Entrevista a Abelardo Ávila Curiel/Investigador del INNSZ
Antonio Cerda Ardura
Las deficiencias del sistema alimentario de México causaron un millón 300 mil muertes infantiles evitables en tres décadas, advierte, en entrevista con Siempre!, el doctor Abelardo Ávila Curiel, investigador de la Subdirección General de Nutrición de Comunidad del Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” (INNSZ).
El también coordinador del Foro Nacional para la Construcción de la Política Alimentaria Nutricional en México (Fonan), que se acaba de sumar a la Cruzada Nacional Contra el Hambre puesta en marcha por el presidente Enrique Peña Nieto, reconoce, en entrevista con este semanario, que la mala alimentación causa en México cada año más muertes que el crimen organizado, ya que 200 mil personas fallecen por enfermedades derivadas de la obesidad.
Problema complejo
Según el programa contra el hambre que anunció el presidente, ¿vamos en serio contra ese flagelo o nos vamos a quedar en la retórica?
Obviamente fue una presentación política y no técnica. Leí el decreto que se publicó en el Diario Oficial de la Federación y se trata de generalidades que no permiten precisar si realmente se va a hacer algo efectivo. Pero lo que hay que alabar es que se ponga en primer término este problema tan grave que tenemos y que se reconozca. Ése es un giro muy importante en la política pública. Sí se reconoce que existe el problema del hambre, que no se ha hecho lo adecuado para enfrentarlo y que hay que abrir una nueva etapa, hasta ahí vamos muy bien. Sin embargo, me resulta muy confusa la ambigüedad de la propuesta: simplemente se asigna a 19 dependencias que hagan lo que ya están haciendo, bajo la coordinación de la Sedesol; que se utilicen los presupuestos que ya tienen destinados estas dependencias, y que se coordinen entre ellas, cuando esa coordinación es de, antemano, una obligación.
También yo hubiera esperado que el programa derivara más del Plan Nacional de Desarrollo (PND) y no que lo antecediera, porque el hambre no se debe de ver como una fracción de todo. La gran problemática del sistema alimentario mexicano es que, al mismo tiempo que está produciendo pobreza y desnutrición rural, enfermedades, muertes infantiles y daños a la salud, también nos está generando obesidad y males crónicos, incluso en las mismas zonas, en las mismas familias y hasta en los mismos individuos. Es un desquiciamiento del Sistema Nacional de Salud, porque es imposible financiar el gasto de las enfermedades crónicas, asociadas a la desnutrición en la infancia y después a la obesidad en las siguientes etapas de la vida. Así que el problema es mucho más complejo de lo que se planteó y se dejó entrever, y eso me preocupa. Yo hubiera esperado y sigo esperando que a partir del PND se plantee un proyecto con una visión estratégica y no un plan de coyuntura política o un programa de imagen. La pobreza y la desnutrición siempre se han atendido como programas de imagen y eso nos ha hecho pagar altísimos costos en sufrimiento humano y en bienestar de la población.
¿Cuáles han sido las grandes fallas del sistema alimentario? ¿Por qué esa pobreza alimentaria?
Es que nunca se ha visto como un sistema, ése es el primer problema. El abatimiento del hambre se enfrenta con procesos aislados. Por un lado está la producción de alimentos. Se dice: “Hay que producir alimentos”. Pero luego se señala: “Bueno, no los produzcamos, importémoslos”. Entonces, nos metimos en el laberinto de la importación de alimentos, que porque eran más baratos. Es decir: exportamos productos agrícolas de alto valor, e importamos alimentos básicos. Eso destrozó la economía rural de las comunidades pobres. Se cortaron los flujos de financiamiento y se separó, por un lado, a los campesinos pobres de los campesinos productores, cuando la base agrícola de un país es el conjunto de sus campesinos. No es posible que a los campesinos más pobres se les den transferencias económicas de Oportunidades y a los menos pobres financiamiento del Procampo, y que se produzcan alimentos para exportar, mientras importamos básicos. Desde ahí, ya se desquició el sistema productivo: se generó mucha pobreza rural, que se quiso resolver con las transferencias de Oportunidades, que ya fracasaron, y se destruyó el sistema agrícola, que no sólo es producir alimentos, sino es cuidar toda la ecología. La sustentabilidad biológica del planeta descansa, como bien lo ha señalado insistentemente la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO), en los últimos años, en que los campesinos no son nada más para producir, sino que son la base del ecosistema, de la cultura alimentaria.
