Agustín Cadena
Decía Oscar Wilde que toda crítica es una forma de autobiografía. Ahora, toda antología es una forma de crítica, ya que es una selección de lo mejor. ¿Qué será entonces una antología personal sino un ejercicio extremo de autocrítica y por tanto de autobiografía?
Tal es el caso de El engaño colorido (edición corregida y muy aumentada), de Juan Antonio Rosado. Ciertamente, se trata de una antología personal, aunque parcial pues reúne sólo la obra crítica de un autor que, al margen de este trabajo, ha desarrollado un expediente narrativo sólido. Ante tal limitación, me viene a la mente otro concepto: el de autobiografía literaria; es decir, El engaño colorido puede leerse, independientemente del interés que muchos de sus temas puedan despertar, como un itinerario o, mejor aún, como una bitácora en el sentido naval del término. Para todo aquel que desee profundizar en la obra de Rosado, es una herramienta invaluable: proporciona un panorama puntual de las pasiones literarias, filosóficas y hasta políticas del autor.
Desde el inicio, nos da la clave de cómo leerlo. Habla de cuando los libros que leemos nos convierten en otros, de dialogar con la obra, y concluye que “el ensayo literario es la expresión del diálogo con la literatura”. El engaño colorido es, entonces, un libro de diálogos. Eso es lo que le interesa al autor ante todo: escuchar lo que una obra literaria o el mundo tiene que decirle y responder lo que él piensa. Y, más que invitarnos, nos provoca a que hagamos lo mismo. Quien lo haya leído sabe a qué me refiero: Rosado es uno de esos escritores con los que no es posible ser neutral; se está de acuerdo o se está en contra de su pensamiento, pero no se queda uno en medio, no puede; la suya no es una escritura cómoda ni fácil: provoca al diálogo y, ya en éste, exige tomar partido.
Así es cada pieza que conforma este libro. Se trata de textos variopintos, publicados a lo largo de muchos años en revistas y suplementos, y reunidos ahora en un volumen, aun cuando pueden referirse a temas tan lejanos entre sí como el hombre del subsuelo dostoievskiano y la guerra del Golfo Pérsico. En relación con esto, apunta el autor: “La unidad brota en y de la diversidad”. No es mera retórica. Claro que hay unidad en los escritos: es la unidad que viene de una voz congruente, de una visión del mundo que se proyecta con la misma determinación a la obra de Juan García Ponce que a los casos de pederastia registrados en el seno de la Iglesia Católica.
Para facilitar la navegación a través de esta unidad en la diversidad, el libro se divide en cuatro partes que dan cuenta de cuatro grandes áreas hacia las cuales se ha proyectado la agudeza reflexiva del ensayista: los mitos, los problemas teóricos de la representación, las contiendas que se llevan a cabo en el acontecer nacional y global, y el diálogo con autores favoritos y largamente estudiados.
Todos, como lo explica el autor, son ensayos elaborados a partir de una visión ritual de la escritura. Es el rito de la esgrima de la inteligencia.
Juan Antonio Rosado, El engaño colorido (segunda edición), Editorial Praxis, México, 2012; 330 pp.

