Entrevista a Elio Masferrer Kan/Investigador de la ENAH

Antonio Cerda Ardura

Mientras los grupos de poder dentro y fuera del Vaticano se mueven y filtran datos sobre quién pudiera ser el posible sucesor del papa Benedicto XVI, y hasta los corredores de apuestas internacionales hacen de las suyas abriendo en la red Internet juegos de azar sobre el nuevo pontífice, Joseph Ratzinger sigue tejiendo su estrategia para dejar el trono de San Pedro a uno de los suyos.

En entrevista con Siempre!, el profesor Elio Masferrer Kan, investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, señala que la renuncia de Benedicto XVI al papado es una muestra de gran imaginación política, porque constituye una especie de golpe de Estado interno en el vaticano para que quede un sucesor que esté en su línea.

A pesar de todas sus enfermedades, dice, Ratzinger tiene la fuerza necesaria para armar la sucesión.

 

Movimiento calculado

¿Qué podemos pensar que haya atrás de la renuncia del Papa?

Es un movimiento muy bien calculado, porque los integrantes de la curia romana, de manera particular los italianos, han tenido un comportamiento algo mafioso que abarca, por decirle lo menos, desde lavado de dinero, hasta sobregiros y recargos en las facturas. Así que el Papa trató de parar todo eso, pero ya no puede, no tiene fuerza política para hacerlo y por eso está renunciando. Es una especie de golpe de Estado interno. Una forma simple de explicarlo es que durante poco más de siete años de su gestión, Joseph Ratzinger supo que se moría en el cargo o quedaba decrépito, así que fue armando un cónclave en el que fue metiendo a gente de su línea. De manera que lo que está haciendo es tratar de reforzar a su grupo antes de que se lo coman. Recuerde que hace un año salió un artículo extremísimo, de L’Osservatore Romano, cuyo título era: “Un pastor rodeado de lobos”, que, incluso, decía que al Papa lo querían asesinar. “Bueno, ¿y quiénes son los que quieren asesinarlo?”, y señalaba: “Pues los grupos de poder en el interior del Vaticano”.

¿Entonces la argumentación de sus enfermedades es sólo un pretexto?

Digamos que es parte del asunto, pero no quiere tampoco transformarse en un payaso. Él sabe que no puede controlar a la curia romana y renuncia. Estamos hablando de la dignidad de un jefe de Estado y un jefe de Iglesia. No es lo mismo que cuando uno dice: “No quiero que mi familia me vea enfermo”, etcétera. Sin quitarle importancia a ninguna persona, hablamos de alguien que tiene otra dimensión, de la dignidad del poder también.

¿De alguna forma se puede plantear que está siendo expulsado por la mafia?

Digamos que la mafia lo tiene cercado y, entonces, a él no le queda de otra más que salirse para que entre otro con más fuerza, más joven, para que haga las reformas que él quiso hacer y pudo hacerlas sólo parcialmente.

¿Cuál va a ser el efecto de esta renuncia en la curia mexicana, en lo particular?

No mucho, pero no podemos descartar que los sectores de la Iglesia católica que en su momento apoyaron a Marcial Maciel, que hoy en día están protegiendo a pederastas, etcétera, si llega alguien con más fuerza en la propia línea de Benedicto XVI, se van a debilitar. Me refiero a un Norberto Rivera, con todas sus cosas, etcétera.

¿Vería usted algún papable mexicano?

No, no, no. ¿Para qué vamos a especular? Hay algunos medios que como para darles su coba dicen que éste y aquél, pero no. Mire: el papa será uno de habla inglesa, o está entre los italianos que quieren reconquistar el poder, y los anglos que dicen que el fracaso es por culpa de los italianos que manejaron mal las cosas. Entre ellos está.

¿Descartaría a gente como Leornardo Sandri, que fue nuncio apostólico en México, y a los cardenales brasileños?

Sandri nació en Argentina, pero es hijo de padres italianos. Entonces, para los italianos, es italiano.

Entonces tendría posibilidad.

Sí, por supuesto. Y el de Brasil, el arzobispo de Sao Paulo, Odilo Pedro Scherer, que es uno de los que suenan, es hijo de migrantes alemanes. Entonces, para los alemanes, él es alemán. Sí juegan estos latinoamericanos, hijos de europeos y que hablan alemán o italiano como lengua materna. Pero, en general, no hay ningún candidato realmente latinoamericano, digamos, fuerte.

 

Se sale antes de un show

¿No pasa la Iglesia católica por un momento muy complicado como para que renuncie el Papa?

No. Lo que pasa simplemente es que Benedicto XVI vio la correlación de fuerzas y la composición del cónclave. Como él designa a todos los cardenales que van a votar por el sucesor, entonces dijo: “Bueno, con esta correlación de fuerzas queda gente de mi lado”. Lo demás es una especulación, no es que le duela la cabeza ni que tiene artritis. Todo eso puede ser cierto, pero no va a hacer el show que hacía Juan Pablo II, que lo iban empujando porque ya no caminaba. Lo podría haber hecho, pero él sabe que si hacía esas cosas que hizo Karol Wojtyla, iba a perder el control como lo perdió su antecesor. Entre el secretario particular del anterior pontífice, el polaco Stanisław Dziwisz; el español Joaquín Navarro Vals, del Opus Dei; Angelo Sodano y el mismo Ratzinger, entre los cuatro manejaban el Vaticano y Juan Pablo II ya ni firmaba, sino que marcaban sus decretos con el sello ese que tienen. Así que es probable que haya dicho: “No, yo no voy a hacer el ridículo”.

¿Esta renuncia es señal de un papado débil?

No, está fuerte. Por eso es que no se muere en el cargo. Se vio a futuro débil y, antes de quedar así y hacer el ridículo, pensó mejor en pasar la estafeta a otro con más fuerza. Tiene fuerza para armar la sucesión, es lo único que le queda. De alguna manera es un golpe de Estado interno, hecho por el propio papa para que quede un sucesor que esté en su línea. La moneda está en el aire y a ver cómo le resultan las cosas. Es un golpe audaz, la primera renuncia de un papa en 598 años. Eso muestra a alguien que tiene imaginación política.