María Rosa Palazón Mayoral
El ayer. Tuvimos días optimistas, de pajarillos libertarios, un grupito de recién casados; habíamos dado frutos pequeñitos y llorones. Cada vez que la dominación mostraba la jaula donde quería encerrarnos, la bravura de nuestra reyerta se subía por las paredes. Éramos de la generación de los 60 y 70. Cuando escuchábamos las lecciones del Dr. Adolfo Sánchez Vázquez, un maestro que gustaba mucho de García Lorca y de su metáfora del toro bravo y de pelea. Nos adentramos en su Seminario sobre la Estética Marxista, en los semiólogos, los formalistas rusos, los estructuralistas y sobre tantos filósofos de Oriente y Occidente afincados en la sensibilidad y en las artes. Fuimos una parte sustancial de los toreros de primera línea, habíamos disfrutado tanto cada diálogo entre nosotros y nuestro Doctor-maestro, que éramos incapaces de separarnos: seguíamos compartiendo, ahora el pan y la sal, en compañía de nuestras parejas: Gabriel Vargas y Rosario; Socorro Cruz y Samuel Aponte, puertorriqueños, Bernat Castany, valenciano y Gloria, gallega, y de Silvia Durán, tan chilanga como María Rosa Palazón y Gabriel Nadal. Aún conservamos varios de aquellos amores de amistad. Como éramos rojos por dentro y fuera, o sea, tomates, nadie evitaba que golpeáramos discursivamente la cabeza de los dominadores económico-políticos y culturales, tanto nacionales como del imperio. Hoy, fósil de aquella generación temible, despistada y, sin embargo, adorable, Gabriel Vargas Lozano continúa bravo en la reyerta.
Ahora le tocan los navajazos de su inteligencia a quienes niegan la educación humanista y filosófica en la enseñanza media, aquí y allende del mar. En tonto te convertirás dicen arriba del podio los que se roban la paideia liberadora, o dicho con López Austin, la mesoamericana yecnemilizti “la tarea de las humanidades es hoy la conformación de una nueva paideia, un paradigma para una sociedad alternativa”, escribe Gabriel Vargas. Dedica seis capítulos de la primera parte de su libro a este asunto y en la segunda, aparece la reseña del libro de Francisco Piñón Ser y quehacer de la universidad. Ciencia, poder y eticidad.
Hoy. Con paciencia, Gabriel descifra las funciones de la Filosofía y las humanidades, su incidencia en la sociedad mexicana. Propone diez tesis sobre el papel de la Filosofía en la educación, así como la tarea de las humanidades hoy. No se piense que Gabriel milita en un nube, sino que aterriza, ejemplifica cómo el amor a la sabiduría ha influido en la historia: en la metateoría científica, como en el parto de ciencias, de actividades y conformaciones sociales. También ha contruibuido con categorías de la liberación y la praxis: Filosofía, madre antigua y reciente, por ejemplo de la lógica matemática, por no mencionar a la Psicología. ¿Acaso leyendo a Deleuze no aprendemos que el capitalismo maneja nuestra esquizofrenia en lo económico, político y cultural? Acaso ¿Marx no reclama que volvamos a leer las nuevas versiones de sus textos para conocerlo a fondo?[ii]
Vargas nos entrega la Filosofía y las puestas en práctica de sus añejas reflexiones, de sus categorías, desde el mundo griego y mesoamericano hasta los actuales filósofos nacionales e internacionales que Vargas pone en mancuerna. Igual que Habermas y Morgan y Marx y Humboldt, Jaime Labastida, reseña Gabriel, erige el edificio de la razón, que de nada serviría si no asumimos los retos del porvenir, que trató Luis Villoro. Además, Vargas analiza cómo Adolfo Sánchez Vázquez descubre los vínculos ontológicos entre ética y política. Gabriel se entusiasma en esta reseña.
La Filosofía, saber que empieza en la abstracción, pare conocimientos nuevos y con los numerosos alcances teóricos de sus hijos integra respuestas interdisciplinarias para la conformación de las sociedades, también fue y es génesis de un altero de conocimientos nuevos. Filosofía que en los siglos XX y XXI ha comenzado a aplicar nuevos métodos porque en la mayoría de campos del conocimiento se acabaron las certidumbres (Prigogine dixit) de leyes inamovibles, ya no existe la Verdad con mayúsculas, única, ni en la religión, ni en las ciencias. La presentaban en singular —ciencia— porque para los dogmáticos de ayer el conocimiento aplica un solo método, el nomológico-deductivo, o por leyes, a la realidad que fuera. El mundo era predecible siempre. Hoy no. Sin embargo, el mercantilismo y sus portavoces quieren matar nuestra imaginación creadora en esta Segunda Revolución Industrial, cuando las máquinas retroalimentan máquinas. La especialización en la producción impide ver el producto de nuestro trabajo. Siempre estamos en el comienzo del comienzo del comienzo. Escasean los científicos, abundan los técnicos de los robots.
