Su argumento se apagó
René Avilés Fabila
Hasta hace algunos años, tanto en México como en el extranjero, había claridad acerca de lo que significa el concepto político izquierda. De pronto, al derrumbarse el socialismo encabezado por la Unión Soviética, con todo y muro de Berlín, la palabra se diluyó, se hizo enigmática, casi invisible. Pero si en diversas naciones existen partidos socialistas y comunistas encargados de más o menos representar a la izquierda, en México no quedó más que un enorme hueco. El vacío. Los comunistas comenzaron a desteñirse y del rojo fuego pasaron al rosa mexicano.
Al recordar mis largos años de militancia comunista, me da la impresión de que era lo que finalmente deseaban aquéllos que tuvieron el deshonor de sepultar a medio morir el comunismo mexicano.
Los nuevos tiempos de globalización han modificado todos los valores políticos y económicos. Ahora los comunistas son los conservadores y los derechistas que defienden con empeño la economía de mercado, la avanzada, la vanguardia universal. El capitalismo ha triunfado por completo.
El proyecto marxista se bate en retirada en todos los frentes, incluidos los países que todavía se declaran poseedores de tal ideología como China, Vietnam y Cuba.
Me parece que de modo muy apretado y polémico podríamos hablar de un estalinismo en Corea del Norte, lo cual no ayuda mucho al generoso y abierto pensamiento de dos científicos sociales alemanes: Marx y Engels, al que enriquecieron multitud de filósofos, poetas, combatientes y políticos.
He escrito multitud de artículos académicos sobre el tema para mi universidad, la UAM-X, pero no quedo satisfecho. Es un tema complicado y desconcertante para los lectores.
No hace mucho —unos días—, un alumno avanzado me dijo: “Profesor, lo admiro como novelista y periodista, pero no entiendo porqué siendo usted de izquierda critica tan severamente al hombre más cercano a la izquierda: Andrés Manuel López Obrador”.
El primer impulso fue responderle que jamás he considerado a un expriista como izquierdista. Pero sus palabras, expresadas con cortesía y amabilidad, me dejaron pensativo. Algo es muy evidente: el PRI, con Manuel Ávila Camacho, inició un lento camino hacia la derecha. Hoy no hay gran diferencia entre un distinguido priista y un no menos elegante panista, salvo en que este último está sumido en la derrota. Tampoco la veo con un perredista radical como Ricardo Monreal, por ejemplo.
En una apresurada conclusión por falta de espacio, veo que la lucha política en México es por el centro. El PRI intenta, como suele hacerlo, colocarse en una posición centrista, el conservador PAN hace esfuerzos por acercarse al centro y el PRD ya se aburrió de fingirse izquierdista, de tal manera que se mira a sí mismo como de centro-izquierda. Pero en rigor de izquierda ya no tiene ni el vocabulario.
Queda López Obrador. Dice que es radical. Sí, pero radical en qué o para qué. Ni siquiera su lenguaje lo es. Nunca leyó a los grandes teóricos de tal ideología. Su argumento —de primero los pobres— se apagó. Ahora todos lo usan y no es marxista sino cristiano. Ah, claro, lo de no privatizar el petróleo. ¿Eso es todo? Buscaré a mi alumno para preguntarle por qué considera a López Obrador como el más cercano a la izquierda.
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