Joaquín Pérez Sánchez
Con la toma pacífica de la “favela” Rocinha, la más famosa en Río de Janeiro en Brasil, culminó una etapa más del proceso de “limpia” que lleva a cabo el gobierno de ese país, de cara al Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos que se celebrarán en el 2016.
De acuerdo con los reportes de prensa, el operativo de las fuerzas de seguridad (militares y policías) fue impresionante y se llevó a cabo la madrugada del pasado domingo 13 de noviembre. En la toma participaron más de tres mil hombres, entre militares y policías, apoyados por helicópteros artillados con aparatos de visión nocturna y vehículos blindados.
La toma fue pacífica y las fuerzas de seguridad no hicieron ningún disparo. El operativo abarcó, aparte de la Rocinha -donde se calcula habitan 120 mil personas-, otras dos favelas aledañas: Vidigal y Chácara do Céu.
Sin duda, el proceso de ocupación de las favelas en Río de Janeiro representa un importante triunfo político para el gobierno brasileño que encabeza Dilma Rousseff, ya que el proceso de reconversión de las favelas ha sido ante todo la ausencia de enfrentamientos armados.
Algunos opositores políticos del gobierno brasileño critican que la ocupación de las favelas ha sido anunciada con anticipación, lo que les permite a los principales cabecillas huir. Sin embargo, no opina lo mismo la mayoría de la población que ha sufrido, tanto los embates de la delincuencia, como los “operativos que en el pasado realizaban las fuerzas de seguridad, los cuales costaban a menudo muchas vidas inocentes.
Si se compara el proceso de cierre de las favelas, con la “guerra contra el narco” que se lleva a cabo en México, por ejemplo, la diferencia en el costo de vidas es abismal.
Si bien es cierto que el problema del narcotráfico está muy lejos de haberse solucionado en Brasil, con la ocupación de las favelas, no deja de reconocerse que la estrategia política para solucionarlo sí es distinta y sí hace una diferencia.
Ahora en Río de Janeiro se inicia una nueva etapa, en la que la ocupación de las fuerzas de seguridad mostrará en el mediano plazo si ahí se construye una realidad distinta a la vivida durante las últimas dos décadas y si el gobierno brasileño es capaz de reducir las evidentes desigualdades sociales que existen en ese país.
Por lo pronto, el gobierno de Brasil se anotó un buen triunfo político y muestra que hay alternativas a la lucha contra el narcotráfico, cuando existe voluntad política.
