A casi un mes de las elecciones

Por Regino Díaz Redondo

Madrid.- Del más ominoso desprecio que llega al insulto y a las descalificaciones personales entre los políticos del Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular, pasamos en el mismo día a los arrumacos en el Congreso de los Diputados y cuando sus candidatos al gobierno de España se encuentran en algún acto público.

Parece que las reuniones que uno y otro partido realizan en los cómodos salones de los hoteles más lujosos del país, sirven para exhibirse como representantes de un sistema social podrido, sin solución, enfermo terminal y poco respetado por la gente, cuya mayoría rechaza cada vez más las frases de siempre, las promesas conocidas y los sueños irreales de los protagonistas de un escenario obsoleto, sin coreografía y poco limpio.

Los discursos que Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy pronuncian aquí y allá, ambos en su mundo y en su entelequia, suenan a una vejez alucinante que representa la ausencia total y absoluta de ideas y de propósitos viables.

Dos candidatos

Pocos días faltan ya para que el 20 de noviembre los españoles acudan a las urnas para elegir a su presidente. En este caso son simplemente dos. Los antes mencionados. Las demás instituciones políticas son bisagra y comparsa de un círculo desdibujado e ininteligible.

El distinguido caballero gallego, seguro de su triunfo sin que haya aún ni siquiera esbozado su programa de gobierno, se apoltrona en su conocida chaise-longue y exclama a quien quiere oírlo que “no haremos otra cosa que la que ustedes ya saben y conocen…”. Refiriéndose seguramente a la política seguida por José María Aznar durante su gestión y a la directriz y consejos de éste para que España sea rescatado del rojismo internacional.

En vez de encargar estudios acuciosos sobre los problemas nacionales y los europeos que nos atenazan, Rajoy opta por compungirse dolorosamente por el destartalado país que deja a José Luis Rodríguez Zapatero.

“Será difícil”, afirma el representante de la derecha. Muy difícil, reitera, porque no somos magos para poder sacar del fango a una nación cuyo gobierno socialista la ha hundido en el descrédito, está endeudada, desacreditada, invisible en Europa y es la que responsable de todas las vicisitudes que ocurren en el panorama internacional junto a sus amigos del alma, Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y algún que otro despistado que se unirá al grupo de la ignorancia. Para Don Mariano, después de escuchar, dentro y fuera, que no servimos para nada, calla cuando la Generalitat se queja, lloriquea y expresa con desprecio que no es posible convivir con España porque es un país en donde no se entiende ni a los andaluces ni a los extremeños y que la única solución es que Cataluña se independice de esta Hispania aborrecida por ellos.

Los señores Artur Mas, presidente, y Joseph Antoni Duran i Lleida, han descubierto el hilo negro. Sus instintos radicales de siempre, matizados por la conveniencia o no de expresarlos públicamente, ocupan ahora un lugar preeminente para combatir en la próxima legislatura y lograr que su territorio se convierta en un país hecho y derecho, ajeno a la España de la pandereta, la mantilla, las castañuelas, las jotas y los chotis.

Serán las sardanas las que recorrerán nuestro territorio de arriba abajo con un mensaje de paz y de humanismo. Las acompañarán los representantes de la nueva nación que desea fervientemente, resuelto el problema actual, pertenecer a la Unión Europea para contribuir en forma importantísima a la regeneración financiera y política del continente.

Batucazos

Pérez Rubalcaba, convertido en hábil equilibrista de este circo incoherente, brinca de un lado a otro y recibe golpes bajos de su propia gente como acaba de hacerlo Rodríguez Zapatero, quien antes de sus exequias, le propinó un gancho al mentón con la entrega de la base de Rota a nuestros amigos militares de Estados Unidos.

Los casos de corrupción, de componendas, de compra de conciencias y decisiones, ocupan las primeras páginas de los diarios nacionales. Radio y televisión no se quedan atrás.

Todos ellos, por el honor de España, se rinden al poderoso que llega. Unos por frustrados e infumables; otros convencidos que es la única forma de sobrevivir y los que quedan, que no son más de dos, buscan en la broma y la burla la salida a los batucazos que recibirán después de las elecciones.

Inundación de discursos

Como ya se clausuró el periodo parlamentario, los discursos inundan el ambiente en cualquier reunión, en charlas de café, en comidas de moda y en foros nacionales e internacionales en donde ellas y muchos más, inclusive neosocialistas, se encargan de demostrar la insolvencia española y la falta de imaginación y de entusiasmo para salir de las profundas cavernas en donde quieren meternos a todos.

Las palabras fraude, imputados, ladrones, corruptos, defraudadores fiscales y muchas más, discurren en un río maloliente hacia un destino que la mayoría de los españoles no desea.

Los miembros del actual gobierno que ha fracasado por miedo y falta de entereza, viven inquietos. Caminan por la cuerda floja y se tiran de los pelos cuando se insinúa que a partir de diciembre pagarán justos por pecadores.

La campaña electoral está cubierta, tapada, inhibida ante los continuos augurios que anuncian los organismos internacionales encargados de las finanzas. Eso sí, sirven como pretexto para que el no hacer nada durante un gran tiempo no la tendrá el Partido Popular sino la izquierda, tan desorientada como siempre y de la que reniegan los que antes y aún ahora se postran y rezan en las lápidas del dictador sepultado en el Valle de los Caídos y donde permanecerá por mucho tiempo más porque los liberales del socialismo no se han atrevido a resolver el asunto “por falta de tiempo”.

Sus majestades los bancos, los grandes bancos, los pobres bancos que necesitan miles de millones de euros para no declararse en bancarrota y tener liquidez, están sordos. En todo momento piden y piden dinero de donde sea. Ganan miles de millones. Pero, la Unión Europea, el FMI, el Eurogrupo y los especuladores, están dispuestos a mantener la hegemonía depredadora de muchos de ellos.

Y el jueguito y los caprichos de los financieros que califican y emiten incontrovertibles opiniones, da resultado.

Hay que salvar este sistema a como dé lugar. Es su obsesión.