Entrevista Héctor García García/Diputado federal

Antonio Cerda Ardura

En el marco de su 21Asamblea Nacional Ordinaria, celebrada el fin de semana pasado en la Ciudad de México, el PRI se asumió como un nuevo partido y definió estrategias para su agenda, según él, en el propósito de convertir a México en un país con viabilidad.

El PRI retiró una serie de candados en sus documentos, de manera que, en lo económico, se pueda promover la aplicación del IVA a alimentos y medicinas, la ampliación de la base tributaria, la inversión privada en el sector energético y la competitividad en telecomunicaciones.

En lo político, el PRI se abre a las candidaturas ciudadanas e independientes, quita requisitos a las candidaturas por la Presidencia y las gubernaturas, y autoriza la elección de abanderados por encuestas y el regreso de militantes rebeldes.

En el punto particular de las candidaturas independientes, el PRI añadió en el artículo 58 de sus Estatutos, un apartado que establece que los miembros de esa organización política podrán solicitar, “en los términos previstos por la ley”, la autorización “al Comité Ejecutivo Nacional para participar como candidato independiente en los procesos locales y/o federales, sin que ello implique la pérdida de la militancia en el partido”.

Con esta estrategia, dos miembros del PRI (un candidato oficial y uno independiente) podrán contender por un mismo puesto de elección popular en el mismo proceso.

En entrevista con Siempre!, Héctor García García, diputado federal del PRI por Nuevo León, líder de la CNOP en ese estado y dirigente del Sindicato Único de Trabajadores al Servicio del Municipio de Guadalupe (SUTSMG), en Monterrey, destaca que, sencillamente, su partido busca mantenerse en el poder.

Indica que el tricolor está transformándose para ganar, afiliar y acercarse más gente y tener una buena oferta política, y en él todos caben, menos desleales.

“El PRI no puede seguir siendo un partido viejo”, enfatiza García García, y sostiene que lo único que lo único que podría restar a esa organización “es la gente que no quiere modernizarse, porque le ha ido bien así”.

 

Cerca de la sociedad

¿Por qué hasta ahora el PRI se abre a las candidaturas independientes y ciudadanas? Hubo un periodo en el que no las aceptaba.

El PRI debe reconocer que si no se moderniza en su interior, la sociedad lo va a rebasar. Después de doce años de estar fuera de la Presidencia de la República, no podemos conformarnos con sólo llegar de nuevo al poder y creer que desde el gobierno, que es una función que debe ser cercana al partido, pero también diferente, se pueden hacer todas las cosas. El PRI tiene que permanecer muy cerca de la sociedad y, desde ahí, buscar la competitividad. Una de las formas más idóneas para lograr esto es la reforma política, que permita un marco legal a esas candidaturas independientes.

Esta estrategia se utilizó con Gabriel Quadri en la pasada elección presidencial. Es decir, claramente fue un candidato que llevaba el objetivo de restar votos. ¿No es un juego no muy honesto?

Es una estrategia a la que se han prestado los llamados partidos satélites para distraer un número porcentual de votos en una elección. Sin embargo, en la candidatura independiente no todo puede ser simulación. Habrá candidatos independientes avalados por toda la legitimidad, la fortaleza y la autenticidad necesarias. ¿Qué nos falta en la reforma política? Adecuar el marco normativo del IFE y que los organismos estatales electorales definan, precisamente, las reglas con las que un candidato ciudadano puede tener legitimidad y la posibilidad de competir.

Yo no creo que en este México que inicia una nueva etapa de modernidad, se pueda o permita fingir. Sería muy fácil detectar a un ciudadano que se viste de candidato para restar votos a tal o cual partido. Yo creo que las reglas que se fijarán en los estados y en el propio IFE van a definir cómo se tiene esa legitimidad. Habrá que determinar, por ejemplo, cuántos puntos porcentuales son necesarios para poder ser candidato, o qué requisitos de personalidad y, por qué no, de calidad moral, de prerrogativas políticas avalan a una persona.

¿Por qué el PRI le entra a este tema? Porque los cuadros son cada vez menos y porque la gente que antes no participaba en política y que hoy pretende hacerlo como un instrumento para hacer algo por los ciudadanos, tiene que ser incluida. Y si el PRI se cierra, como en el pasado, e insiste en que los únicos que pueden aspirar a una candidatura son sus miembros más acendrados, sería un error. Hoy por hoy, hay ciudadanos muy valiosos que han participado poco, nada o mucho en política, y que no forman parte del partido. E, insisto, se trata de buscar la competitividad del PRI ante la sociedad.

La sociedad está acostumbrada a ver el dedazo dentro de los partidos a la hora de la selección de candidatos. ¿Esto no sería un dedazo doble? Es difícil creer que no tendremos competencias electorales ficticias, si por un lado el PRI tiene a un candidato oficial y por otro a uno independiente.

Se puede pensar, porque finalmente, lo vuelvo a marcar, se ha hecho con partidos satélites que fingen ser organismos auténticos y que luego resulta que son aliados de alguien. Pero ese no es el objetivo de la reforma política. México no es la primera nación que le entra a una reforma política y al tema de las candidaturas independientes. En Europa desde hace mucho tiempo existe esa figura y muchas veces se adopta, por llamarlo de alguna forma, a un candidato que se sabe que es rentable electoralmente.

