No será el candidato presidencial

René Avilés Fabila

En plena y angustiosa campaña presidencial, con un rival de mucho peso, Marcelo Ebrard, sin posibilidades de grandes movimientos por el país, limitado al Distrito Federal, se refugia en las obras más absurdas, en las dádivas más humillantes y en las obras más autoritarias.

En un discurso dado a conocer el pasado domingo, el jefe de Gobierno habló de la desesperanza que cunde en el país y precisó una petición: que los ciudadanos miren y crean en la izquierda. Eso está bien, lo que ocurre es que la izquierda o no existe o no la representa el PRD, hay allí una inmensa mayoría de corruptos y mercachifles de la política y para justificar sus salarios y posibilidades de hacer negocios turbios, se refugian en un populismo del peor estilo, aunque hasta la fecha ignoro cual sería de mejor estilo.

Ebrard baila con quinceañeras, obsequia viajes a madres desamparadas e instala playas artificiales, como si con eso desaparecieran los graves problemas de la ciudad capital. Su tarea es ocultar su autoritarismo, darse una identidad política de la que carece y borrar a cualquier precio su pasado priísta-salinista.

El colmo de su exhortación a creer en el PRD como posibilidad salvadora de la patria, era que a su lado estaba Amalia García, otrora comunista bien portada, hoy a punto de ser prófuga de la justicia por los desfalcos cometidos durante su gobierno en Zacatecas. Sólo faltaba que también Ebrard tuviera a su lado a René Bejarano y a Dolores Padierna. Asombra que pida el apoyo del país con delincuentes como parte de su base de apoyo.

Ebrard trata inútilmente de ser optimista ante su inevitable encuentro o choque con Andrés Manuel López Obrador. Hasta hoy, afirma que va un “paso adelante” del tabasqueño y es posible que crea que habrá dos debates en donde su formación académica le permitirá aplastar a su rival.

Fidel Castro, en sus mejores momentos, dijo que no era posible desdeñar al enemigo, que éste también aprende y es, me parece, el caso de López Obrador, hoy rodeado de un grupo de intelectuales de alto nivel, eso sí, todos con afanes de poder, que han saltado de un partido a otros, una práctica ya común entre los políticos mexicanos.

No sólo ello, el Mesías tiene desde hace tiempo un amplio equipo de trabajo, de fanáticos, que en toda la república trabaja sin descanso con recursos materiales que asombran si pensamos en algo ya tedioso: ¿de dónde sale el dinero que a raudales gasta López Obrador?

No dudo, estoy seguro que Ebrard perderá, ni siquiera será candidato del PRD, la mayoría de los perredistas apoyarán a no dudarlo a su antiguo líder.

En este contexto, Ebrard debería pensar más en su sucesor para que alguien le cuide las espaldas cuando deje el cargo. Quien llegue, panista o perredista, tendrá que explicar cuál es el estado de las finanzas del Distrito Federal. Por lo pronto, seguirá soñando que un golpe de suerte podrá bajar del caballo a López Obrador, y entonces sí cumplir con el sueño que él y su maestro, Manuel Camacho, acarician desde que ambos eran servidores de Carlos Salinas. Mientras tanto, seguirá repartiendo y gastando dinero en multitud de causas absurdas, total, no es suyo, es de todos los capitalinos, quienes pocos beneficios observan.

 

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