Alejandro Alvarado
En una selección de lo que considera lo mejor que ha escrito en los últimos años, Alberto Chimal presenta el libro de ensayos La generación Z y otros ensayos (conaculta). Una de las características de la obra es su relación con algunos temas raros de ciertos autores extraños. Destaca en todos los textos la presencia de la idea de la resistencia, la de diversas maneras para su propia supervivencia pero también para encontrar sentido al mundo, o, simplemente, para que un autor o el ser humano en general encuentre esos asideros, esa capacidad de perdurar, ade resistir. El ensayo que comienza este libro, comenta el autor, “tiene que ver con lo que yo veo de la evolución de mi generación. A mí me parece que ella se vio entorpecida, golpeada por los acontecimientos del cambio de siglo, y me parece un ejemplo de cómo se logra esta supervivencia en el terreno de la escritura. Varias personas que conozco (quizás es también mi caso) sobreviven a esta transformación de la actualidad teniendo que modificar sus maneras de escribir, que son, a fin de cuentas, sus maneras de relacionarse con el mundo. Alguno escribía ciencia ficción y se pasó a escribir policiaco, otro escribía literatura y se pasó al periodismo. Muchos de los que me parecen más relevantes de la generación, de alguna manera, terminan, cesan por completo, una primera etapa y regresan después muy modificados y cambiados por esa experiencia como de finalización. Son a los que llamo la generación Z. Z por zombi, el muerto retornado”. —A partir de su generación, ¿hay un cambio en la estructura al escribir? ¿Los escritores manifiestan ya una visión diferente del oficio? —Todo se debe a un proceso gradual. Los que más vamos a ver que escriben distinto, cómo se relacionan con el lenguaje, con el mundo, no van a ser ni los nacidos en los ochenta ni en los noventa sino los nacidos ya en el 2000, aquellos que no conocieron un mundo sin Internet, que no conocieron un mundo sin dispositivos digitales. Ese es el gran cambio de nuestra época, porque muy profundamente va a seguir con nosotros durante mucho tiempo y, obviamente, en la medida en que implica también una relación distinta con el lenguaje, con la escritura, también implica una relación distinta con el pensamiento. —¿Opina usted que se incorporarán a las nuevas formas de escribir y de leer modificaciones que serán muy fugaces porque dependen de prácticas, de estructuras de servicios que son también muy fugaces? —Hace cinco o seis años habría parecido como muy fundamental, muy importante el modo en que un sitio restringido podía impulsar ciertos modos de comunicación. Eso va a suceder tarde que temprano con facebook, con twitter o con cualquiera de estas herramientas que están utilizándose y ahora parecen muy importantes, pero lo que sí va a modificarse caramente es el hecho de que nos vamos a ir acercando a la escritura por medio de lo digital y no de lo impreso, y eso va a implicar una serie de cambios tan profundos como los que implicó hace quinientos años el que la escritura occidental dejara de tener la escritura manuscrita como forma fundamental de comunicación y pasara a la imprenta. En aquel entonces también se dieron cambios profundísimos, una serie de modificaciones que ahora ya no las vemos como transformaciones sino como lo normal, y todas ellas determinaron también una serie de modificaciones del lenguaje de la escritura y de todo lo demás. Fue un cambio verdaderamente profundo y violento igual a como sucede ahora. Yo creo que probablemente nuestros hijos o nuestros nietos sí van a ver un lenguaje que empezará a sentarse en una versión muy diferente de la nuestra; bueno, no muy diferente pero sí claramente diferente, y, además, un lenguaje que será una marca de ciertas edades sino que lo van a aprender y a hablar todos. En lo personal, considero que yo pertenezco a la primera generación digital o a la última generación analógica. Aunque podría pensar que soy de la primera. Tuve forzadamente que adelantar mi acceso a lo digital porque con lo impreso, por razones físicas, nunca me llevé bien: mis dedos son muy delgados y, por lo mismo, en las máquinas de escribir que tenía al alcance cuando era chico se me trababan los dedos. En ellas jamás pude escribir bien, era cada tanto pelearme con el objeto; no era muy estimulante, y cuando empecé a conocer los dispositivos digitales, las primeras computadoras chafísimas que había entonces, con sus monitores de un solo color, de esos verdes, fueron las primeras conque yo trabajé. Desde entonces, mi relación con el texto y la relación con la escritura es distinta, totalmente diferente. Como muchas personas yo todavía tengo un gusto fetichista por el libro, por la textura y el peso. Me parece que de muchas formas es una experiencia más agradable y más fácil que leer en la pantalla. —¿Cree usted que la tecnología, de alguna manera, encuentre cómo facilitarnos la lectura en una pantalla? —Los lectores del libro digital que hay ahora, en muchos casos tienen cierto tipo de pantalla que no es tan agresiva para la vista como sí lo es el monitor. La tendencia creo que es tratar de duplicar, hasta cierto punto, la experiencia de la lectura en el libro impreso dentro del medio digital. Fue exactamente lo que pasó cuando apareció la imprenta: simplemente, cambió el modo y la forma que se tenía de hacerlo; pero la forma ya estaba fijada desde entonces, la imprenta no la cambió, quizá porque la gente ya estaba acostumbrada a ella, sólo se adaptaron ciertas modificaciones. Aunque los cambios que se dan por la tecnología los vemos muy contundentes y a veces muy inquietantes, la mente, las sociedades humanas no funcionan como funciona una empresa de software: una actualización de una modificación importante no implica la obsolescencia de todo lo demás. Continuamos hablando en lugar de comunicarnos nada más por escrito, seguimos utilizando la pluma y el teclado. Los teclados electrónicos son una derivación de los teclados mecánicos. Durante la gestación, el cuerpo del embrión va transformándose y pasando por etapas similares a los diferentes estadios de la evolución. En cierto momento parecemos peces, en otro parecemos reptiles y en uno diferente parecemos mamíferos. Todos esos estadios se incorporan en el cuerpo humano cuando ya nacemos. La tecnología que viene de atrás, en cierta forma la estamos arrastrando. No la desechamos del todo; va desvaneciéndose, va cambiando nuestra relación con nuestra vida cotidiana, pero no desaparece.
