Revelan dos estudios

René Anaya

Dos investigaciones recientes, una publicada en Biblioteca Pública de la Ciencia (PLoS ONE, por sus siglas en inglés) y otra en Anales de la Academia Estadounidense de Ciencias (PNAS, por sus siglas en inglés), informan de la presencia de bacterias en nubes, que podrían desempeñar un factor importante en el cambio climático e, inclusive, en la transmisión de enfermedades infecciosas en la población.

Ambos estudios, publicados en enero, por grupos de investigadores distintos, abren la perspectiva de estudiar el papel que pueden tener las nubes en los procesos biológicos y en lo ecosistemas, ya que podrían modificar las concepciones sobre el origen y evolución de la vida en la Tierra.

 

Las condiciones más extremas de vida

Aunque se han encontrado bacterias en lugares que parecerían inapropiados para la vida, como ambientes con poco agua, muy ácidos o muy alcalinos, a grandes presiones en el fondo del mar, hipersalinos, a tres mil metros bajo la tierra, en sitios muy fríos o por arriba de los 80 grados Celsius, se creía que ese tipo de bacterias, llamadas extremófilas, no podrían vivir en medios con condiciones muy difíciles, sujetas a diferentes factores ambientales, como son las nubes de tormenta.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, se interesó en estudiar el granizo procedente de las nubes de una tormenta, con la finalidad de investigar qué contienen esas nubes. Se sabía que las fuertes corrientes ascendentes, rotaciones, vórtices, tornados y remolinos que se generan en las capas bajas de la atmósfera transportan elementos de la tierra y el mar a las nubes, que son efímeras y prácticamente inaccesibles.

Por esa razón, los científicos encabezados por Tina Šantl Temkiv obtuvieron muestras de granizo recogido después de una tormenta caída en mayo de 2009, con lo que realizaron la primera investigación geoquímica completa de una nube de tormenta. Encontraron, además de compuestos orgánicos, tres grupos de bacterias: Proteobacteria, Sphingobacteriales y Methylobacterium, que comúnmente viven en las plantas terrestres.

Este hallazgo de bacterias sujetas a condiciones extremas (frío, calor, viento, diferentes presiones y cambios ambientales, entre otros) permite suponer que el efímero ciclo de vida de una nube puede desempeñar un papel importante en la distribución de los microorganismos en el planeta, ya que viaja muchos kilómetros antes de regresar a la tierra con la lluvia en otra región del planeta.

Los investigadores señalaron en PLoS ONE, que “la acumulación de fuertes evidencias apunta a un proceso de selección de bacterias en el curso de la formación de nubes, las cuales probablemente impactan el transporte a larga distancia y la distribución global de las bacterias. Nuestro estudio de granizos indica que las nubes de tormenta son de los hábitats más extremos de la Tierra, donde puede haber vida”.

 

Nubes bacterianas en el cambio climático

En otro estudio sobre la composición de las nubes se obtuvo un hallazgo semejante. En 2010, el proyecto Genesis and Rapid Intensification Processes, de la Agencia Estadounidense de Aeronáutica y del Espacio (NASA), tomó muestras de la troposfera (situada entre seis y diez kilómetros de altitud) sobre el mar Caribe y el océano Atlántico, durante y después de los huracanes Karl y Earl.

Estas muestras fueron analizadas por científicos del Instituto de Tecnología de Georgia, Estados Unidos, quienes detectaron que la quinta parte de las partículas que se encontraron en la troposfera correspondieron a bacterias. “No esperábamos encontrar muchos microorganismos en la troposfera, que se considera un entorno difícil de vida”, refirió Kostas Konstantinidis, profesor adjunto del Instituto y coautor del estudio. Ante esos resultados, consideró que podría haber una amplia variedad de especies en la troposfera, aunque no todas lograrían sobrevivir.

Los investigadores emplearon técnicas avanzadas de secuenciación genética para detectar la presencia de microorganismos y estimar su cantidad, sin recurrir a los procedimientos convencionales y tardados de cultivo celular. Con ese procedimiento identificaron 17 grupos de bacterias, algunas de las cuales aprovechan los compuestos de carbono que existen en la atmósfera, “lo que indica que esos organismos poseen características que les permiten sobrevivir en la troposfera”, refirió Konstantinidis.

Los investigadores han planteado, en su artículo publicado en PNAS, que las bacterias podrían influir en la formación de gotas de hielo y agua, por lo que podrían ser un factor importante en el ciclo hidrológico, en las nubes y en el clima. Además, consideran que el estudio del transporte de bacterias por la troposfera podría determinar si el viaje de estos microorganismos en las nubes interviene en la conformación del modelo geográfico de la transmisión de enfermedades infecciosas.

En la investigación se señala con cautela que aún se desconoce mucho sobre las comunidades bacterianas que viven en las nubes: “poco se sabe de su composición, distribución espacial y variabilidad temporal, así como de su capacidad de adaptación al entorno”. Lo que sí es cierto es que las dos investigaciones mencionadas abren nuevas líneas de investigación sobre las condiciones extremas de vida y sobre factores que influyen en el cambio climático y en la propagación de infecciones.

reneanaya2000@gmail.com