Juan Antonio Rosado

En una entrevista de 1997, el poeta y traductor Rubén Bonifaz Nuño sostuvo que todos los tiempos han sido terribles, pero que en el nuestro, como somos más en el mundo, se han exagerado muchos defectos. El papel del poeta no es desempeñar algo preciso, ya que no se trata de un político, es decir, no tiene una manera de actuar. Para Bonifaz, el poeta divierte y da alegría: “el papel del poeta es el mismo que ha tenido desde antes, el de ser una especie de payaso elegante que divierte a los lectores”. Su limitado papel, sin embargo, no es ni frívolo ni desdeñable: es un acto de libertad y no un “trabajo”. El autor de El ala del tigre o El manto y la corona, el traductor de Ovidio, Virgilio, Catulo, Propercio y Homero no estuvo nunca cerca de la superficialidad ni consintió en la frivolidad, a pesar de considerar la poesía como una diversión. Así lo da a entender por lo menos cuando refuta a quienes han tachado El arte de amar de Ovidio como un texto superficial: “Visto frívolamente, El arte de amar, con su poema complementario, los Remedios del amor, es una obra frívola”. Para el traductor, el libro de Ovidio es un fruto maduro “muy lejos de agotarse en la pura superficialidad que generalmente se le atribuye”. Finalmente, si leemos con frivolidad una estrofa de Bonifaz Nuño como la que citaré a continuación, podría parecernos frívola, pero bien leída resulta un sicológico y profundo cuadro de emociones humanas, es decir, de contenidos sustanciales y, por tanto, universales: “Cuando coses tu ropa,/ cuando en tu casa bordas, inclinándote/ muy adentro de ti, mientras la plancha/ se calienta en la mesa,/ y parece que sólo te preocupas/ por el color de un hilo, por el grueso/ de una aguja, ¿en qué piensas? ¿Qué invisibles/ presencias te recorren, que te vuelven,/ más que nunca, intocable?”. El corazón de la mujer se enciende y hace que el mundo, nada menos que el mundo, necesite de las cosas que hace, y en todo lo que hace, en esa cotidianidad se descubre “un secreto” y se aclara una respuesta: “Una sombra se explica”. Así es mucha de la poesía de Bonifaz Nuño: el disfraz oculta la profundidad del ser humano.