No sabe a dónde ir
René Avilés Fabila
He tomado prestada una frase aguda de un colega porque el PAN, luego de un par de asombrosos éxitos (doce años en Los Pinos) y de un fracaso rotundo que lo condujo al último lugar de los tres partidos más importantes, no sabe si ir a misa a rogarle a Dios por su subsistencia o intentar lo imposible: ser un partido de masas. Los conservadores mexicanos tienen la tendencia a ser elitistas, han llegado al poder por razones peculiares y una vez allí han buscado ayuda externa como en el pasado o han buscado un caudillo salvador (Vicente Fox).
No deja de ser asombroso que un partido que logró sacar al PRI de Los Pinos luego de unas seis décadas en el poder, se haya convertido en una piltrafa. Con escasos militantes y ahora sin los adherentes que más bien fueron oportunistas en busca de empleo, Gustavo Madero realmente no sabe qué hacer salvo emitir juicios torpes y con un lenguaje de carretonero. No parece estar preparado para reconstruir el partido. La severa realidad es que el PAN carece de teóricos, de intelectuales y de políticos experimentados capaces de crear una serie de proyectos tendientes a la reconstrucción y reformación de añejos principios que hoy para nada sirven.
Un ejemplo es un texto publicado por la senadora panista Laura Rojas, cuyo sólo título muestra la pobreza política de sus militantes. Más en la tónica de la experta en discursos de autoayuda, Josefina Vázquez Mota, se llama “Renovar nuestro liderazgo. Viaje al corazón de los panistas”. Bajo tal título, digno de Corín Tellado, expone más adjetivos cursis que argumentos sólidos.
El regreso del PRI, de muchas formas espectacular, ha creado confusión en la oposición: a unos los atrae y firman pactos conjuntos, mientras que a otros los obliga a proponer cualquier cantidad de sandeces, como es el decálogo amoroso y sublime de Andrés Manuel López Obrador para consolidar una república donde no haya odios sino puro cariño entre todos los mexicanos. Tendrá que comenzar él mismo a dejar el discurso rencoroso contra quienes o lo derrotaron o lo abandonaron.
Pero cómo espera el PAN recuperar su prestigio del año 2000, si ahora sabemos que fueron inútiles críticos de la corrupción priista y de la perredista, toda vez que ya en el poder no fueron pocos los que se dedicaron a hurtar dineros oficiales y a hacer negocios al amparo del poder. Está visto que sólo yendo a misa podrán al menos limpiar su alma de pecados. De lo contrario terminarán ardiendo en el Infierno, como lo estarán quienes antes de concluir el sexenio de Felipe Calderón dieron las últimas disposiciones para que el dinero llegara hasta ellos.
Gustavo Madero no deja de hablar y pocas veces logra decir algo inteligente. Juan Molinar Horcasitas, tan lleno de odio como Madero, ya ha formado dos comisiones: una para indagar casinos, es decir, investigar a sus correligionarios, la otra para vigilar a Peña Nieto. Con rigor, ambas son inútiles y tontas. Dichas tareas tendrían que ser obligaciones naturales del partido, un partido que no sabe a dónde ir. Y si tomamos en cuenta que la señora Vázquez Mota aspira a seguir en la política de su partido, pues, estamos ante un caso de fracaso total.
Algunos periodistas señalan que quizá la presencia de la esposa del expresidente Felipe Calderón podría ser salvadora. Indudablemente es una mujer con talento, inteligencia y con un discurso impecable. ¿Pero tratará de salvar el partido al que su marido contribuyó a hundir o dejará de lado, con la cautela que la caracteriza, al exmandatario en Harvard? No sería una mala posibilidad. Por ahora no hay nadie en el PAN que pudiera salvarlo de sucesivas aplastantes derrotas. De cualquier manera, no será fácil reconstruir al PAN. Si antes Manuel Espino le pedía volver a sus orígenes, ahora tendría que decirles que entraran a cirugía mayor.
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