Telecracia vs. democracia/X-XIV
Javier Esteinou Madrid
La existencia del movimiento juvenil Yo Soy 132 no sólo cuestionó la rigidez y manipulación del proceso electoral del 2012 y obligó a que dicha dinámica cambiara en algunos rubros importantes, sino que también formuló diversos planteamientos sobre la agenda de los principales conflictos nacionales, especialmente, los relativos a la democratización de los medios de comunicación en México. Dicho proyecto de cambio comunicativo se fundó en los siguientes tres ejes:
1.- Comprometerse a combatir el monopolio informativo, fundamentalmente mediante la aplicación de cuatro estrategias: A. Promover la competencia que garantice la pluralidad de opiniones en el ámbito de lo privado, a través de una reforma del marco jurídico que evite la creación y consolidación de monopolios y/o oligopolios informativos (televisión, prensa, radio, etc.). Que genere a su vez un rango más amplio de contenidos y precios más competitivos, atendiendo a la función social que deben de tener los medios. B. Fortalecer la garantía de independencia de los organismos reguladores en materia de medios de comunicación y telecomunicaciones, para evitar que sean sometidos por los entes regulados. C. Descentralizar las concesiones del espectro radioeléctrico y transparencia en los procesos y criterios de licitación, incentivando la diversidad y pluralidad en los medios de comunicación así como su acceso a todos los segmentos de la sociedad en condiciones de equidad y de no discriminación. D. Reconocer e incluir a los medios ciudadanos, alternativos y comunitarios conforme a tratados internacionales de derechos humanos y de libertad de expresión.
2.- Garantizar que la transición analógica respete y promueva el derecho a la información de la población y la inclusión de todos los sectores. La migración tecnológica deberá contener criterios democráticos que incentiven la diversidad y pluralismo de los medios, garantizando la inclusión de todos los sectores sociales en condiciones de igualdad y no discriminación al momento de la asignación de los nuevos canales para evitar que caigan en las mismas manos. Asimismo, el Estado deberá garantizar que el costo de la transición no sea un obstáculo para el buen funcionamiento de los medios públicos y permisionarios.
3.- Crear y fortalecer un modelo de medios públicos, complementando los modelos existentes: estatal y privado. Entendiendo como medio público, aquél que cuenta con presupuesto público, patrimonio propio, autonomía y un consejo ciudadano que gestione sus contenidos.
4.- Garantizar el acceso universal a Internet, especialmente para aquellos grupos vulnerables o marginados, buscando disminuir progresivamente la brecha digital.
En esta forma, con los lineamientos de tal proyecto a lo largo de diversos momentos, los jóvenes salieron a las calles de todo el país y de otras partes del mundo con diversas consignas como “Peña, la tele es tuya, la calle es nuestra”; “la tele te idiotiza”; “no queremos una democracia de telenovela”; “apaga la tele y prende la verdad”; “Televisa te idiotiza, TV Azteca te apendeja”; “yo sí veo, no veo Televisa”; “la voz es nuestra no de Televisa”; “las manifestaciones cierran calles, pero abren caminos”; “hay que estudiar, hay que estudiar, el que no estudie como Peña va a acabar”; “estudiantes informados, jamás manipulados”; “yo decido, yo me informo”; “no somos uno, ni somos cien; prensa vendida, cuéntanos bien”; “somos estudiantes, no somos porros”; “encuestas vendidas, Peña no va arriba”; “Enrique, entiende, la prole no te quiere”; “Peña Nieto, ¡fuera, la Ibero no te quiere!”; “esos son, esos son, los que chingan la nación”; “queremos campañas políticas y no mediáticas”; “voto mata copete”; “tienes el valor o te vale”; “tu foto, tu voto”…
Sin embargo, la rápida conquista de la opinión pública por tal movimiento juvenil en la fase electoral, como señaló Denise Dresser, más allá de armar asambleas y emitir comunicados, organizar marchas y promover plantones, gritar “más escuelas y menos telenovelas”, denunciar la elección y llamar a invalidarla, el movimiento cuenta con un capital político que no debe despilfarrar (Proceso, No. 1867). Tiene un impacto mediático que no debe desaprovechar; tiene un caudal de apoyo que no debe tirar por la borda y lo hará si no atiende los siguientes tres riesgos:
El riesgo de la radicalización
Hoy Yo Soy 132 se ha vuelto un movimiento político más amplio que el original, más grande que el de 132 alumnos de la Universidad Iberoamericana que le dio origen. Actualmente reúne muchas banderas, muchas causas, muchos agravios que trascienden los originalmente planteados.
El riesgo de la irrelevancia
Hoy Yo Soy 132 exhorta a desconocer la elección e invalidarla, a rechazar la victoria de Enrique Peña Nieto y a impedir que tome posesión. Los estudiantes deben pensar táctica y estratégicamente sobre qué quieren lograr más allá de lo que desean vetar.
El riesgo de la rigidez
Hoy Yo Soy 132 puede quedar ahogado en sus asambleas, atrapado en la dinámica de las marchas sin rumbo, encajonado por una estructura que, como describe Diego Angeles Sistac en ADN Político, “lo pone contra el reloj y a veces contra sí mismo”.
Yo Soy 132 irrumpió en la vida política con una frescura inusitada y bienvenida. Ahora no debe perderla al sumarse a agendas que no son las suyas, al apoyar agravios que son los que originalmente atendió, al caer en posturas atávicas que minan su credibilidad e independencia, al asumir posturas llamativas pero improductivas.
Es por ello, que en esta nueva fase, será fundamental que para conservar los avances alcanzados hasta ahora en el ámbito de la formación de conciencia en el especio público, dicho movimiento ciudadano universitario se transforme de ser una iniciativa coyuntural electoral a convertirse en un movimiento permanente de vigilancia sobre el comportamiento de los medios de comunicación.
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