Ignacio Trejo Fuentes

Iced tea contiene cuatro cuentos que merecieron el Premio Ricardo Garibay en el estado de Hidalgo, y llaman la atención por su unidad temática: las experiencias de los migrantes en los Estados Unidos. Por supuesto que el asunto no es nuevo, ha sido tratado de manera abundante por autores mexicanos y chicanos, sobre todo por éstos. Pero el libro de Casas Ávila tiene un aire peculiar, acaso porque quienes padecen las inclemencias de habitar de manera ilegal en aquel país no son sólo mexicanos, sino también centroamericanos: eso se advierte en la abundancia de palabras desconocidas para la mayoría de nosotros.

Otro factor que distingue al libro es que contiene historias muy íntimas, y descarnadas. En la primera, un grupo de migrantes desempleados y alcohólicos y drogadictos es asaltado por supuestos distribuidores de droga a quienes uno de ellos ha robado: lo matan, y dos de sus amigos, que huyeron, se quedan con el dinero hurtado. El autor nos dice, de cerca, cómo operan algunos de los llamados dealers.

Sin duda el texto más violento es “Calories”, en el cual un migrante debe valerse del Ejército de Salvación para no morir de hambre y frío; cuando no está ahí, se refugia en la biblioteca pública, donde conoce a un centroamericano que lo invita a comer y a beber, aunque pronto descubre sus intenciones: violarlo. Al final, el hambre obliga al primero a aceptar la oferta del otro: sexo por comida y trago, mas el desenlace es sanguinario. Excelente pieza.

Otra, la que da título al volumen (“Te helado”) refiere las vicisitudes de los migrantes al cruzar la frontera: siempre la hostilidad, el peligro inminente de deportación o de ser baleados por los furibundos granjeros. Aquí aparece uno de ellos: atrapa a los caminantes, pero como está de buen humor les ofrece te helado y los entrega a la patrulla fronteriza: pudo haberlos matado justificando invasión de su propiedad.

El estilo de Juan Casas Ávila es directo, aunque elegante. Como dije, recurre al caló para distinguir a sus personajes, por lo que suenan auténticos. Los diálogos son naturales, aunque a veces cuesta un poco de trabajo comprender lo que se dice, por eso del lenguaje cifrado.

Aunque el tema de los migrantes se hace cada día más común, insisto en que el tratamiento que este autor (nacido en la Ciudad de México, en 1965) parece darle aires nuevos, y eso se da gracias al conocimiento que tiene de la materia y a las tramas muy bien urdidas que ofrece.

Juan Casas Ávila, Iced tea. Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, México, 2011; 71 pp.