El surgimiento del Estado nación mexicano/I-VI
Javier Esteinou Madrid
En su larga dinámica de consolidación histórica, el Estado mexicano no floreció a priori desde su origen a la fecha como una realidad jurídico-política totalmente acabada, definida o cerrada, sino que se conformó homeopáticamente a través de una progresiva dinámica de construcción político-institucional, mediante la cual adquirió su sentido, personalidad y funciones civilizatorias específicas que ejerció en cada fase por la que atravesó hasta llegar al actual período de la modernidad nacional en el siglo XXI.
De esta manera, el proceso histórico convencional de edificación del Estado mexicano cruzó por tres etapas históricas fundacionales, cada una de las cuales, se materializó con la aprobación de una constitución jurídico-política o marco normativo específico con el cual se consolidó un tipo de república exclusiva para cada ciclo de su evolución civilizatoria y sus diversos instrumentos estructurales de poder político con los cuales gobernó a la sociedad.
Dichas etapas históricas centrales fueron la fundación de la primera república nacional, la edificación de la segunda república nacional y la conformación de la tercera república nacional.
Así, en un primer momento, la conformación del Estado-nación emergió lentamente en México como producto del movimiento de insurrección civil que explotó en 1810 contra la dominación del poder absoluto del imperio español que reinaba en nuestro territorio. En esta fase emergente el Estado cobró vida como una nueva fuerza política derivada del movimiento de la Independencia a través del cual se liberó de los poderes tiránicos coloniales e integró a la población peninsular, criolla e indígena, en un mismo proyecto de desarrollo económico, político, cultural, lingüístico, educativo, etc. distinto.
Este nuevo proyecto de desarrollo le dio más autonomía, justicia, estabilidad, integración e identidad colectiva que la que tenían anteriormente como colonia de la Corona española. Para apuntalar ideológicamente esta etapa fue esencial la aportación de la filosofía de los Sentimientos de la Nación de José María Morelos y Pavón en el Congreso de Chilpancingo, Guerrero en 1813 a través de los cuales se conformó el espíritu de la Primera República Nacional que contribuyó a proporcionarle a la sociedad mexicana un primera atmósfera de derecho jurídico para la convivencia colectiva armónica.
En un segundo momento, en 1821 continuó el movimiento de liberación nacional y Agustín de Iturbide proclamó el Acta de Independencia frente al imperio español que cristalizó con la elaboración de los principios de la Constitución del 5 de octubre de 1824. Este proceso se perfeccionó políticamente cuando en 1836 el Congreso Federal prefiguró la Constitución de las Siete Leyes que sirvieron de base para que en 1857 se jurara la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos que le dio el triunfo definitivo al sistema federal y congresional sobre los movimientos internos desintegradores. Dichos procesos dieron origen al establecimiento de la Segunda República Nacional que le dio al país un segundo nuevo orden normativo de convivencia nacional más civilizado.
En un tercer momento, después de funcionar el Estado-nación en las fases históricas anteriores como la jerarquía rectora del desarrollo de la población mexicana, la acción de éste no fue capaz de resolver democráticamente la enorme cantidad de contradicciones estructurales que se acumularon durante más de cien años en México, especialmente en el sector rural. Esto provocó gradualmente la emergencia de multitud de revueltas masivas, urbanas y campesinas que generaron en 1910 el estallido de la Revolución Mexicana como un segundo movimiento emancipador que luchó por liberarse del sometimiento del modelo autoritario porfirista concentrado en el poder terrateniente de los hacendados y en sus órganos despóticos de poder político aliado.
Concluida la Revolución Mexicana en 1917 quedó un gran desastre social en todos los ámbitos internos de operación del país y fue indispensable la construcción de un nuevo orden hegemónico que organizara el caos que dejó el movimiento insurgente. Para ello, fue necesario refundar la fuerza rectora del poder público fortaleciendo con mayores capacidades regentes al Estado-nación, y así se creó un nuevo pacto nacional de paz, de gobernabilidad, de ejercicio político y de crecimiento social que se concretizó en la Constitución Política Mexicana de 1917 que fue el fundamento jurídico para el surgimiento de la Tercera República Nacional.
Además de contar con los diversos elementos constitutivos de poder central, para alcanzar sus fines rectores como Estado-nación mexicano, éste diseñó su forma de gobierno autónoma y modalidad operativa bajo la modalidad de la Tercera República Nacional. Dicha nueva república quedo conformada con un nuevo modelo o paradigma jurídico-político provisto con la acción de tres poderes públicos federales soberanos, complementarios y divididos entre sí, para auto-regularse y ejercer una gobernabilidad más virtuosa que resolviera los fuertes antagonismos acumulados durante tanto tiempo en el país: el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial.
En este sentido, la Tercera República quedó estructurada históricamente bajo el paradigma tripartita compuesto por el Poder Ejecutivo para darle dirección política firme al devenir de la comunidad nacional; con el Poder Legislativo para crear una representatividad social plural que creara el entramado jurídico de derechos y obligaciones básicos para normar la convivencia de los conjuntos sociales; y con el Poder Judicial para aplicar correctamente el sistema de justicia en todos los niveles para hacer respetar el orden jurídico establecido. Dichos poderes públicos republicanos quedaron sólidamente legitimados con los postulados centrales de la Constitución Política Mexicana de 1917, las diversas leyes que posteriormente se anexaron, los decretos emanados del Poder Ejecutivo y los múltiples reglamentos que ulteriormente se derivaron de ella para operacionalizar cotidianamente el nuevo gran acuerdo de concordia y de crecimiento social que requería el país para despegar hacia otro modelo de desarrollo colectivo más virtuoso.
Por consiguiente, dicha conformación político-gubernamental bajo el paradigma de estructuración con poderes tripartitas republicanos fue la modalidad política adecuada para refundar civilizatoriamente al nuevo Estado-nación en tales momentos históricos de emancipación que requerían liderar el país por rumbos alternativos de evolución democráticos, especialmente cuando arrastraba la existencia de jefaturas políticas severamente erosionadas.
De esta manera, después de un largo proceso de luchas, deterioros, anarquías, reconstrucciones y profundos cambios en el ámbito del poder público que dejó el paso violento de los movimientos libertarios durante los siglos XIX y XX, la comunidad nacional conformó paulatinamente el Estado mexicano.
Así, el Estado-nación mexicano encabezó el resurgimiento de diversos procesos económicos, políticos, sociales y culturales que dieron origen a la emergencia de un nuevo proyecto de desarrollo colectivo para el crecimiento del México moderno del siglo XXI.
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