La casualidad—y, sobre todo, los centenares de heridos y daños materiales que dejó tras de sí el meteorito que cayó en los Urales—ha elevado para muchos a la categoría de amenaza lo que hasta ahora era una curiosidad celeste o un buen argumento de relato de ficción. La coincidencia de los dos asteroides “ha encendido las alarmas de posibles impactos dañinos y la necesidad de esforzarnos en la búsqueda de este tipo de objetos y en los métodos posibles de su neutralización, que es algo aún sin resolver”, reflexiona Agustín Sánchez-Lavega, astrónomo de la Universidad del País Vasco especialista en el Sistema Solar.
Los científicos de todo el mundo están analizando datos sobre las dos rocas celestes. El estallido que provocó el meteorito que cayó en los Urales, un objeto de 10 mil toneladas, fue captado por la red de detección de ultrasonidos; sismógrafos en todo el mundo registraron el fenómeno y el estallido en el aire fue visto por un satélite meteorológico. “El objeto viajaba a una velocidad de 64 mil kilómetros por hora y debió generar miles de fragmentos”, señala Joseph María Trigo, científico del CSIC en el Instituto de Ciencias del Espacio de Barcelona.
En cuanto al asteroide que se acercó el pasado 15 de febrero, Trigo comenta: “En cuanto a su composición, podría tratarse también de una contrita ordinaria. El asteroide no se ha roto al pasar junto a la Tierra, pero ha cambiado su órbita (por el impulso adquirido con la gravedad terrestre), por lo que, a partir de 2040, podría acercarse mucho otra vez y suponer un peligro”.
Lo que está claro es que los sistemas de vigilancia del cielo son insuficientes, es decir, tienen grandes huecos. El 2012 DA14 se vio, se calculó su órbita y se determinó que no había riesgo de colisión. El otro, el de Rusia, no solo era más pequeño (un tercio del diámetro) y, por lo tanto, más difícil de detectar, sino que llegó por la cara solar, lo que impide que los telescopios en tierra lo vean. “Habría que desarrollar otros sistemas de vigilancia desde el espacio”, dice Trigo
Los objetos del rango del que entró sobre los Urales son muy numerosos en el cielo y muy difíciles de detectar, han advertido los expertos de la NASA.
Objetos y destellos
Asteroide: objeto rocoso más pequeño que un planeta normalmente, en la zona interna del Sistema Solar (hasta la órbita de Júpiter). Se clasifican en tres tipos por su composición: metálicos, ricos en carbono o rocosos.
Meteoro: objeto celeste que, al entrar en la atmósfera terrestre, se quema y vaporiza, generando un destello y/o una estela luminosa.
Meteorito: objeto celeste que no se desintegra al entrar en la atmósfera y llega al suelo del planeta. Algunos meteoritos muy pocos, son rocas arrancadas de Marte.
Estrella fugaz: pequeño meteroro (grano de polvo o piedrecita) que forma una estela luminosa apreciable en el cielo nocturno.
Alicia Rivera/ElPaís/redacción/bbb
