Entrevista a Daniel Krauze/Autor de Fallas de origen
…Esa puta gente que finge que la Condesa es el Soho. Socialités de cagada que se la viven clavados en el opio de las pasarelas, las fiestas y las inauguraciones de antros… igualitos a los franceses que seguían yendo a la ópera mientras su país estaba ocupado por los pinches nazis.
Fallas de origen
Eve Gil
Fallas de origen (Planeta, México, 2012) es la tercera novela de Daniel Krauze, nacido en la ciudad de México en 1982, ganadora del Primer Premio Letras Nuevas de Novela convocado por editorial Planeta y Sanborns, y cuyo jurado compuesto, entre otros, por Ángeles Mastretta, Francisco Martín Moreno y Marisol Schultz, la define como “una novela catártica, escrita en un tono y un ritmo que no solo contagian al lector sino que lo hacen vibrar…”
Krauze, sin embargo, afirma que al conocer la identidad de los jurados dio por perdida cualquier posibilidad de obtenerlo. “Pensé que la novela los iba a asquear, que no querrían leer una palabra más sobre drogas, pero creo que a la hija de Ángeles Mastreta le gustó mucho, y en cierto modo a ella le debo ese voto. Me importaba, más que nada, saber si lo que escribo valía la pena… me apellide como me apellide.”
La trama
Fallas de origen es una historia muy intensa, cuyo joven protagonista, Matías Lavalle, inicia un proceso de autodestrucción que se lleva entre patas a su pandilla de amigos, parientes e, incluso, a mujeres que lo aman, y si bien esto tiene su origen en la adolescencia, es hasta después de la inesperada muerte de su padre, uno de los pocos seres a los que ama en forma sincera —a pesar de no ser su padre biológico— que se transforma en una especie de monstruo, aunque, le digo al autor, se trata de un personaje pletórico en matices.
El también autor de Fiebre (Planeta, 2010), dice: “Nunca había vivido con un personaje por más de un mes, básicamente solo había escrito cuentos, y un personaje de novela se transforma en una presencia cotidiana. A Matías terminé queriéndolo demasiado y fue muy divertido «habitarlo» durante un año y medio.”
“Matías —dice Daniel— surge de una imagen recurrente: un hombre moreno, veracruzano, que trae de la mano a su hijo que es rubio de ojos azules. Había algo muy conmovedor en esa imagen y empecé a explorar al niño. Al principio era hijo adoptivo de padre y madre, pero al final decidí que lo fuera solo del padre, y que estableciera un vínculo más profundo con este que con la madre. Lo fui descubriendo tras varios borradores, prestándole atención y conviviendo con él. Debo reconocer que le transmití angustias personales.”
“Me considero prudente y más bien pasivo, Matías no lo es en lo absoluto —continúa—. Desde el principio consideré que, si alguna valía tenía la novela, era el carácter contradictorio de su protagonista. Está rodeado de personajes acartonados, estereotipos, y era importante que él se saliera de ese molde. A través de comentarios en Twitter me doy cuenta de los múltiples matices del personaje, un mismo usuario me escribe diciendo «¡cómo odio este tipo!», y al cabo de un rato, rectifica: «ay, pobre Matías, ¿por qué le hiciste eso?» No sé qué tan deliberado fue, pero me gusta que sea así.”
Los personajes
“Los personajes que más me convencen —dice—, además del propio Matías, son el padre e Inés, la primera novia. Natalia me parece una víctima total, Matías se acuesta con ella para vengarse de su amigo Pablo, que se ha mostrado completamente indiferente a sus penas, pero Natalia le dará su merecido a Matías. Inés destapa lo más noble que él y siguen vinculados pese a la terrible ruptura. Pero el que saca lo mejor de él es Horacio, su mascota, el símbolo de su infancia y el momento previo al ingreso al mundo siniestro donde conoce a sus amigos.”
“Además, ha sido un obsequio de su padre. A mí también se me murió mi perro snauzer de 16 años, justo mientras escribía este libro, y compartí esa experiencia con Matías porque me pareció una manera de empezar a empujarlo al vacío: a nadie le importa que su perro se haya muerto, ahí descubre que tan ajenos a su dolor son quienes dicen ser sus amigos. La pérdida de una vieja mascota querida, en mi caso, fue como la muerte de mi infancia y mi adolescencia, y de millones de hermosos recuerdos, y lo mismo le pasa a Matías, aunque de manera más extrema porque él ha sufrido mucho más que yo.”
Comento a Krauze que a través de mi lectura he creído advertir una enorme influencia de Brett Easton Ellis, un novelista norteamericano que, pese a haber estado en el pináculo de la fama en los ochenta, ha influenciado de manera muy notoria a los autores nacidos justo en esa década:
“Reconozco que Cuervos —dice— es muy easton-ellisiano, pero salvo cinco páginas de Luna Park, me parece que Easton Ellis no tiene un carajo de corazón, y francamente sus libros me parecen cada vez más como leer El Gráfico. Hay algo efectista que nunca te permite tocar fibras más emotivas. En ese sentido, me parece que Fallas de origen se aleja mucho de esa veta. Conforme voy creciendo me intereso más en literatura que no tiene miedo de tocar el corazón. Actualmente me interesan más novelas como Las vírgenes suicidas, de Eugenides, Lo que queda del día, de Ishiguro o Expiación de Mc Ewan.”
Actualmente, Daniel Krauze estudia en la Universidad de Columbia, escribe en inglés por exigencia académica, pero confiesa que no le gusta en lo absoluto, aunque le encanta vivir en Nueva York. No tiene planeado escribir nada en mucho tiempo, porque “me falta mucho para que se vuelva a llenar la alforja; esta novela me dejó vacío.”
