La impunidad es un problema estructural
Una parece ser la justicia para los ricos, otra muy distinta la de los pobres.
Una parece ser la justicia para los ricos, otra muy distinta la de los pobres.
Los problemas de inseguridad afectan a todos porque se contraponen al bien común.
Abatir inseguridad es tarea prioritaria del Estado mexicano.
Juárez sufrió el exilio, Fox fue financiado ilegalmente por sus amigos.
No existe confianza plena en las autoridades electorales.
La democracia no basta por sí misma si las carencias son lacerantes y la pobreza cabalga incesante.
El PAN se exhibe por sus dirigentes como una organización desordenada, indisciplinada y plagada de vicios.
Los niños abusadores pueden representar serios riesgos si no se toma el caso con la atención debida.
Con sus discursos convertidos en sentidas homilías, algunos políticos mandan de vacaciones el Estado laico.
Conveniente ventilar los andamiajes del poder para establecer de verdad la rendición de cuentas.
El desencanto respecto a la partidocracia es más que elocuente, la crisis no amaina, más bien recrudece.
Ya los proveedores regresan así como servicios básicos al poblado de La Ruana.
Si las aulas son abandonadas no habrá revolución posible, ni esperanzas de cambio.
La formación de cuadros no ha sido prioridad, porque se ha dado un valor superlativo a los temas electorales.
La vocación democrática no es la principal prenda que caracterice a nuestra clase política.
Somos un país de muchos escritores aunque no de tantos lectores.
Neruda es, porque sigue vigente, un poeta popular, se adhiere al sentir, sus letras son frescas como una cumbre.
El tema de la seguridad es aún el nudo gordiano del gobierno nacional, el jinete apocalíptico, la angustia que prevalece, la obscuridad que perdura.
Juárez prevalece, más allá de formas y rituales.
Es conveniente la modernización, sacudir lastres que impiden una mejor productividad.