Como parte de la estela que abrió la serie de Lupin, en las mesas de novedades aparecieron reediciones de las novelas del francés Maurice Leblanc (11 de diciembre de 1864-6 de noviembre de 1941) y recientemente llegó la aventura postuma, El último amor de Arsen Lupin (Rocaeditorial), traducida por Patricia Orts. El texto que había quedado en el escritorio del autor y, como la mayoría de libros póstumos, no acaba de encajar del todo en el cuerpo de la obra de Leblanc, además de que conserva algo del lenguaje telegráfico de un borrador. Transcribo las primeras líneas.

“–Posadero, ¿está ahí el general Lupin?

–Sí, coronel. Está durminedo, llegó hace poco, muerto de sueño.

Entre jadeos, el coronel Barabas se ha detenido en el pasillo de una posada de Marne, donde se han acantonado las tropas, después de haber subido corriendo la escalera.

–¿Está durmiendo? Despiértalo.

–Pero eso es imposible, coronel. ¡Al general no le gustará!

–Te he dicho que lo despiertes.

–No me atrevo…

–Es necesario, deprisa.

–Pero, coronel…

–Orden del emperador.

–¡Presente! –dice una voz a lo lejos.

Una puerta se abre con ímpetu y en el hueco aparece un gran diablo en camisón. Repite:

–¡Presente!

Al ver al coronel, añade con cordialidad:

–Vaya, eres tú, Barabas, ¿qué sucede? Pasa.

Los dos hombres entran en la habitación, donde hay prendas militares esparcidas por todas partes.

–¿Has dormido? –prosigue el coronel–. ¿Has comido?

–No tengo hambre.

–Vístete. El emperador te necesita.

Al oír esas palabras, el general Lupin se pone rápidamente el uniforme como movido por un resorte, al mismo tiempo que pregunta a su visitante:

–¿Qué ocurre?

–Una misión que solamente tú puedes desempeñar.

–En ese caso, ya está cumplida –a continuación, abre la puerta y llama–: ¡Brichanteau!

Entra el ayudante de campo.

–¿Qué desea, general?

–Ordena que ensillen a Cléopâtre. ¡Rápido! Y avisa a mi oficial asistente, Darnier, de que debe acompañarme con varios lugartenientes, los que él quiera. Voy a ver al emperador y no puedo perder un minuto.

Brichanteau desaparece a paso de carga.

El general Lupin se prepara en un abrir y cerrar de ojos. Cuando se dispone a bajar la escalera, se detiene un instante y se vuelve inquieto hacia su compañero.

–Oye, Barabas, no hemos perdido la batalla de antes, ¿verdad?

–No, mi general. Las victorias del emperador se consolidan con el tiempo.

Delante del hostal, los animales aparejados piafan; llegan los oficiales. El general Lupin monta en su silla y ordena:

–¡Adelante! ¡Adelante.”

 

Novedades en la mesa

Abril Rojo es la nueva novela de Santiago Roncagliolo, editada por Seix Barral.