes”, de García Márquez). Dos capítulos que hablan de la poética de Sánchez Carbó en los que el intelectual roba espacio al cuentista, ¿o se lo abre? En sí, los cuentos de Con las costillas intactas, escritos con una prosa ágil, tienen un encanto especial que nos hace sonreír constantemente a través de la desdicha, con un olor a soledad y a deseo de una imposible unión. Lo indica ya el segundo de los epígrafes, de Juan José Arreola, “Soy un Adán que sueña con el paraíso; pero siempre despierto con las costillas intactas”; antecedido por otro de Oliverio Girondo sobre lo absurdo del deseo del amor. Además, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, evitar las mineras a cielo abierto, respetar el sitio sagrado de los huicholes, encontrar a los responsables del incendio del ABC, atender a las víctimas de la guerra contra el narco y edificar su memorial…
