Ricardo Muñoz Munguía
A cien años de la mañana en que el general Bernardo Reyes, durante la Decena Trágica, recibiera una metralla frente al Zócalo de Palacio Nacional, aparece una bella edición de la Oración del 9 de febrero, de Alfonso Reyes, “una de las piezas más perfectas y conmovedoras en la historia de la prosa hispanoamericana”, menciona Christopher Domínguez Michael en la contraportada del volumen. Sin duda, también, es la excelente oportunidad de poner este libro en manos nuevas; miradas que deberán disfrutar, o apreciar, la edición facsimilar que se adjunta en las últimas páginas y el lujo de las opiniones que flanquean en las solapas del libro, que son de Jorge Luis Borges; Octavio Paz (“El amor de Reyes al lenguaje, a sus problemas y sus misterios, es algo más que un ejemplo: es un milagro”.); Carlos Fuentes, quien tuvo una cercanía importante con Alfonso Reyes; José Emilio Pacheco y José Luis Martínez.
Alfonso Reyes guardó una distancia de diecisiete años para escribir la Oración del 9 de febrero. El episodio se fue a las entrañas del escritor y de ahí tendría que salir. Su Oración… la abre con la fuerza de una bomba, es decir, se había contenido en un silencio que no podría sostenerse más: “Hace diecisiete años murió mi padre”. Y es desde ese principio que revela a su padre, el general Bernardo Reyes, como una figura distante pero de inquebrantable amor pues a pesar de reconocer que se frecuentaban muy poco, habla de la calidad del tiempo que disfrutaba al estar con su padre: “Junto a él no se deseaba más que estar a su lado. Lejos de él, casi bastaba recordar para sentir el calor de su presencia”. Y en el trazo en torno a la figura de su padre también se deja apreciar las turbulencias de aquellos aciagos días que iban de sus múltiples ocupaciones al tiempo que estuvo en la cárcel hasta el día de su muerte, de la que se alejó su hijo, de lo que significaba con las personas que le intentaban hacer algún comentario o que querían darle el nombre del que hizo la metralla, prefirió “como el que, picado de víbora, se corta el dedo de un machetazo. Los que sepan de estos dolores me entenderán muy bien”.
Alfonso Reyes, Oración del 9 de febrero. Editorial Era, México, 2013.