Los capitales le cantan las exequias a la praxis social, rama filosófica que ha decidido contribuir al cambio del mundo, no sólo a interpretarlo. No sonriamos, el dominio nos fantasea impedidos de plantear dudas y confrontar teorías existentes.
He aquí que recientemente llegó la Reforma Educativa en la enseñanza media. Las humanidades y la Filosofía quedaron excluidas. La Historia es parte de la Sociología, como se creía en la época de Comte y Proudhon. Se meten en el mismo costal las diferencias específicas de cada área ¿Por qué? La Filosofía era propia de los tiempos de pitagóricos y de Netzahualcóyotl, suponen los ideólogos preclaros que no meditaron ni un momento al proclamar que siguen el Proyecto Tunning y los Acuerdos de Bolonia. Esto significa que importan las envidias y las “competencias” que sólo privilegian la educación de paga y no laica: las escuelas “patito” dan muchas ganancia y muchos ignorantes. La Filosofía dijo un burócrata que no piensa, pero sí ordena es de “carácter transversal”, esto es, empieza en lo particular y acaba en la abstracción filosófica, a donde se eleva tras la lección. Luego, la Filosofía está en cualquier tema y subtema. El profesor, cambiándose su traje de mago, tiene que ser, además, filósofo. Aunque no inicie sus lecciones en lo universal o abstracto, sino en lo particular; en el proceso de explicación habrá de introducirse en la Filosofía después de explicar la realidad en cuestión. En otras palabras, después de muchas horas de cavilaciones sobre problemas particulares, el profesor tendrá que ser sabio en la filosófica interdisciplina. El historiador, por ejemplo, deben ser, además, filósofo de la Historia y de las Ciencias y la Literatura, y expresar bien este paso de gigante en su lecciones; el artista visual como esteta tendrá que manejar la sensibilidad y las peculiaridades de la imagen en su condición de lenguaje. Para excluir a unos, piden lo imposible a otros, y cortan el diálogo enriquecedor. Hombres de estudio, preparaos que nadie entiende qué se os pide. ¿Para qué eliminar la Filosofía si es un factotum?, según predican con la intención de eliminarla. Las contradicciones están a la vista: matan a la Filosofía, que, como “sabia”, atraviesa cualquier saber habido y por haber sin que repita los hallazgos de las ciencias o de las artes.
La realidad educativa es tan absurda como el neoliberalismo globalizado, léase o escúchese, autoritarismo del ignorante ¿acaso no corrupto y mercantilizado?
Nos quieren ovejas mansas, consumidores, sin soberanía, sin identidad, sin democracia, con hambre, sin empleo seguro, adoradores de un teléfono inalámbrico, compradores gadgets (los útiles perfectamente inútiles, como la tijerita para abrir los huevos pasados por agua). En su soledad, considerar a una simple de simple asociación binaria: máquina sin duda rápida, infalible, multifuncional; y un negocio tan redondo como el globo terráqueo, según, declaró Bill Gates. El individuo se equivoca en sus asociaciones ( tiene 26 potencialmente), lo que es señal de que piensa, que no es un fetiche santificado llamado ordenador o computador que nunca falla ni tampoco crea, una metáfora, por ejemplo (conste que en sus explicaciones para el público, los científicos las usan: “la inflación devora los salarios”, ilustra). Tampoco es capaz de explicarla si no está en su acervo.
Los obreros están prácticamente extinguidos, los demás somos, en cantidad considerable, servidores, o maestros o investigadores aplastados, este es un punto crítico de la historia. Encabezamos los polos de desarrollo del fallido neoliberalismo, las periferias. En el pensar se cuelan las periferias, el Estado benefactor imperial, rápido se lleva al que luce y se vende o quiera fama (Varela, Maturana, Molina). Al resto el centro nos reclama casi morir de y tontería consumista en tanto dura esta anomia o enfermedad social. No. Contra estas prédicas somos filósofos críticos que no creen que la historia haya progresado hacia mejor. Ojalá los “ludditas” (antiguos destructores de máquinas) de ayer hubieran tenido más buen tino: Ahora no nos gobernarían los analfabetos, los ignorantes, ni los antihumanistas.
En esta caída hacia el abismo sin retorno, que podría ser definitivo, padecemos “la crisis de los sistemas ecológicos” (el Ártico se derrite), la pobreza se profundiza, sufrimos los efectos más negativos que positivos de las tecnologías, estamos en la era de las revoluciones genéticas (que parecen positivas si esta mercantilización y egos sin límites no la degeneran), los valores de justicia se hallan ahogados por la basura y “también por un profundo proceso de deshumanización”, escribe Gabriel Vargas Lozano.
En 2009, por fin el Observatorio Filosófico llegó con la SEP al acuerdo 488, publicado por el Diario Oficial de la Federación: se aceptó la propuesta de que dieran Filosofía los filósofos (¿quién más?), que las asignaturas conservaran sus nombres de: Lógica, Ética, Estética e Introducción a la Filosofía ¿Hasta cuándo y cómo lograrán degenerarlas?
