Energía es igual a masa por velocidad al cuadrado

Marco Antonio Aguilar Cortés

Mileva Maric y Albert Einstein se casaron el 6 de enero de 1903. Fueron compañeros de clase, después amantes y, posteriormente, con el matrimonio formalizaron su relación. En el Politécnico de Zurich, como en sus anteriores colegios, Mileva era la más aplicada.

Einstein la escogió por inteligente. El cerebro de Albert trabajaba muy bien en los fenómenos físicos, pero era pésimo para la matemática. Maric era en esos tiempos, como alumna, superior en ambas materias.

Una vez casados, Mileva abandonó sus estudios, mientras Einstein proseguía los suyos con la ayuda de su esposa, tanto en las tareas hogareñas como económicamente y en algunos aspectos académicos.

Tiempo después, con ese tipo de funciones, Albert logró la genialidad, y Maric las enfermedades de diversa índole. La original, acertada y conocida fórmula de E=mxc2 fue escrita por la mano femenina de Mileva.

El 14 de febrero del 1918, después de un largo y tormentoso proceso de divorcio, se disolvió el vínculo matrimonial entre Einstein y Maric. Dentro de las cláusulas del convenio respectivo se introdujo el ofrecimiento de que “si algún día se me otorgara el Premio Nobel, desde ahora lo cedo en su totalidad a Mileva Maric y a los hijos que con ella he tenido: Hans Albert y Eduard…”, cesión que fue aceptada por la contraparte, convirtiéndose dicho acuerdo en cosa juzgada.

Para aquel año, la cantidad de dicho premio era de 135 mil coronas suecas, y el ofrecimiento del marido que quería el divorcio consistía en una garantía de esperanza, en una hipótesis, acaso una expectativa de mucha controversia.

Aunque el Premio Nobel que le fue otorgado en Física a Albert Einstein correspondía al año 1921, le fue entregado hasta el 1922, y no se lo dieron por sus logros sobre la relatividad, tanto especial como general, sino “especialmente por su descubrimiento del efecto fotoeléctrico”, y su importe fue de 121 mil 572 coronas suecas.

Y esa cantidad, en ejecución de sentencia, fue entregada a Mileva Maric y a sus dos hijos, escribiéndoles Einstein al respecto: “Vais a ser todos tan ricos qué puede que un buen día tenga que pediros un préstamo”.

Con ese dinero la madre de los jóvenes Einstein adquirió en Zurich tres casas, las que convirtió en varios apartamentos de alquiler, y los que más tarde malbarató para hacer frente a las costosas y graves enfermedades de Eduardo, el menor de los hijos, quien murió internado en una clínica para esquizofrénicos en 1965.

Eduardo decaía constantemente en depresiones, y en una de ellas su papá le sugirió en una carta: “… busca trabajo, ya que hasta un genio como Schopenhauer se vio aplastado por el paro. La vida es como montar en bicicleta. Si quieres mantener el equilibrio no puedes parar…” Le recomendaba, además, “jugar amorosamente con mujeres jóvenes”, ya que Eduardo solía enamorarse de mujeres mayores a él, un rasgo que parece heredado de su propio padre, quien resultaba menor que Mileva Maric.

Albert Einstein resulta ser prototipo de un ser humano extraordinario, cuyas aportaciones para la física influyen en todo conocimiento humano; obsérvese que en la política actual, y más en la mexicana, opera la fórmula: energía es igual a masa por velocidad al cuadrado.