Susana Hernández Espíndola
Considerado como un reformador en su primer período presidencial, durante el cual, sin embargo, dejó pendientes muchos compromisos, Barak Obama será investido este domingo como Presidente, en un segundo periodo, de la nación más poderosa del mundo.
Estados Unidos enfrenta grandes retos, respecto a los cuales tiene al mundo en vilo, ya que de ese país depende, en gran medida, la estabilidad internacional.
La gran pregunta ahora es si Obama podrá esta vez con ese gran peso.
La primera vez
Desde su llegada a la presidencia de los Estados Unidos, el 20 de enero de 2009, Barack Hussein Obama despertó muchas expectativas no sólo entre el pueblo norteamericano, sino allende sus fronteras. Gracias a una impecable campaña, aderezada con su carisma y elocuencia, el abogado, egresado de Harvard y entonces senador demócrata por el estado de Illinois, venció en las urnas presidenciales al republicano John McCain.
A pesar de sus constantes y fuertes enfrentamientos con los republicanos —que consiguieron ser mayoría en la Cámara de Representantes—, el primer presidente negro de la Unión Americana logró reformar el sistema sanitario y las actividades de Wall Street; obtuvo el Premio Nobel de la Paz 2009; dio fin a la ocupación militar de su país en Irak, y eliminó, en 2011, la amenaza internacional representada por el líder de Al-Qaeda, Osama Bin Laden.
Sin embargo, el hecho de dejar en el olvido muchas de las promesas hechas en la campaña de 2008, llevó a Obama a enfrentar a una ciudadanía muy dividida que puso en peligro su segundo mandato. Los resultados de los comicios del 6 de noviembre de 2012 lo evidenciaron, al derrotar, por una pequeña diferencia, al republicano Mitt Romney, quien obtuvo 48 por ciento de los votos, contra 51 por ciento del candidato demócrata.
Juramentación
Este 20 de enero, en una ceremonia privada, Obama juramentará para su cargo como presidente de los Estados Unidos, en un segundo y último mandato de cuatro años. El acto se realizará en el Salón Azul de la Casa Blanca y, ante el titular de la Suprema Corte, John Roberts, el mandatario usará una Biblia perteneciente a la familia de la primera dama, Michelle Obama.
El lunes 21, ante invitados especiales y los ojos del mundo entero, se realizará públicamente, en el Capitolio de Washington, D.C., la 57 ceremonia de investidura presidencial.
El sacerdote episcopal Luis León, de origen cubano, es el encargado de bendecir la juramentación del presidente afroamericano, quien tomará posesión de su cargo con dos Biblias: una de ellas perteneció a Abraham Lincoln (la cual es parte de la colección de la Biblioteca del Congreso, y es de terciopelo, con bordes dorados) y la otra a Martin Luther King Jr. Además, y como es ya una tradición, la primera dama será quien sujete ambos libros a su esposo.
En esta ocasión se optó por las dos Biblias, porque, según el presidente del Comité para la Investidura del Presidente, Steve Kerrigan, “reflejan la grandeza de la historia de la nación estadounidense”.
Después de juramentar, Obama pronunciará un discurso —que se espera sea memorable—, donde delineará los principios bajo los cuales gobernará en su segundo mandato.
Posteriormente, el Presidente inaugurará el tradicional baile oficial con su esposa Michelle, cuyo vestido es uno de los detalles más esperados. También encabezará un gran desfile de artistas, carrozas y grupos militares que pasearán por la avenida Pennsylvania.
Y aunque los invitados a los diferentes actos inaugurales serán menos que hace cuatro años —se calcula que oscilarán entre 600 mil y 800 mil personas—, Marc Anthony, José Feliciano, Beyonce, Katy Perry y Usher amenizarán musicalmente la toma de posesión, desde el Capitolio hasta el Centro de Convenciones de Washington, donde el baile de gala tendrá unos 40 mil asistentes.
Compromisos
El panorama que se vislumbra para los próximos cuatro años no parece ser muy alentador para el presidente número 44 de la Unión Americana. Sus prioridades son muchas, el tiempo es poco y su promesa de cumplirle a la comunidad latina parecen no encabezar su agenda política.
Drogas: ante la reciente legalización del consumo de la marihuana en entidades como Colorado y Washington, Estados Unidos tiene la responsabilidad de encabezar un debate internacional, con miras a la legalización de ciertas drogas, eliminar el poderío económico de las organizaciones criminales, y terminar, de una vez por todas, con la infructuosa guerra que sólo ha desangrado a naciones como México.
Migración: consciente de la importancia económica (mano de obra barata y productiva) y política (electorado decisivo) de la comunidad hispana en su país, Obama debe lograr una reforma a las leyes de inmigración, que le permitan a 11 millones de indocumentados acceder a una legalización de su estatus.
Unificación: en el territorio estadounidense se respira una nación donde la gobernabilidad brilla por su ausencia, dadas las fuertes divisiones políticas. Los enfrentamientos por temas fiscales y de presupuesto en el Congreso han enrarecido más los ánimos entre el Partido Republicano y el Demócrata.
Crisis económica: las debilitadas finanzas, los altos índices de desempleo, el déficit presupuestario, el aumento de impuestos, los recortes al gasto público y el aumento del techo de deuda colocaron a los Estados Unidos al borde del fiscal cliff (abismo fiscal). Ello, aunado a la crítica situación por la que atraviesan economías europeas —en especial las que integran la zona del euro, como Grecia, España, Italia, Portugal, Irlanda y Francia—, constituye un coctel que, sin duda, evidencia la voracidad y la obsolescencia del sistema capitalista
Armas: luego de la masacre de 20 niños en una escuela de Newton, Connecticut, el 14 de diciembre de 2012 —considerado el “peor día” de su presidencia, según Obama—, volvió a cuestionarse, a nivel nacional, el derecho a portar armas que consagra la Constitución estadounidense. Este ataque se sumó a una veintena de tiroteos fatales con armas de fuego entre ciudadanos, desde 2008.
Política exterior: por su fuerte presencia en Medio Oriente durante prácticamente una década, Estados Unidos tuvo poca presencia en Latinoamérica. La situación política en Venezuela y Cuba, así como la violencia en México, ha sido observada de forma pasiva por la diplomacia estadounidense.




