Joaquín Pérez Sánchez
Estamos de lleno en los dos últimos meses del año y el entorno económico sigue siendo sombrío, de hecho la salida de la crisis mundial está muy lejos y ahora América Latina, aunque en mejores condiciones, resiente el contagio de las políticas implementadas en Europa y Estados Unidos.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), a través de sus análisis sobre las “perspectivas de la economía mundial” este año, no ha dejado de insistir en la aplicación de sus famosas “eformas estructurales”, las cuales, aunque dolorosas, según la directora de esta institución, Christine Lagarde, son necesarias y es un proceso por el que “los países tienen que pasar para solucionar su situación y ser capaces de crecer y crear puestos de trabajo otra vez”.
Lo que se le olvida al FMI es que estas medidas ya han sido aplicadas durante décadas en varias naciones de América Latina, donde no sólo no dieron resultado, sino que provocaron el empobrecimiento y el atraso de amplios sectores de la población. De hecho ese tipo de políticas fueron las que provocaron la movilización popular que produjo la llegada al poder de gobiernos más democráticos.
América Latina, sobre todo en su región sur, ha logrado generar políticas económicas alternativas a las impuestas por los organismos financieros internacionales, pero no está exenta de la crisis global. De hecho la Comisión económica para América Latina y el Caribe (Cepal), organismo dependiente de Naciones Unidas (ONU), en un reciente informe sobre la región, advirtió que este año se crecería menos.
Los pronósticos de la Cepal se basan en los datos duros sobre la desaceleración de la economía en Brasil y Argentina por la reducción de las exportaciones y de la inversión. Sin embargo, la región latinoamericana, aunque resiente el contagio de la crisis global, sobre todo por la reducción de exportaciones a Europa, China y Estados Unidos, está en mejores condiciones para resistir, incluso el próximo año crecerá más que muchas de las economías del primer mundo.
En cambio, en Europa el panorama es sombrío, ya que, por ejemplo, España sigue sin poder reducir los niveles de desempleo y con las políticas de shock aplicadas por el gobierno, difícilmente lo podrá logar en el corto plazo. De hecho, Lagarde dijo sobre la región que “llevará mucho tiempo para sanear las finanzas públicas de la eurozona”, lo cual se traducirá en años de políticas neoliberales, bajo el actual esquema.
Las políticas neoliberales aplicadas en el viejo continente están sacudiendo los cimientos de la llamada “integración económica” y sus consecuencias podrían generar la partición de la Comunidad Europea. Si se aprende de los errores, América Latina podría avanzar en su integración, aplicando políticas distintas, que busquen una mejor distribución del ingreso y la democratización de los procesos.
