Abraham Miguel Domínguez
Una de las características principales de la literatura de Mónica Lavín es la forma en que abraza los proyectos. Con sus novelas Yo, la peor y La rebeldes nos queda claro la enorme capacidad de la autora para novelar aspectos biográficos y salir bien librada. En su novela Yo, la peor, el rodeo argumentativo que construye para narrarnos la vida de la llamada décima musa es altamente efectivo, ya que el personaje se ve a la distancia y es la realidad la que nos ayuda a construir la acción de uno de los trabajos literarios más sublimes de los últimos años. Con La Casa Chica pasa algo muy parecido. Lavín se da a la tarea de narrar la vida amorosa de diversos personajes que influyeron en la vida política, intelectual y artística de México. Jorge Pasquel, Miroslava Stern y hasta Emilio, el Indio Fernández, hacen su aparición en relatos que fabulan lo que no se ve y lo que sucede en la mencionada “casa chica”. El concepto no podría ser más atinado. La ambigüedad amorosa, aquella de la cual sólo los que intervienen en ella son fieles testigos, es uno de los temas principales de la literatura. El más abordado y, por utilizar una palabra borgiana, el más “fatigado”. De ahí su dificultad para reinventarlo y presentarlo propositivo. ¿De qué manera podemos enterarnos de las pasiones desgarradoras de Frida Kahlo con su amigo el fotógrafo Nickolas Muray, o de la trágica historia del pintor Manuel Rodríguez Lozano y su alumno Abraham Ángel si no es con una narración fabuladora efectiva. Respaldada por una profundísima investigación periodística, Lavín se da el lujo de llenar todas aquellas zonas de indeterminación para lograr un libro de relatos que supera la simple narración biográfica. Las narraciones se convierten en verdaderos testimonios literarios del amor como verdugo de la vida. Si Quincey vio en el crimen una de las bellas artes, Lavín logra retratar el sentimiento amoroso como una pasaje crudo de la existencia, como una bella muerte. La vida feroz, historia brutal y contada de forma magistral, es precisamente eso: una bala que atraviesa y nos dice que los asuntos del corazón no se deben de tomar a la ligera. Las historias que contienen La Casa Chica se caracterizan por clandestinas, por vividas a oscuras. Se trata de la relación amorosa como algo traicionero que se lleva pedazos enteros de sus protagonistas. Uno de los mejores relatos, A girl from México, narra la arrebatada y triste historia de Lupe Vélez con sus apasionados pero inestables amores. La actriz, dueña de un temperamento romántico que luchaba por alcanzar la felicidad completa, está retratada con nitidez, en párrafos trabajados a consciencia que nos irán anticipando el desolado final al que lleva ser presa de pasiones imposibles. Porque como bien deja claro la autora, la imposibilidad en las relaciones es y será una constante en la vida de todos. La Casa Chica habla de personalidades con cierta importancia en la vida pública del país, pero el asunto no limita la empatía que un lector común, como diría Virgina Woolf, puede lograr. Al contrario. Aquellos personajes envueltos en la fama son como todos nosotros. Lavín llena las narraciones con detalles de la vida cotidiana, con guiños a lo que es la rutina y logra romper imágenes preconcebidas. En El rebozo magenta, Frida Kahlo se debate entre su amor caprichoso con Nickolas Muray y su eterno Diego. Vemos dos Fridas: la que conocemos y la que no. La que se pelea entre lo que piensa y lo que hace. Es también víctima de esa ambigüedad que inunda el libro: lo que hace el corazón, muchas veces, nos alegra o nos rompe la vida. El tema de La Casa Chica es precisamente eso, el amor a escondidas como elemento de vida que construye y desbarata, que enriquece y empobrece hasta conducirnos a un mundo oscuro del que es inevitable caer por más que nos resistamos. Con una prosa juguetona a ratos, la autora nos obliga a seguir página tras página para descubrir el desenlace, si es que existe, de los tormentos del corazón de los diversos personajes que presenta. La Casa Chica es un artificio profundo, cuentístico, avasallador y que ha llegado para quedarse. El narrador y ensayista Abraham Miguel Domínguez estudió Letras Hispánicas en la UNAM y de Literatura y Creación Literaria en Casa Lamm. Es autor del libro El corazón suave. Actualmente trabaja en un libro de ensayos sobre la obra de Charlotte Brontë.
