Juan José Reyes
No hay señor sin territorio, sin dominio (diría Perogrullo). Los hidalgos andan en busca de solares propios, en una sociedad como la del imperio español en la que el honor era prenda inapreciable. La Corona, por su parte, haría de las ciudades en el Nuevo Mundo lugares de privilegio, favorecidos en tanto que fueran fecundo campo de cultivo de ennoblecimiento y de hombres dispuestos a jugárselo todo en nombre del rey.
Conocedor de todos los paisajes, rincones, pliegues y alturas de Latinoamérica —el antiguo Nuevo Mundo—, el autor cuenta detalladamente, y uniendo hilos de una madeja de hechos políticos, sociales, económicos y naturales, una historia poco explorada: las del cúmulo de ciudades fundadas por los españoles coloniales que mudaron sus espacios, a causa sobre todo de asuntos bélicos o por las acechanzas de la piratería o por catástrofes naturales (terremotos, inundaciones, huracanes, erupciones volcánicas) o, también, de la falta de previsión de las autoridades reales, que no dispusieron un elemental cálculo de riesgos más que tardíamente. Sitios de convivencia y encauzados a mantener linajes, versiones adecuadas al modelo metropolitano —desde México hasta el Cono Sur—, aquellas urbes servían principalmente como sede política, y sus mudanzas implicaron en principio un traslado documental.
En el trabajo del autor se hallan líneas reveladoras sobre conceptos esenciales en la vida citadina, como el de propiedad de la tierra, y acerca de un tema de enorme importancia en los siglos coloniales: las relaciones efectivas de trabajo entre los señores peninsulares y los pobladores indígenas, explotados en la alteración misma de su propio territorio original. No menos notable es el hecho de que toda una ciudad mude sus territorios, prosiguiendo sus historias, cancelándolas y ampliándolas a un tiempo. El hecho sería en nuestros días muy difícil de concebir.
El libro, traducido por José María Ímaz, contiene una escritura entusiasta y elegante a un tiempo.
Alain Musset, Ciudades nómadas del Nuevo Mundo.
Traducción de José María Ímaz. Prefacio de Jean-Pierre Berthe. Presentación de Óscar Mazín. México, Fondo de Cultura Económica (Sección de Obras de Historia), 2011; 477 pp.


