Guerra en el pan
La guerra entre Ernesto Cordero y Gustavo Madero lleva la marca de su autor: Felipe Calderón.
La guerra entre Ernesto Cordero y Gustavo Madero lleva la marca de su autor: Felipe Calderón.
El expresidente Felipe Calderón maneja desde Harvard los hilos de los alfiles que dejó en el Senado de la República para protegerse.
Jesús Silva Herzog, exsecretario de Hacienda, dice en alguno de sus escritos: “En la actualidad, alrededor del 85% de los recursos bancarios se encuentran en poder de extranjeros, lo que contribuye a uno de los más serios errores históricos.
José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, supo hacer funcionar todos los resortes de la política para que la Torre de Rectoría fuera liberada sin violencia y sin la intervención de la fuerza pública.
¿Quién le pidió a Manuel Camacho Solís que renunciara, en 1994, por haber contribuido a enrarecer el ambiente político antes del asesinato de Luis Donaldo Colosio?
A cuatro meses de haber dejado el cargo como procuradora general de la república, Marisela Morales —con sobrepeso y la misma gruesa capa de maquillaje que esconde sus verdaderas facciones— se pasea en los centros comerciales desconfiada, insegura y en compañía de un guardia.
Era usual recomendar a los presidentes evitar tomar decisiones que pudieran despertar al México bronco.
La aprobación de la contrarreforma educativa presentada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en el Congreso de Guerrero hubiera dado pie a iniciar la disolución de la república, la anarquía constitucional y dejado sin control político y jurídico al gobierno federal.
La Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal publicó en la Gaceta Oficial la nueva reglamentación para contener lo que el protocolo divide ahora en manifestaciones, concentraciones y mítines.
La democratización de las telecomunicaciones del país pasa, sin duda, por poner punto final a la altísima concentración de la televisión abierta que existe en el país.
La elección de Jorge Mario Bergoglio, como sucesor de Joseph Ratzinger en el Vaticano, tiene un sinfín de lecturas y responde, sin duda, a los tiempos de un mundo inédito.
No se trata de repetir la tontería que se atrevió a decir un comentarista improvisado de la televisión: “Qué bueno que se murió Chávez, porque así va a regresar el capitalismo a Venezuela”.
También se equivocó Joaquín Hernández Galicia cuando creyó ser dueño de Pemex. Y se equivocó Elba Esther Gordillo al creer que el gobierno y el Estado mexicanos estaban a su servicio.
Parecería un contrasentido, pero no lo es. El diputado Manlio Fabio Beltrones y el gobernador Ángel Aguirre tienen razón. ¿Los dos? Sí, los dos. No, obviamente, en la guerra verbal y muy personal en la que se enfrascaron recientemente, sino en las declaraciones que hicieron con respecto a la llamada policía comunitaria.
La renuncia de Benedicto XVI a la cátedra de San Pedro es también una protesta y una denuncia. Es la mejor vía que encontró Joseph Ratzinger para hacer pública la descomposición de la Iglesia y la vida interna del Vaticano.
Una institución que se había convertido en icono de la democracia vanguardista y en símbolo de los espacios que ha venido ganando la ciudadanía para defender sus derechos ante los excesos y la arbitrariedad del poder, quedó transformada, de pronto, en lodazal.
La historia nos dice que cuando un presidente de la república evita, por diversas razones, marcar distancia con respecto de las administraciones pasadas, los costos de los errores cometidos en el pasado termina por pagarlos el mandatario en turno.
La decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de liberar a Florence Cassez fue repudiada por gran parte de la sociedad, entre otras razones, por no existir una estrategia que blindara penal, política y mediáticamente el escenario.
La ley de Herodes es una película convertida en un clásico del cine mexicano, estrenada en 1999, un año antes de la salida del PRI del poder y donde los habitantes de San Pedro de los Saguaros decapitan a su alcalde por robarse el dinero de la comunidad.
Legisladores y funcionarios se quejan de que Enrique Peña Nieto no los deja ni dormir. La velocidad e intensidad que ha dado a la conducción del gobierno tiene sorprendidos y desubicados a quienes estaban acostumbrados a tener presidentes lights.