Juan Barrera Barrera

Barack Obama inicia su segundo mandato con cambios sustanciales en su equipo de colaboradores en áreas estratégicas. En seguridad ha propuesto al ex senador y ex veterano de la guerra de Vietnam, Chuck Hagel, al cargo de secretario de Defensa y de John Brennan (asesor de Obama en contraterrorismo) como nuevo director de la Agencia Central de Inteligencia, la CIA. Anteriormente el presidente estadounidense había propuesto al senador demócrata John Kerry para dirigir la diplomacia estadounidense en sustitución de Hillary Clinton, quien a decir de no pocos especialistas en las relaciones internacionales, le devolvió gran parte del liderazgo diplomático a la potencia, la cual se había fracturado durante la administración Bush.

En sus primeras declaraciones sobre el ex candidato demócrata a la presidencia estadounidense en 2004, Obama señaló que “se ha estado preparando durante toda su vida para el cargo de secretario de Estado”, y Clinton expuso que Kerry “lleva la diplomacia en las venas”.

De ninguna manera son adulaciones recurrentes. El ex veterano de la guerra de Vietnam ha estado al frente del poderoso Comité de Relaciones Exteriores del Senado desde el 2009 y su padre estuvo también en el servicio exterior. Su nominación ha sido bien recibida incluso por un sector de republicanos. Durante la campaña electoral el tema de la política exterior jugó un papel secundario y el tema económico dominó la agenda del candidato demócrata. Una de las críticas al mandatario estadounidense en su primer periodo al frente de la Casa Blanca fue haberse manejado con “cautela” ante la problemática internacional.

Medio Oriente ha predominado en las prioridades de política exterior de la administración de Barack Obama y seguramente lo seguirá siendo, el problema es cómo se involucrará ahora en el proceso de paz entre Israel y Palestina. Kerry enfrentará el conflicto sirio en una fase de extrema gravedad, en donde todos los esfuerzos diplomáticos han fallado. A estas alturas ya comprobó que Bashar al Asad no cambiará su posición, por lo que se espera el nuevo secretario de Estado asuma una actitud menos contemplativa con el gobierno de Damasco.

Irán y Corea del Norte seguirán en la agenda de prioridades de la administración Obama, por su programa nuclear que sigue siendo una fuente de preocupación, de ahí que el nuevo jefe de la diplomacia estadounidense deba mostrar un poco más de prudencia.

No obstante las prioridades históricas, Washington no quiere descuidar la estratégica región Asia-Pacífico, máxime por el conflicto que se ha generado entre China y Japón por la disputa sobre la soberanía de unas islas en las que presumiblemente se encuentran importantes yacimientos de petróleo y es de esperarse que Estados Unidos refuerce su presencia en la zona. Hay destacar que este conflicto fue ocasionado por Washington luego que en 1941 dejó la administración del archipiélago a Japón, cuando en realidad debió haberlo devuelto a China.

Por lo que respecta a Latinoamérica no se sabe bien a bien que escala de importancia tendrá en la agenda diplomática de John Kerry, pero a juzgar por lo sucedido en la primera administración de Barack Obama, la región seguirá siendo una cuestión secundaria, pero tal vez con algunas variantes si el principal opositor antiestadounidense, Hugo Chávez, no se recupera del cáncer que lo tiene fuera del escenario continental.

Por otra parte, Cuba merece que se exploren nuevos mecanismos para el inicio de acercamientos reales. En este caso, la apertura migratoria masiva decretada por La Habana a partir del 14 de enero es una buena señal.