Ignacio Trejo Fuentes
Los relatos y las crónicas de viajes suelen ser muy apreciados por lectores y/o escuchas, pues quieren saber de lugares y hechos que no conocen pero quisieran sentir, oler, palpar. A través del narrador, quienes lo leen o escuchan se trasladan hacia los lugares que aquél menciona.
En su libro Una finestra che guarda tramontana, Gabriel Bernal Granados nos entrega crónicas de su experiencia como escritor residente en Bellagio, Italia. Ahí se reúnen artistas de distintas partes del mundo y se dedican a su trabajo en medio de la belleza de la región y una tranquilidad absoluta. La ciudad más cercana es Milán, y por eso Bernal Grandos abre su libro con una crónica de su visita al escritor Jorge Eduardo Eielson, quien vive ahí. Además decirnos cómo vive el autor sudamericano, Gabriel nos da una buena probada de lo que es Milán (en otro texto, Bernal Granados y sus amigos vuelven a esa ciudad, algunos para visitar museos y plazas, y otros sólo para conocer el estadio de futbol).
Y mientras Gabriel nos hace la crónica de poblaciones que visita, aprovecha para dar cuenta de su conocimiento de la pintura: se mete en museos y explica determinada obra, o las características de su autor, etcétera. Por ejemplo, manifiesta un extraordinario interés por Umberto Boccioni, a quien considera un maestro, pese a que murió a los 34 años. Y me contagia su entusiasmo y quiero estar en Venecia para admirar la obra.
Pero no todo es erudición en este libro, porque Gabriel se da tiempo para observar el comportamiento de los residentes en esa villa, y luego ofrece retratos vívidos. Lo mismo hace con minucias, como quedarse varados, sin transporte, en una hermosa región, hasta que son llevados de regreso por una taxista.
Durante su estancia en Italia, Gabriel Bernal Granados, acompañado de su mujer, se movió por varias partes, y de cada cual hizo apuntes que ahora comparte con nosotros: Venecia, Roma, Milán nos muestran parte de sus ricas entrañas gracias a la mirada atenta del escritor.
Bernal Granados escribe poesía, cuento, crónica y ensayo (he reseñado aquí un libro de cuentos), y en todos esos espacios se maneja con singular soltura. Cuida mucho el lenguaje, y eso es evidente en el libro que nos ocupa. Y eso siempre se agradece.
Gabriel Bernal Granados, Una finestra che guarda tramontana.
Libros Magenta, México, 2011; 138 pp.
