Hacia otro Sistema Ncional de Investigadores/III-VI

Javier Esteinou Madrid

No obstante los diversos logros obtenidos por el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) a lo largo de tres décadas desde el punto de vista de las autoridades formales y de diversos sectores críticos del mismo, en la actualidad también es necesario considerar la existencia de diversas limitaciones que ha arrastrado a lo largo de su existencia y que han impedido su actual maduración como una sólida institución orgánica de Estado que impulse el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación en México.

Dichas limitaciones provienen desde su diseño de origen al emerger como un proyecto parche del Estado mexicano con el fin de encarar en la década de los ochenta el serio conflicto del aumento salarial de los universitarios y evitar la fuga de cerebros formados en los centros académicos nacionales; y no como la planificación consistente en una política estructural de Estado orientada hacia el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país. Herencia que en la actualidad sigue continuando y determinando de forma sustancial la manera de comprender el sentido de la producción científica, su evaluación y su vinculación con los proyectos de desarrollo social de la república.

De esta forma, históricamente el SNI no se encuentra consolidado, sino que encara diversos obstáculos centrales que debe resolver para alcanzar otro nivel de madurez como institución promotora de la infraestructura científica en México. Entre los principales retos que es necesario superar figuran, entre otros, los siguientes aspectos, en el plano de sus limitaciones de origen, el impacto sobre la educación, la vinculación con el desarrollo social, los sistemas de evaluación y el panorama laboral-jubilatorio de los investigadores, particularmente en el ámbito de las ciencias sociales.

1. El SNI nació como un proyecto asistencial de emergencia del Estado mexicano frente a la situación fallida de su propuesta en ciencia, tecnología e innovación en las últimas cuatro décadas en la república. Así, fundamentalmente ha servido como una institución que ha respaldado financieramente a los investigadores con el fin de atenuar la renuncia de los académicos.

2. El surgimiento del SNI refleja la grave ausencia histórica de una política científica de largo plazo del Estado mexicano para impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación, y dicho proyecto continúa navegando sin visión orgánica de nación, donde la ciencia figure como un instrumento central para enfrentar los grandes antagonismos estructurales del crecimiento nacional. Es decir, no ha servido para alimentar, reordenar y planificar las políticas científicas.

3. No existe una política científica integral de largo plazo que promueva el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país; sino el SNI sólo ejecuta mecanismos burocrático-administrativos para la compensación económica con objeto de que los universitarios no abandonen su compromiso con la ciencia.

4. A diferencia de otros países, el SNI no ha creado un nuevo sistema científico vinculado a los grandes desafíos de crecimiento en México, sino exclusivamente se ha restringido a evitar que aumente la deserción intelectual.

5. No obstante la inercia de todas las realidades descritas es muy importante destacar que el SNI ha crecido sustantivamente en las últimas décadas a pesar de que la clase política mexicana no ha valorado ni promovido el papel estratégico que ocupa la investigación y la innovación en México para su autonomía económica.

6. Debido a sus restricciones de origen, el SNI no se ha convertido en el corazón de la reflexión sobre el proceso de impulso a la ciencia.

7. La lógica de operación del SNI ha pervertido fuertemente un segmento de la dinámica educativa en el país al valorar más las actividades que premia este régimen burocrático-administrativo para otorgar a los académicos los estímulos financieros y no valora las obligaciones básicas que exige el proceso integral de impartición de la enseñanza e investigación universitaria.

8. El aparato organizativo del SNI está mayoritariamente orientado a la aplicación de procedimientos de control administrativos y a la medición del resultado de los mismos y no a las dinámicas para calibrar la utilidad social de los conocimientos producidos.

9. Existe una fuerte ruptura entre el conocimiento científico que se produce en las universidades y su vinculación con la resolución de los grandes problemas de la agenda nacional. El desarrollo del país requiere con mayor urgencia la generación del “conocimiento científico orgánico” para saber hacia dónde caminar en el futuro con mayor certeza como nación autosuficiente, pero éste no se canaliza en dicha dirección, sino una vez generado por los investigadores del SNI la masa de nuevos conocimientos se deja espontáneamente a expensas de la dinámica de aprovechamiento de los intereses del mercado.

10. El acceso a la ciencia por parte del Estado se busca más como un elemento de prestigio ante los indicadores de crecimiento mundial que exigen los organismos internacionales, pero no como un insumo estratégico para alcanzar un estándar equilibrado de crecimiento social. Así, los resultados del SNI son utilizados, por un lado, por las instituciones de educación superior para respaldar la obtención del financiamiento público, y por otro lado, por las instituciones de gobierno para posicionarse en los índices de desarrollo internacional que exige la OCDE y no para reformular sus políticas de generación de conocimientos.

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