Las siguientes fases de la cadena alimentaria también se fueron descuidando. Se permitió, por ejemplo, destruir nuestra rica cultura de alimentos y convertir a México en un consumidor de chatarra, con todo el daño que implica ser la nación con mayor obesidad infantil y con las más altas tasas de obesidad en población general. El mayor daño a la salud provocado por la obesidad no es sólo la obesidad en sí misma, sino la obesidad en personas adultas que fueron niños desnutridos. El daño metabólico es seis o siete veces mayor al que resultaría de la obesidad por sí sola, sin el antecedente de haber sido niños desnutridos. Es decir, dejamos correr todo este tiempo y lo intentamos enfrentar con programas asistencialistas de regalar alimentos o de reparación de daños, cuando ya la población quedó afectada, sin ir a la promoción de un estilo de vida saludable y de una buena nutrición. ¡Hemos generado para el país el peor de los mundos posibles!
Rectoría del Estado
Es como una atomización de esfuerzos.
Destruimos la capacidad del Estado para garantizar el abasto. Fraccionamos el sistema alimentario, lo dividimos y no articulamos toda la producción-distribución-consumo. Ésa es una de las cosas interesantes que se dijeron en la reunión que encabezó el presidente: que el Estado tiene que recuperar la rectoría sobre el proceso de alimentación, pero no para combatir el hambre nada más, sino para generar producción y riqueza, proteger el agua y el medio ambiente, y promover la cultura, la convivencia y la integración de redes sociales. Ojalá que en el PND se pueda reparar este enfoque minimalista, reduccionista, que me preocupa bastante.
¿Hacia dónde tendría que ir este plan? ¿Cuáles son los puntos que debería atacar directamente, para empezar a incidir en la eliminación del hambre?
Tenemos que partir de que el eje de la política pública debe ser la garantía de derechos y no simplemente el otorgamiento de subsidios o de transferencias. Hay que reconocer y garantizar los derechos de los mexicanos para poder articular todo el sistema productivo y generar crecimiento económico y bienestar.
Durante tres décadas, los mexicanos caminamos por la vía errónea de que primero había que estabilizar el mercado, después generar el libre comercio, y luego retirar al Estado de sus funciones regulatorias y de rectoría, porque todo eso nos iba a garantizar el crecimiento. Ya probamos este modelo 30 años y nos costó un millón 300 mil muertes infantiles evitables. Sólo el sexenio pasado, nos costó medio millón de muertes por diabetes y otro medio millón por otras enfermedades derivadas de la obesidad.
Hay que invertir esa situación.
Lo que tenemos que hacer es invertir ese eje, como lo han hecho, de manera exitosa, otras naciones. Citaría a los países escandinavos, pero también podemos ver el giro tan interesante que dio Brasil y que están dando otros pueblos de América Latina al transferir el eje del bienestar hacia los derechos a la salud, a la alimentación, a la vivienda digna y a la educación. Ésa tendría que ser la lógica que articule todo el sistema productivo para poder generar crecimiento económico. El mejorar las condiciones de vivienda, de alimentación, de salud y de educación, activando, a la vez, el mercando interno y una política social que realmente se base en el bienestar y no en la reparación del daño, nos puede permitir el crecimiento económico.
Sobrepeso y obesidad
Esto que usted dice significa que el hambre causó más muertos que el hampa, que la delincuencia.
No son competencias y no son base de comparación, pero en los últimos 30 años de esta política, la sobretasa de mortalidad en México, por no atender a la infancia como algo prioritario, nos significó un millón 300 mil muertes evitables.
No llevo la contabilidad de las muertes por la delincuencia, pero sí llevo la contabilidad de las muertes infantiles evitables, de la sobremortalidad infantil por ineficiencia del sistema alimentario y de salud. A eso me dedico. Son un millón 300 mil muertes en 30 años de este enfoque de la política y de la gravísima epidemia que está produciendo la obesidad. En México, 200 mil personas mueren cada año por enfermedades derivadas de la obesidad. Tenemos una población que tiene ya más del 70% de sobrepeso y obesidad en adultos. Así que celebro que se reconozca que es un problema grave, pero lamento que no se le haya dado realmente un enfoque integral para que haya un proyecto de nación con viabilidad, que es lo que otros países ya han estado haciendo y nosotros nos hemos tardado demasiado en hacer.