En medio de aberraciones se levanta con su imponente humanidad Gabriel Vargas. Año con año, en persistentes reuniones con múltiples Secretarios de Educación Pública, tan aburridas y agotadoras que estresarían a Job, insistió en su oposición a los acuerdos 442 y 444 de la SEP sobre la Reforma Integral de la Educación Media Superior (REIMS), bajo el criterio de las “competencias”: según el mito griego nos están acabando mediante la Eris, la envidia, la porfía, en la actual globalización o imposición de polos de desarrollo al resto de la humanidad. La Filosofía escucha a los economistas denunciar que el libre comercio es para nosotros los “hombres de maíz”, no para el vecino Estado nacional benefactor de sus grandes empresas; a nosotros nos llaman hombres de maíz Monsanto. En la UNESCO, los filósofos de la Tierra apoyan al Observatorio, el OFM, y también apoyan desde las más sonadas cimas de asociaciones y federaciones de la Filosofía. Lo apoya hasta el último individuo pensante.
Gabriel Vargas Lozano entrega este libro sobre la reyerta que encabeza, seguido de una cohorte de seguidores que nos afiliamos al Observatorio Filosófico de México: la lucha de nosotros la describe con lujo de detalles en Filosofía ¿para qué?
¿Para qué no la filosofía, Gabriel?, me pregunto después de leer las numerosas caracterizaciones que recoges sobre la disciplina madre, que sigue siendo crítica en este tiempo histórico de máquinas y de conformistas corderos. Los filósofos somos cuestionadores natos que, desde la interdisciplina, recogemos teorizaciones y prácticas, y las sometemos nuevamente al cedazo de la crítica: “La Filosofía como parte de grandes paradigmas que integran respuestas interdisciplinarias para la conformación de las sociedades”, como ase4gura Vargas Lozano.
Ejerzamos la duda crítica en la práctica: hagámoslo. Con esta respuesta, le repregunto a Gabriel, ¿has pensado en un futuro en que todas las voces se apropien de las calles para que democráticamente expresen sus ideas, calles convertidas en ágoras, o democracia en curso? ¿Cuántos se han enterado de que la soberanía del Estado-nación mexicano fue enterrada? Sí, se ha vendido para que este nuestro hogar se estanque en una mayoría de neuróticos consumistas de las variaciones inútiles y endebles de modelos semi funcionales, venidos de patrones extranjeros. Somos los habitantes inconscientes del México que Lizardi llamó Planeta Ovejo. Tan ovejos que ¿cuántos recuerdan lo que significa “ciudadanía”?
Estamos en la feria del libro, pero casi nadie lee, basta pisar unos teclados o usar unas tarjetas de crédito que crecen como verdolaga en nuestros bolsillos para comprendernos como sirvientes de los dueños de la Tierra, a saber, la burguesía tecno-industrial y financiera. Luego, ¿Filosofía para qué? No nos quierenes poblaciones autónomas, libres.
La Filosofía, repleta de reflexiones éticas y de moral, y de amor a la creatividad, a la invención, empieza en la sensibilidad o estética. ¿Aún sentimos, observamos, reflexionamos? ¿Aún estamos vivos, y la vida es un sistema creativo o autopoiético. El filósofo lucha porque no olvidemos que la justicia mejore, por denunciar las corruptelas, las hambrunas, las triquiñuelas de delincuentes, incluidos los de cuello blanco. ¿Acaso el lema actual es: afortunados los pobres de espíritu porque de ellos es el Infierno? Contra el infierno, desde su área de lucha, está Gabriel Vargas, que no se ha momificado, como decíamos en nuestra generación, esto es, no acepta las falacias de autoridad ni la destrucción de nuestra capacidad inventiva ni, además, del entorno que nos alimenta y cobija. ¿Quiero ser optimista: seguir escuchando decir, yo soy Morena, yo soy 132, y yo ejerzo mi libertad. Me despido, amigo de tantos años, tantos, que más vale olvidar el número. Concuerdo con que la historia es memoria que no perdona la mala intención Hemos de señalar con dedo flamígero a los tecnócratas entreguistas. Sí, hemos de ampliar el círculo amoroso de la Filosofía para seguir compartiendo el pan y la sal, y no la actual misantropía o anti-sociabilidad.
Un saludo muy cordial para ti y demás cómplices del Observatorio.
[i] Gabriel Vargas Lozano. Filosofía ¿para qué? Desafíos de la Filosofía en el siglo XXI.. México, Editorial Ítaca-Universidad Autónoma Metropolitana, 2012. 154 pp.
[ii] Musto, Marcello et al., Tras las huellas de un fantasma. La actualidad de Karl Marx, Marcello Musto (coord.), Gabriel Vargas Lozano (pref.), México, Siglo XXI Editores, 2011 (Biblioteca del Pensamiento Socialista. Serie Ensayos Críticos).

