La misteriosa historia del avión derribado
Es probable que estemos ante la punta de un iceberg de cuestiones delicadas en materia de delincuencia organizada.
Es probable que estemos ante la punta de un iceberg de cuestiones delicadas en materia de delincuencia organizada.
Ni las presiones internacionales, ni las nacionales, deben ser obstáculo para que México avance a un mejor porvenir.
El país no está en condiciones de aceptar o soportar este tipo de agresiones criminales.
Tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, hay quienes tienen la capacidad para impedir el empantanamiento de la república.
Se requiere una nueva visión de la producción y del empleo en donde el sector social debe tener nuevamente un papel de vanguardia.
De nada nos sirven reformas legislativas o constitucionales, si no son viables de operar y de ejecutar en la normalidad social de la nación.
Aún no acabamos de comprender la enorme tragedia que sufrió la nación frente a las tormentas implacables de los huracanes Ingrid y Manuel; la dimensión de los hechos va más allá del espectro muy amplio que nos han presentado los medios. Lo que surge como una lacra y una deuda, un compromiso insatisfecho, es la dramática pobreza y la terrible desigualdad que nos debe afrentar a todos, pues el hambre endémica, la ignorancia y la falta de oportunidades, hoy se sienten con mayor hondura frente a lo que hemos vivido.
No cabe duda de que existe una intención de reforma que debe terminar con todas las prebendas fiscales.
Existen resistencias de grupos afectados, los grandes capitostes de la iniciativa privada que verán mermadas, mínimamente, sus pingues ganancias.
Se requiere la aceptación equilibrada de la sociedad para no hacer inaplicable la norma o para no desatar la movilización social a grados de crisis política.
La esperanza despertada por el nuevo gobierno sigue manteniéndose aun cuando los temas legislativos no han producido todavía los resultados esperados.
La erección del Estado del Valle de México resolvería toda una serie de contradicciones y complicaciones.
Algo anda mal en el mundo, afirma Tony Judt, nosotros no somos la excepción.
No es posible que las reformas política y electoral se conviertan en monedas de cambio como una forma de presión del PRD y del PAN.
En medio del debate nacional que suscitan las reformas, deben tener un lugar en la agenda nacional los campesinos de México.
Conservar nuestro patrimonio productivo y energético tiene un sentido histórico que se extiende hacia el porvenir.
Hay que tener presente que las democracias en sus procesos electorales se alimentan de votos.
Los intereses privados tienen como motor el lucro y la utilidad; los públicos tienen por objetivo la prestación de servicios que un Estado democrático está obligado a prestar.
Todo este panorama político económico nos obliga a insistir en que la producción de bienes y servicios es nuestra única salida hacia el futuro.
Lo que está en juego es el destino nacional.