La verdadera conquista espiritual
De vez en cuando comienzan a circular en las librerías obras de capital importancia a las que los medios habituales suelen darles escasísima atención.
De vez en cuando comienzan a circular en las librerías obras de capital importancia a las que los medios habituales suelen darles escasísima atención.
Para los mexicanos Estados Unidos es muchas cosas a la vez: un país admirable, al que inclusive llega a envidiarse; un país de libertades plenas, comenzando por las políticas (“Frente a la Casa Blanca puede insultarse al presidente gringo sin que pase nada…
No escasean las personas que se ufanan de “saber perdonar”. Siempre me han llamado la atención. Si el perdón existe, he pensado, ha de ser un acto, un gesto sigiloso, que acaso ni al perdonado ha de expresársele con palabras.
Juan José Reyes El antropólogo e historiador, y también poeta y novelista, Luis Barjau ha dado a conocer el fruto de una paciente y muy valiosa investigación suya que tendría dos efectos inmediatos, según creo. Los dos se refieren a la historiografía sobre la Conquista; el primero consiste en que Hernán Cortés pudo conocer Seguir Leyendo
Una de las grandes preguntas del quehacer historiográfico es cómo vivía la gente en otras circunstancias, qué y cómo pensaba, cómo quería, cuál era en fin su visión de la vida y del mundo. La historiografía a menudo ha dado respuestas tan generales como parciales.
Han de haber sido los chilangos los que pusieron a circular la expresión “flor de asfalto”, empleada para resumir su destino. Si aquí nos tocó, como se dice en La región más transparente, de Carlos Fuentes, de aquí no nos sacan (aunque algunos busquen en la provincia refugio, en vano, y consiguiendo hacer de aquellos parajes fraccionamientos conurbados sin carácter ni vitalidad mínima).
De pronto ante el público lector aparecen libros de veras importantes, puestos en circulación en las arterias de la literatura y al aire libre luego de años de pacientes lecturas, pesquisas y deslumbramientos.
En los tiempos que corren, cuando todo está ideologizado, abundan las posturas desde las cuales tratan de verse intereses políticos en actividades tan en apariencia neutras como la ciencia o el arte. Hace unos días, por ejemplo, y con toda pertinencia y preciso buen ojo.
En tal sentido es efectista, emplea un mecanismo que quiere ser el del prestidigitador, sorprenderlo, mediante una astucia más o menos alardeada.
Es probable que mienta quien diga que conoce a alguien que jamás ha dicho una mentira.
En nuestros días todo parece imbricarse al tiempo en que la corrección política parece afirmar que toda opinión merece ser respetada, de lo que resulta que hay una sobrepoblación de especialistas.
La curiosidad hace al ser humano, y el afán de conocer lleva al ser humano a preguntarse por todo, lo que está a la mano y lo que es tan solo conjeturable. Uno de sus temas primarios: el propio ser humano.
No deja de ser curioso que el estridentismo, corriente de creación poética con la que se buscaba romper con lo anterior e inaugurar un porvenir de inacabables cambios en todos los órdenes de la cultura, halla nacido en México en la mente de un joven veracruzano, de Tuxpan más precisamente, que vivió su infancia y su juventud de un modo no muy distinto al de los niños y los muchachos provincianos de familias de clase media.
De pocos poetas mexicanos se ha hablado tanto, entre los críticos y popularmente, como de Ramón López Velarde.
No hay profesional que no tenga que mantener actualizados los conocimientos en su disciplina. Sucede con los médicos, los arquitectos, los abogados.
Que la Historia no sigue una línea recta y ascendente puede probarse en varios tiempos y circunstancias.
La novela histórica ha tenido en los años recientes ejemplos excelentes en nuestro medio. La han cultivado con mucha fortuna escritores notables como Fernando del Paso o Ignacio Solares, y otros más jóvenes, como Enrique Serna y Rosa Beltrán.
De pequeños ojos con los que lanzaba sonrisas quedas pero poderosas, cortés, cálido, Daniel Sada escuchaba, hablaba poco, siempre en modo pertinente. Tenía una relación apasionada con la literatura, que removía, reencendía a todas horas, en largas sesiones de lectura y escritura, de enseñanza y aprendizaje. A final de cuentas: de sonrisas. Vivía en, entre la literatura, y pescaba al vuelo y atesoraba palabras, frases de interlocutores desconocidos que parloteaban en medio del cotidiano trajín.
De la primera a la última página ha de disfrutarse este libro, raro ya en los días que corren por la riqueza diversa de su contenido (aunque todo dé vuelta alrededor del anfibio anunciado) tanto en lo textual como en lo gráfico.
tradición que hace lustros comenzó El Colegio de México que consiste en la factura de visiones históricas generales del país.