Joaquín Pérez Sánchez

Luego de un verano políticamente caliente, en medio de una creciente incertidumbre y el agravamiento de la crisis general, el otoño empieza con mayor temperatura en el viejo continente, ante el aumento de las protestas masivas en Grecia y España contra las duras medidas de austeridad que les son impuestas. Nuevamente se habla de la posibilidad del colapso del euro.

Miles han salido a las calles en Grecia y España para protestar contra las medidas de austeridad (aumento del IVA, reducción de salarios, incremento de la edad para la jubilación, recortes a los subsidios en salud, educación, entre otras), la recesión y el desempleo.

Nuevamente circulan las imágenes de las manifestaciones y la represión de las fuerzas de seguridad, sobre todo en las redes sociales, lo cual, también fuerza a los medios de comunicación masiva a reproducirlas, pese al deseo de la clase política por minimizarlas.
Tras las protestas iniciadas la última semana de septiembre, en el terreno económico se produjo la caída de  las acciones en la zona Euro y obviamente, la repercusión llegó a todas las bolsas del mundo. Los datos sombríos sobre el estado de la economía siguen en aumento, así como la fuga de capitales.
Para muchos analistas económicos, la crisis no tiene solución y sólo es cuestión de tiempo para que se produzca el colapso del euro. De hecho el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unión Europea (UE) y el Banco Central Europeo (BCE), conocida como la “Troika”, llevan a cabo constantes reuniones, cabildeos y negociaciones para tratar de encontrar una “solución” (que los bancos y sus accionistas acepten pérdidas por 200 mil millones de euros de la deuda griega).
El problema esencial es el mismo, la gente está cansada de sacrificios y de que sus “representantes” salven a los bancos y los bancos y sus accionistas no quieren perder un centavo o cuando menos no dejar de ganar hasta que todo reviente.

El año próximo habrá elecciones en Alemania, país que encabeza las “reformas” económicas y financieras que se aplican en Europa, pero el entorno político en Grecia y España, parece que no da para más. En España la situación se agrava, pues la crisis económica ahora es aderezada con la implosión de la independencia de Cataluña. La coyuntura política genera que todos los involucrados lleven agua a su molino y el invierno que se acerca puede que sea el más caliente (políticamente) de los últimos años.