Pero tampoco va por ahí: en México tenemos un grave deterioro de los partidos políticos y una gran falta de credibilidad de la sociedad hacia ellos. Basta ver los afiliados duros que tienen el PAN, o el PRI y el resto de los partidos, que no llegan a conformar un padrón electoral de diez millones, entre los más de cien millones de mexicanos que somos. Esto significa estamos devaluados en imagen. ¿Cómo se puede refrescar o crear credibilidad en los partidos políticos? ¡Haciendo lo que la sociedad desea! Y una de las cosas que la sociedad reclama es que cuando alguien quiera ser candidato y tenga toda la voluntad y la personalidad moral necesarias, los partidos no nos cerremos. Hay gente valiosísima en la sociedad, en la iniciativa privada y en las asociaciones comunitarias y de colonos. ¿Por qué no van a ser candidatos?

¿Y qué va a pasar si no lo permitimos? Simplemente la sociedad nos van a rebasar. De por sí la gente ya no cree en los partidos políticos, así que hay que dignificarlos. Y una manera de hacerlo es acercando a los ciudadanos a ellos.

¿No le parece que hay un gran riesgo de que una candidatura independiente venta apuntalada con dinero ilícito y del narcotráfico? ¿Tienen los partidos mecanismos para la fiscalización?

Sí se tienen, pero tendrán que ser los congresos locales, las comisiones estatales electorales y la propia ley electoral y el IFE los que tengan que hacer definiciones. Este es un tema muy delicado. No solamente se tiene que saber quién es una persona, a qué se dedica y qué pretende hacer en la política, sino, además, cómo se van a fiscalizar sus recursos en una candidatura, cómo se van a regular las aportaciones o qué cantidades se le van a permitir. Podría ser que algún vivales diga: “Yo quiero ser candidato ciudadano porque recibo no sé cuántos millones de pesos para la campaña y me quedo con ellos”. No, ese dinero tiene que ser regulado y eso es lo que le falta en este momento a la ley. En la ley reglamentaria debe quedar perfectamente establecido, primero, quién es una persona y qué requisitos debe satisfacer para poder ser candidato. En segundo lugar, cuál es su vida. Luego, a cuánto asciende su financiamiento y, por último, cómo se va a fiscalizar y lo que por derechos políticos le va a corresponder.

 

Militantes leales

El PRI dice que no sancionará a sus militantes que quieran participar. ¿En qué casos sí hay límite?

En materia de lealtades. Ningún partido puede permitir deslealtades. Una cosa es que un partido adopte a un ciudadano que lo va a representar, que va a enarbolar sus ideales y que va a tener un resultado electoral y luego de gobierno, y otra cosa es que alguien finja que quiere ser candidato ciudadano, pero, en realidad, para ser por dentro un miembro desleal al partido. Esto es muy claro: no se permiten las traiciones en el partido. Sí puede alguien ser bienvenido como ciudadano, pero no para que venga a debilitar las estructuras del partido. En el PRI ya se habla, por primera vez, de procedimientos de expulsión, que nunca se han dado. Siempre ha habido quienes vigilan la conducta de los priístas, pero ahí se quedan los expedientes. Hoy hay referencias a expulsiones, es decir: hay derechos, pero también obligaciones.

¿Van a aceptar a gente que se ha ido del PRI? ¿Se tendrán candados?

Hay una propuesta en los documentos básicos y el estatuto para aceptar a aquellos que se fueron, pero siempre y cuando haya sido por deslealtad del propio partido. Tendrá que haber candados, porque lo que no se vale en ningún lado, ni en la formación personal, ni mucho menos institucional ni de partido, es la traición. Si alguien hizo daño al PRI, definitivamente no va a poder regresar a ese instituto político.

 

Conservar el poder

Es probable que la oposición insista en que el PRI usará una estrategia desleal de competencia electoral.

Puedes ser, pero la verdad es que lo estamos haciendo para ganar. ¿Qué busca un partido? Obviamente afiliar y acercarse más gente, conquistar más y tener una buena oferta política. La renovación del PRI obedece a eso y a que se mantenga en el poder. El PRI es el mejor partido y la mejor fórmula para sostenerlo es que se abra a la sociedad y permita una mayor participación.

¿Se ha calculado que las candidaturas independientes puedan restar más credibilidad? La gente las puede ver como algo falso.

Lo único que sí nos va a restar es la gente que pertenece al PRI y que no quiere modernizarse, porque le ha ido bien así. Esto tiene que ser pensando en la niñez y en la juventud, que es el futuro cercano del partido y de México. Son quienes exigen que nos modernicemos. El PRI no puede seguir siendo un partido viejo. Debe incluir sí, a la gente con experiencia, a sus grandes hombres y mujeres, pero a ellos tenemos que convencerlos de que tienen que llegar otras generaciones a fortalecer la estructura del partido. Con los únicos que nos podemos desgastar es con aquellos que no quieren el cambio. Así de sencillo.