Telecracia vs. democracia/IV-IX
Javier Esteinou Madrid
No obstante la consolidación histórica del Estado nacional durante muchas décadas como la máxima entidad rectora del país, con la gradual introducción de las tecnologías electrónicas de información de masas en México —la radio en 1920 y la televisión en 1950—, paulatinamente el poder ideológico de las industrias culturales crearon nuevas mediaciones tecnológicas de carácter virtual que impactaron drásticamente sobre las anteriores estructuras económicas, políticas, sociales, mentales y espirituales que anteriormente había creado el poder estatal en la sociedad mexicana, y lentamente se desbordó la esfera de acción, de control y de orientación político-cultural formada por el Estado posrevolucionario tradicional para gobernar el país.
Así, en pocas décadas este moderno poder empresarial-tecnológico-informativo entró en una nueva fase de desarrollo vertiginoso que rebasó los límites de los controles jurídicos y políticos convencionales creados durante la Tercera República por el Estado mexicano y gradualmente se fue conformando paralelamente como un poder ideológico independiente que adquirió tanta fuerza que le permitió competir y enfrentarse a los otros tres poderes republicanos formales que constituían el Estado nacional convencional, e incluso, en algunos casos, los reformuló, los desafió, los superó y en otros, hasta los substituyó.
De esta forma, fue a partir del momento histórico en que los medios ocuparon el lugar central en la conformación de la estructura del poder ideológico contemporáneo de nuestro país, que se constató que si a mediados del siglo XX el Estado mexicano estaba constituido por los tres poderes formales autónomos y divididos entre sí que fueron el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, a principios del siglo XXI, en términos reales, el Estado mexicano cotidiano quedó compuesto por cuatro poderes concretos: tres poderes formales tradicionales, y un reciente poder fáctico, que es el nuevo poder mediático. Este último poder, cada vez más, debido a sus nuevas y grandes capacidades tecnológico-sociales, silenciosamente frente a nuestras narices, conquistó grandísimas cuotas de poder e influencia que lo convirtieron ideológica y políticamente en el poder del poder que progresivamente subordinó y presionó al resto de los tres poderes constitucionales del Estado-nación para someterlos a su voluntad mediático-empresarial e imponer su proyecto de construcción de sociedad, de economía, de política y de seres humanos.
En este sentido, si la lucha por nuestra independencia nos dio la edificación de la primera república nacional, si la realización de la reforma juarista aportó la cimentación de la segunda república nacional, y si la Revolución Mexicana colocó los fundamentos de la tercera república nacional en el país, con la consolidación del nuevo poder mediático, especialmente de 1960 en adelante, se conformó lentamente en el país República Mediática que dio origen al fenómeno de la nueva cuarta república en el siglo XXI con su respectiva mutación estatal y social.
Así, con el gradual surgimiento de los medios de difusión colectivos en el siglo XX y la aplicación del marco jurídico a modo que les permitió su expansión monopólica empresarial, se permitió la superconcentración de un nuevo poder ideológico-político-informativo de naturaleza oligopólica. Dicha acumulación de fuerza comunicativa se transformó en un sólido poder político alternativo que gradualmente fue disputando las funciones rectoras del Estado tradicional y fundó paulatinamente de manera informal el fenómeno histórico de la nueva Cuarta República Mediática, especialmente en las urbes del país.
En este sentido la transformación del Estado republicano constitucional no se gestó de manera abrupta, sino de manera gradual y sectorial transitando por diversas etapas históricas de mutación institucional.
Así, con la lenta obtención de los elementos estratégicos de gobernabilidad estatal por parte del poder mediático, en una primera fase, le posibilitaron operar como sectores empresariales aplicando acciones económicas. En una segunda fase, le permitieron actuar como grupos de presión social al conquistar funciones ideológicas. En una tercera fase, le posibilitaron maniobrar como nuevos aparatos de Estado virtuales de gobernabilidad paralela al alcanzar tareas políticas.
Finalmente, en una cuarta etapa, evolucionó hasta conformar fácticamente parte del mismo corazón del Estado al ejercer actividades globales de rectoría social, dando origen a la formación de la Cuarta República Mediática, a través de la cual, participa en el proceso global de caudillaje cotidiano de las comunidades nacionales.
En este sentido, durante el siglo XX el poder tecnológico, organizativo, empresarial de naturaleza privada de los medios de difusión colectivos, de manera informal y silenciosa, en mayor o menor grado, conquistaron las once funciones rectoras que le corresponden ejercer al Estado-nación como instancia dirigente.
De esta forma, gradualmente fueron construyendo su propio territorio mediático-virtual, su población o públicos, su específica forma de gobierno, su soberanía mediática, su capacidad de aplicación de la violencia, su lengua, sus culturas o ideologías, sus identidades colectivas, su obtención de recursos monetarios, su ofrecimiento de servicios infraestructurales ciudadanos, su moneda de intercambio social, etc., para dirigir a la sociedad mexicana.
Así, a pesar de haberse edificado al Estado-nación como instancia rectora para conducir el crecimiento de la sociedad mexicana a lo largo de muchas décadas, éste se transformó sustancialmente con la presencia de los medios electrónicos de difusión colectivos y con la introducción de las posteriores nuevas tecnologías de información colectiva en nuestro territorio.
De esta manera, la estructura, dinámica y procesos de acción cotidiana del Estado nacional mexicano gradualmente se modificaron en forma esencial dando origen a nuevas realidades de gobernabilidad mediática que compitieron con la tradicional labor estratégica de dirección colectiva que antaño había concentrado el Estado-nación mexicano convencional.
En este sentido, en los últimos doscientos años de evolución de la comunidad nacional ésta no únicamente se transformó de ser una sociedad religiosa a una sociedad laica liberal; de una sociedad rural a una sociedad urbana; de una sociedad analfabeta a una sociedad alfabeta; de una sociedad de grupos a una sociedad de masas; de una sociedad religiosa a una sociedad liberal; de una sociedad autocrática a una sociedad semi democrática; de una sociedad cerrada a una sociedad abierta; de una sociedad local a una sociedad globalizada, sino que también se evolucionó de una sociedad con un Estado-nación tripartita republicano fuerte de la tercera república, a una sociedad con un Estado mediático inmaterial de la Cuarta República Mediática.
La evolución de dicha trascendente realidad histórica en México no ha concluido en la actualidad, sino que continúa desarrollándose con enorme dinamismo y fuerza hacia nuevas etapas de transformación del Estado, del espacio público.
